Pues ya es agosto, me hago espacio este mes para cumplir con aquello que anhelo. No encuentro mayor manejo del habla que la sinrazón, la duda desconcertante, el desazón, la corrección, la investigación, puliendo nombres, arrojando relojes al fuego.
Hoy escucho las aves tintineantes, el cielo y su semblante. No hay mejor día que el retorno. Pensé que pedía con todo; ahora me reflejo en esto. Tan solo un año pasó desde que me dije que podría con muchas cosas, observando la calidez del retorno a la primavera, los árboles, rosas, flores danzantes, alegres, secantes. Nada mejor que releer y cumplir con lo dicho.
Manejar el cuerpo a martillazos se concierne; se debe sentir: es un hierro duro y vibrante que no se dobla, que no se tuerce, solo en el fuego, solo allí cambia a las manos del diseñador.
Pues el hombre arrimó su pecho, infectó de su aroma la espada del desazón. Fuerza contada, crear con lo que está al alcance de nuestras manos; la viva reflexión ayuda hacia una estrella.