Historia
Miguel Maglio.
¿Cuándo es realmente el momento en que hacemos historia? Deshojamos, aliviamos y satisfacemos nuestra mente entre los caprichos del ser amado. El tiempo vuela, pero la conciencia se asienta como nave.
Si la prisa y su sonrisa me hicieran feliz, estaría triste, porque la mañana del otro es el corazón del rocío. Así como el cielo que se abre para dejar pasar sus azules, yo estaría tan puramente triste como aquel color tan primigenio.
¿Por qué? Es imposible sostenerlo uno. Prefiero la nada, anteponiéndose en un mundo marcado por un Dios, un hombre, tan solitario y abandonado por este, y entre las muchedumbres claman esas palomas imposibles de sostener, tan rápidas.
No sirve la prisa: se escaparían más allá del bien consabido. No sirven las jaulas: serían presas del destierro y la muerte. No sirven las bifurcas o refunfuñeos; solo hacen mal a uno. No sirve vivir buscando solo una paloma, polillo o luciérnaga.
En ese momento no hay momento específico en que hacemos historia, como los pueblos y naciones que se derrumban. Me tropezaba al ver tantas palomas, aves o gente.
¡Oh! ¿Cuántos años tendrán que pasar para que sean un montón? ¿Cuánto es mucho? ¿Cuánto es poco para ti? ¿Cuánto es verdaderamente cierto lo que se puede sentir? Una correspondencia.
Con vehemencia me cuelgo entre pasadizos verdes, fragantes y punzantes: pasto, vida, esperanza.
Tiempo y honor.
La gloria que aguarda la historia.