Despecho
¿Quién te obliga a formar parte de mi deshecho?
¿Quién te hace sufrir si no es por su despecho?
He aquí la voz vorágine del riachuelo, banda ancha, encapsulado acierto entre el mar y las olas. Cada huella, cada carbonífera huella del desprestigio, soberana angustia, me clavas púas de tu austera vehemencia, aun sabiendo que nuestras allí me equivocan, me convocan. Aquí cabo fondo, hasta la ausencia de sus frutos.
Sigo recto el camino sin ningún camino, dejo de lado los retrocesos, veo la ausencia de pares, de despedida, su ocio, el calofriante de afrecho. Dejo defectos como velas de secos.
En esa imaginaria playa, las espumas rozaban tenues cristales y el llanto del viento. Supuro su aliento.
El clavo marcó su hora y desfiguró las entreabiertas, fatigosas claras beige que nutren el irrisorio alimento etéreo.
Malgestado saco de grises manchan el cielo; desanimamos al estruendoso refugio de los insectos. Aberrante noción del miedo les cierne a ellos en cuevas y madrigueras; sacrifican instintos del éter.
¿Dónde estoy después de tanto alboroso?
¿Dónde me esconderé?
¿Dónde me refugiaré?
Mi cuerpo ya no tiene ánimos acústicos ni virílicos.
Náuseas, náuseas ante el olor, la humedad y el caos.
Miguel Maglio