He aquí por qué no me amas: tengo el sonar bajo la campana.
Está la noche apagada, el ruiseñor se fue a la cama.
Las veces que te vi y no me saludabas,
las cosas que te di y no te importaban.
Las cosas que no olvidaba entre las ventanas,
las veces que toco sanar y comprender bajo las almohadas.
Ya no veo, solo escribo,
solo noto las veces que me gustaste y me volcaste tu olvido.
Está la noche apagada, el velo de mi cama.
Está prendido el destino entre las almohadas.
Está perdido el sentido tras las llamadas.
¿Qué es eso que vergüenza te trae en las mañanas?
¿Qué es eso que me asusta durante las caladas nocturnas?
Ya no veo, solo siento; escribo lo que pienso.
Ya no encuentro, solo espero lo que me aumenta el deseo.
Ya no espero, solo arremeto lo que encuentro.
Ya no espero... nada. Solo veo lo que tengo y lo que no tengo.
Entre las llamaradas, el destino,
el reflejo de mí mismo, el vestido
que usabas cuando estaba entrometido,
entre las noches de mi destilamiento afligido.
Veo menos, solo sueño lo que siento.
Creo que no me amas, creo que me olvidas y no me quieres.
Creo que las noches en que sufrí fueron vanas
y que más veces valió no decirte que ser honesto...
Debí traer todo eso que aprendí a mí mismo...
Gracias por todo.
Miguel Maglio