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Capítulo I: Borradores de la noche

AEJOVENICH
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El teléfono llevaba veinte minutos con la pantalla encendida, amenazando con consumir en su totalidad la batería antes de que Jano fuera capaz de juntar tres palabras decentes.

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renglontorcido

No manches, aquí borrar el borrador es lo correcto. Siempre defiendo mandar lo que salga en vez de pulirlo eternamente, y Jano me gana la discusión: hay mensajes que no se mandan ni bien escritos.

No manches, aquí borrar el borrador es lo correcto. Siempre defiendo mandar lo que salga en vez de pulirlo eternamente, y Jano me gana la discusión: hay mensajes que no se mandan ni bien escritos.

Contenido de la publicación

El teléfono llevaba veinte minutos con la pantalla encendida, amenazando con consumir en su totalidad la batería antes de que Jano fuera capaz de juntar tres palabras decentes.

Borrador 1:

Hola. Sé que no debería escribirte, pero estuve pensando en lo que pasó y quería saber cómo estás.

—Patético —murmuró Jano para sí mismo, borrando el texto con el pulgar hasta dejar la casilla en blanco —Pareces un perro pidiendo sobras.

Ese era el problema de Jano. Cuando intentaba ser amable, sonaba falso. Cuando intentaba ser honesto, sonaba peligroso. Su cerebro funcionaba como un filtro defectuoso que convertía cualquier intento de afecto en una maniobra de manipulación. Y tal vez lo era. Después de todo, el historial no mentía: a cada persona que había dicho amar, la había terminado rompiendo de una forma u otra.

Pero con ella era diferente. O al menos, Jano quería desesperadamente que lo fuera.

Borrador 2:

No busco que me perdones. Solo quiero que sepas que estoy cambiando. Ya no soy la misma mierda de antes.

—Soltó una risa seca y amarga. Una mentira piadosa en la segunda oración. Ni él mismo se creía que había cambiado. Llevaba cuatro días sin pelear con nadie y dos días sin insultar a nadie en el trabajo y/o casa, pero eso no era "cambiar"; era simplemente no ser un desastre a tiempo completo.

Apoyó la cabeza contra la pared fría de su habitación. La luz del teléfono iluminaba su rostro desvelado. Quería escribirle algo real, algo que no tuviera doble fondo, pero no sabía cómo se sentía la honestidad sin armas.

Agarró el teléfono de nuevo, pero esta vez no buscó el contacto de ella. Deslizó el dedo hasta un nombre que sabía que no le diría lo que quería escuchar, sino lo que necesitaba para dejar de atormentarse.

​Presionó Llamar. Sonó tres veces.

​—Si me estás llamando a las dos de la mañana para pedirme dinero o que te saque de la cárcel, la respuesta es no —contestó una voz gastada al otro lado de la línea. Era Cristian, la única persona que le quedaba que no le tenía miedo a su lengua ni fe a su redención.

​—Necesito un consejo —dijo Jano, tratando de sonar neutral, aunque la voz le salió raspada por el cansancio.

​Un silencio pesado se apoderó de la llamada, seguido por el sonido de algo que parecía un encendedor.

​—¿Un consejo? —Cristian soltó una carcajada corta y sin ganas—. Por favor, Jano. Tú no pides consejos, tú pides cómplices. ¿A quién mataste o a quién le jodiste la vida esta vez?

​—A nadie. Estoy intentando hacer las cosas bien.

​—Ah. Eso suena todavía más peligroso.

Jano apretó el puente de su nariz. El cinismo de Cristian solía hacerle gracia, pero hoy le dañaba como sal en una herida abierta.

​—Le quiero mandar un mensaje —confesó, tragándose el orgullo—. Llevo una hora escribiendo y borrando. Solo han pasado un par de semanas, pero siento que... no sé, que si no le digo algo ahora, se va a borrar del todo.

​—Jano... —el tono de Cristian cambió bruscamente, volviéndose más serio, casi compasivo, lo cual fue mil veces peor— Déjala en paz.

​—¿Por qué? Estoy intentando cambiar, carajo.

