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Capítulo V: El peso de los siete años

AEJOVENICH
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Su hermano Fabian —quien compartía nombre con el hijo de Jano— era siete años menor que Jano, pero había noches en las que parecía el hermano mayor.

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poetadelmetro

Me gustó que Fabian lo lea en las ojeras y en la mandíbula apretada, antes de que Jano diga que todo bien.

Me gustó que Fabian lo lea en las ojeras y en la mandíbula apretada, antes de que Jano diga que todo bien.

Contenido de la publicación

Su hermano Fabian —quien compartía nombre con el hijo de Jano— era siete años menor que Jano, pero había noches en las que parecía el hermano mayor.

​Entre ellos había una sola cosa en el mundo que los dos entendían sin necesidad de hablar, un secreto trágico que los mantendría unidos hasta el día en que a ellos les tocara partir: los dos estuvieron ahí esa mañana. Los dos vieron el pecho de su madre levantarse una última vez, lenta y pesadamente, antes de que diera su último respiro.

​Ese último respiro los había marcado muy profundamente. Jano se había derrumbado por dentro ese día; pero debía ser fuerte para mantener en pie a aquellos que quedaron en esta vida.

*   *   *

​Jano estaba apoyado sobre la mesa de la cocina en casa de su padre. Fabian por su parte, estaba en la cocina preparando almuerzo. Se respiraba una paz cotidiana, esa calidez doméstica de estar en casa.

​—Gracias por venir a prestar tu ayuda en la cocina, Jano —dijo Fabian, riendo y pasándole un limón para exprimir. —Te juro que yo lo iba a hacer, pero hay que ser chef para eso.

​—Para eso estamos —sonrió Jano, dándole un leve empujón en el hombro—. Sabes que para lo que necesites, siempre estaré ahí.

​Ahí estaba la verdad de su relación. Jano era un hermano incondicional. Si Fabian necesitaba arreglar la casa, mover muebles, un préstamo o simplemente alguien que lo escuchara tras un día pésimo, Jano estaba ahí antes de que terminara de pedirlo. Se cuidaban con una lealtad feroz, tejida con la promesa tácita que se hicieron desde niños y que renovaron la noche en que su madre cerró los ojos: nos tenemos el uno al otro.

​Fabian miró a su hermano con atención. Notó las ojeras marcadas de Jano y esa tensión constante en la mandíbula que no lo abandonaba desde hacía meses.

​—¿Cómo estás tú, Jano? De verdad.

​—Bien, tranquilo, con sueño. En el trabajo con un par de cachos como siempre… pero nada, todo bien.

​—¿Hablaste con la Ale?

​Jano bajó la mirada hacia su vaso de agua y apretó los nudillos.

​—No. Y no voy a hablar con ella, Fabian. Ella ya sufrió bastante conmigo. Ya fue.

​Fabian suspiró. Apoyó los brazos en el lavaplatos y buscó la mirada de su hermano.

​—Jano... nosotros vimos a mamá dar su último respiro. Nos prometimos que íbamos a salir adelante y que nos íbamos a cuidar. Yo estoy haciendo mi vida porque entendí que la vida se apaga en un segundo y no hay tiempo para desperdiciar. Pero tú te quedaste atascado en esa habitación, hermano.

​Las palabras de su hermano menor no venían con la dureza de Cristian ni con la resignación de su padre. Venían desde el amor puro y el dolor compartido.

​—Tú crees que alejar a Alejandra es un acto de nobleza —continuó Fabian, alzando suavemente la voz para que su padre no escuchara desde la otra habitación— Crees que la estás "salvando" de ti. Pero lo único que estás haciendo es castigarte. Mamá no te dio la vida para que te encierres a ser un mártir. La Ale te aguantó años, te amó con todo lo que tenía, y tú la desgastaste con tu ansiedad y tu mal humor porque tenías miedo de ser feliz.

​—Tú no entiendes... —murmuró Jano, sintiendo que la garganta se le cerraba.

​—Claro que entiendo —lo interrumpió Fabian, tomándolo firmemente del brazo— Estuve ahí, Jano. Sostuve la misma mano helada que tú sostuviste ese día. Sé el vacío que dejó. Pero ver morir a mamá me enseñó a aferrarme a la gente que amo, no a empujarla lejos. Tienes casi cuarenta y seis años, hermano. Eres el mejor hermano del mundo, el mejor hijo, un padre increíble... pero te estás destruyendo solo.

​Jano no respondió. Se quedó mirando las manos de su hermano sobre su brazo. El hermano al que él solía proteger de niño ahora le estaba mostrando el camino que él era demasiado cobarde para caminar.

​—No quiero que te quedes solo —dijo Fabian con la voz quebrada por un instante— Te quiero y no quiero verte arruinar lo único bueno que encuentras en el camino.

*************************************************************************

El mismo día que nos rompió el corazón nos enseñó caminos distintos: él aprendió a aferrarse a la vida, mientras yo aprendía a huir de ella.

#aejovenich #unmalditointentandocambiar #ficcióncontemporanea #redención #culpabilidad #relatos

Thoughts

  • rgaray4116

    Ta, dos hermanos así hay en una casa de portón verde por donde paso todos los meses. El mayor es el que arregla todo en lo del padre, y el menor es el que habla. Un invierno vi al chico agarrando del brazo al grande en la vereda, igual que Fabian en la cocina, y el grande mirando el piso sin contestar. Al mes siguiente había otro auto en la entrada y nunca supe de quién era. ¿La Ale sabe que Fabian está de su lado?

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  • poetadelmetro

    Me gustó que Fabian lo lea en las ojeras y en la mandíbula apretada, antes de que Jano diga que todo bien.

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  • no_pica_nada

    Fabian cocinando y el mayor de ayudante con el limón. Se nota quién se quedó con las recetas de la mamá, te lo firmo.

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  • Ovid

    Jano con casi cuarenta y seis años, y es el hermano pequeño el que le toma del brazo en la cocina de su padre. Me hace pensar en lo tarde que llegan a veces esas conversaciones entre hermanos, y apuesto a que Jano no le contesta hoy, pero esas palabras le van a estar dando vueltas toda la semana.

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  • Denisita13

    Fabian diciéndole a Jano que desgastó a la Ale con su mal humor... ¡por fin alguien de la casa se lo dice en la cara! jaja

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