De niño, durante las clases de catequesis antes de mi primera comunión, una vez pregunté por qué Dios había permitido que Caín matara a Abel si sabía lo que iba a pasar.
El catequista me miró con una mezcla de paciencia y fastidio. Me dijo que Dios nos da libre albedrío, que Él no obliga a nadie a hacer el bien, que cada uno elige su camino.
No me convenció. Pero no insistí. En ese entonces no sabía discutir. Solo sabía que algo no cuadraba.
Pasaron los años. Crecí, leí, dudé, me alejé, volví. Y la pregunta siguió ahí, en algún rincón, esperando.
Un día, leyendo el Génesis por enésima vez, me di cuenta de que la pregunta estaba mal planteada. No era "por qué Dios permitió que Caín matara a Abel". La pregunta era otra: "¿qué significa que Caín matara a Abel?"
No era un hecho histórico. Era un símbolo. La fractura del ser humano. La envidia que corroe. La violencia que nace del rechazo. No importaba si ocurrió. Importaba lo que decía.
Ese día entendí algo que cambió mi manera de leer la Biblia. Los mitos no me estaban pidiendo que creyera en ellos. Me estaban pidiendo que los escuchara.
Este ensayo nació de ese descubrimiento.
A lo largo de estas páginas voy a señalar contradicciones, incoherencias y detalles que no cuadran. No lo hago para desacreditar el texto. Lo hago para mostrar que no fue escrito como historia. Si el Génesis pretendiera ser un relato histórico, esas fallas serían errores graves. Pero como no lo es, son huellas: pistas que nos indican que estamos ante otro tipo de texto.
Y una vez que dejas de exigirle al mito que sea historia, dejas de buscar pruebas y empiezas a preguntarte lo que realmente importa: ¿Qué significa este relato? ¿Qué me dice de mí, de nosotros, de la condición humana?
Eso es lo que voy a buscar en cada capítulo. No la verdad histórica. La verdad simbólica. Lo que estos relatos tienen de sabiduría, de espejo, de enseñanza.
No sé si lo lograré. Pero el intento vale la pena.
Porque los mitos no están muertos. Solo están esperando que alguien los lea de nuevo, con ojos nuevos, sin miedo a las preguntas.
Este prólogo abre una serie de capítulos sobre los mitos bíblicos. Uno por semana. Cada uno con su propio desarrollo, su propia pregunta y su propia enseñanza. Si te ha gustado este inicio, te invito a seguir la serie. Nos leemos la próxima semana.