​—No se cambia en 10 o 14 días, hermano. Lo que tienes no es ganas de cambiar, es abstinencia. Te acostumbraste a tener a alguien que aguantara tus demonios y ahora que estás a solas con ellos, te estás ahogando. Si la buscas ahora, solo la vas a arrastrar al agua contigo.

​Las palabras de Cristian cayeron como un hachazo. Jano se quedó en silencio, mirando el techo a oscuras. Sabía que Cristian tenía razón, y eso lo enfurecía más que cualquier insulto.

Jano no respondió. Se limitó a apartar el teléfono de la oreja y cortar la llamada. El pitido de la línea cortada llenó el silencio de la habitación, pero la verdad de Cristian se quedó flotando en el aire, pesada y sofocante.

​​Con las manos temblorosas, abrió el chat de ella. Deslizó el dedo hacia arriba, atravesando el vacío de los últimos días de silencio, hasta llegar a las conversaciones de meses atrás. A la época en que todavía no lo había arruinado todo.

​Se detuvo en un mensaje que ella le había enviado una madrugada cualquiera:

​"Sé que eres difícil, Amor. Sé que tienes marcas y que a veces te escondes detrás de esa armadura de tipo duro. Pero te amo. De verdad eres el amor de mi vida, solo... por favor, no me hagas arrepentirme de esto."

​Jano apretó los dientes. Leyó el texto una y otra vez. El recuerdo de su voz lo golpeó directamente en el pecho. Ella lo había visto entero, con sus grietas y sus demonios, y aun así lo había elegido.

​Luego desprendió la mirada hacia abajo, hasta el último mensaje que ella le envió antes de terminar con él, el día que cruzó la puerta para no volver:

​"Me rompiste, Jano. Te di todo lo que tenía y solo te sirvió para herirme más fuerte. No me vuelvas a buscar."

​Cerró los ojos. Ahí estaba la prueba irrefutable. Él no era la víctima de una historia trágica; era el villano que había destrozado a la única persona que lo había querido de verdad.

​Se recostó en la cama y soltó un largo suspiro. Por primera vez en su vida, alejó el ego. Comprendió que si de verdad quería empezar a cambiar, el primer paso no era pedir perdón ni rogar por otra oportunidad para sentirse mejor consigo mismo. El primer paso era respetarla. El primer paso era dejarla en paz.

​Jano borró el borrador del mensaje. Bloqueó la pantalla del teléfono, lo dejó sobre su velador y se quedó a oscuras, solo con sus demonios.

​Esa noche no cambió. Pero, por primera vez, no empeoró las cosas.

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No cambié esa noche, ni curé mi pasado; solo aprendí a no incendiar lo que ya había quemado.

#aejovenich #redención #unmalditointentandocambiar #ficcióncontemporanea #amorydesamor #relatos

Thoughts

  • renglontorcido

    No manches, aquí borrar el borrador es lo correcto. Siempre defiendo mandar lo que salga en vez de pulirlo eternamente, y Jano me gana la discusión: hay mensajes que no se mandan ni bien escritos.

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  • AEJOVENICH

    Muchas gracias a todas aquellas personas que se han dado el tiempo de leer mis escritos.

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  • guardiaAbierta

    Con todo respeto, a Cristian y a Jano cuatro días sin pelear les parecen poca cosa, y a mí me parecen un comienzo. Ni modo, alguien tenía que defenderlo.

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  • EstelaGuzman

    Vea, esto se lo pasaría a un muchacho de once que conozco, de los que piden prestado y no devuelven. La llamada a Cristian es justo lo que él necesita leer.

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  • Fefo

    Ombe, el borrador 2.

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  • maratonvacio

    Ese Cristian, uf.

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  • Ovid

    Los dos borradores que Jano escribe y borra antes de llamar me hicieron pensar en cuantos mensajes asi se quedan sin mandar cada noche, y en que el capitulo entero pasa en ese espacio entre escribir y enviar. Apuesto a que la amistad con Cristian va a pesar mas en esta serie que la historia con ella.

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  • P3ns4mi3nto20

    Que buen capítulo, me encantó. Espero que Jano deje de ser Un Maldito Intentando Cambiar y por fin logre ser alguien mejor. Gracias por compartir.

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