Kwon proponiendo que la sanadora mande tres días y todos levantando la mano, hasta Seolhwa desde la silla. Lo mejor de la noche, che.
Capítulo 46: Recuperación
Una vez que salimos del subsuelo, me detengo a observarlos.
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Kwon proponiendo que la sanadora mande tres días y todos levantando la mano, hasta Seolhwa desde la silla. Lo mejor de la noche, che.
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Una vez que salimos del subsuelo, me detengo a observarlos.
Las luces de las ambulancias bañan la calle con destellos rojos y azules. Los agentes de Jang mantienen alejados a los curiosos mientras los últimos rehenes son trasladados para recibir atención médica.
Mi grupo permanece reunido frente a la iglesia.
Todos están heridos.
Mujin lleva el brazo derecho inmovilizado contra el pecho. El Escudo de la puerta que no debe caer está apoyado junto a él, cubierto de grietas profundas.
Kwon tiene varios cortes en el rostro y camina con una leve rigidez en la pierna izquierda, aunque intenta ocultarlo apoyándose despreocupadamente contra una camioneta.
Doyun mantiene una mano sobre su costado. La sangre seca le baja desde la frente hasta la mejilla.
Hejin está pálida. Sus dedos todavía tiemblan por el agotamiento mágico y necesita sostener el báculo para mantenerse de pie.
Eunbyeol abraza el Libro de los siete frentes contra el pecho. Parece serena, pero tiene los labios partidos y una venda improvisada alrededor de la cabeza.
Jiwon es la única que continúa moviéndose de un lado a otro, revisando a todos mientras ignora sus propias heridas.
Y después está Seolhwa.
La perforación de su abdomen está cubierta por varias capas de vendas. Su rostro perdió casi todo el color y una pierna apenas soporta su peso. Aun así, permanece sentada con la espalda recta mientras observa cómo los niños rescatados suben a una ambulancia.
Siento una presión incómoda en el pecho.
Culpa.
Fui yo quien los llamó.
Fui yo quien los metió en aquel lugar.
Podría decir que no tenía alternativa. Que sin ellos los sesenta y ocho rehenes habrían muerto. Que el ritual habría terminado y Avarn habría recuperado una parte mucho mayor de su poder.
Todo eso sería cierto.
Pero no reduce la culpa.
Sobre todo cuando miro a Seolhwa.
Ella todavía no ingresó al primer piso de la Torre.
Ni siquiera tuvo la oportunidad de descubrir qué clase de cazadora puede convertirse y ya se vio obligada a enfrentar a un apóstol que nunca debería haber estado en la Tierra.
Avarn no se encontraba en su estado completo.
Tenía sellos activos. Su cuerpo acababa de despertar después de un largo encierro y gran parte de su poder seguía contenido.
No importa.
Incluso debilitado, era una criatura que ninguno de ellos debería haber conocido todavía.
-Capitán...
La voz de Kwon interrumpe mis pensamientos.
Levanto la mirada.
Está apoyado contra la camioneta con los brazos cruzados. La postura sería despreocupada si no tuviera una venda cubriéndole media pierna.
-¿Qué?
Kwon recorre al grupo con la mirada.
-¿Usted solo sabe cómo destrozarnos?
Siento que una vena se hincha en mi frente.
-Podrías haber dicho que no venías.
-Me llamó diciendo que había sesenta y ocho rehenes, doce niños y un ritual a punto de comenzar.
-Seguía siendo una elección.
Kwon entrecierra los ojos.
-Sí, claro. También podía elegir quedarme en casa y pensar toda la vida en los niños que murieron porque estaba descansando.
No respondo.
-Eso no es una elección, capitán -agrega-. Es manipulación emocional con pasos adicionales.
-Voy a tenerlo en cuenta para la próxima vez.
-Me preocupa que haya una próxima vez.
-A mí me preocupa que sigas hablando.
Kwon sonríe.
Después lleva una mano al costado y la sonrisa se transforma en una mueca de dolor.
-No me haga reír. Creo que tengo algo roto.
-Tenés dos costillas fisuradas -dice Jiwon sin mirarlo-. Ya te lo expliqué.
-Fisuradas suena menos grave que rotas.
-No cuando seguís moviéndote como un idiota.
Kwon se queda quieto.
Por fin.
Miro nuevamente al grupo.
Las palabras no se me dan bien.
Nunca se me dieron.
Durante demasiado tiempo, las órdenes fueron suficientes. Había enemigos que matar, posiciones que defender y pisos que conquistar. Nadie necesitaba disculpas cuando la humanidad ya estaba condenada.
Ahora es diferente.
Ellos confiaron en mí.
Y esa confianza casi los mata.
-Discúlpenme -digo.
Kwon deja de sonreír.
Todos me miran.
Incluso Jiwon interrumpe por un momento la revisión de Mujin.
-Los puse en peligro -continúo-. Sabía que la operación podía ser complicada, pero no esperaba encontrar una criatura de esa jerarquía debajo de la iglesia.
Miro a Seolhwa.
-Y algunos de ustedes no deberían haber tenido que enfrentarse a algo así todavía.
Ella sostiene mi mirada.
-Nos llamó porque nos necesitaba.
-Eso no elimina mi responsabilidad.
-Tampoco convierte la decisión en un error -responde Eunbyeol.
Sus palabras son tranquilas.
Más tranquilas de lo que esperaba.
-Pudimos rescatar a sesenta y ocho personas -digo-. Doce eran niños. Desmantelamos tres centros del culto, capturamos miembros con información valiosa y destruimos uno de sus rituales más importantes.
Miro hacia la iglesia.
Los agentes continúan retirando cajas, documentos y símbolos del subsuelo.
-Además, eliminamos a un apóstol de gran jerarquía antes de que recuperara su poder completo.
Para ellos es una victoria importante.
Para mí es mucho más.
Todavía no comprenden la magnitud de lo que acabamos de conseguir.
No vivieron el futuro que yo viví.
No vieron ciudades enteras caer porque un apóstol consiguió manifestarse sin resistencia.
No presenciaron ejércitos desaparecer en minutos.
No caminaron por países donde ya no quedaba nadie para enterrar los cuerpos.
Avarn estaba debilitado, pero incluso así podría haber destruido una parte considerable de la ciudad si alcanzaba la superficie. Y si hubiera logrado romper todos sus sellos...
No quiero imaginarlo.
Lo matamos antes.
Salvamos personas que, en la otra línea temporal, probablemente habrían desaparecido sin que nadie conociera sus nombres.
Ellos creen que ganamos una batalla.
En realidad, acabamos de arrancarle al futuro una tragedia completa.
-No parece muy feliz por haber ganado -dice Doyun.
-Estoy aliviado.
Kwon levanta una ceja.
-Su cara de alivio se parece mucho a su cara de querer matar a alguien.
-Todas sus caras se parecen -agrega Hejin débilmente.
-No les pedí una evaluación de mis expresiones.
-Eso fue definitivamente enojo -dice Kwon.
Ignoro el comentario.
-Ahora todos van a descansar.
La ligera diversión desaparece.
Mi tono no admite discusión.
-Tres días sin entrenar, sin misiones y sin acercarse a ninguna grieta.
Mujin abre la boca.
Lo señalo.
-Ni siquiera lo intentes.
Él vuelve a cerrarla.
-Sus estadísticas actuales acelerarán la recuperación -continúo-. Heridas que antes tardarían meses en sanar deberían estabilizarse en pocos días. Los huesos rotos, las perforaciones y el agotamiento mágico necesitarán más cuidado, pero ninguno volverá a combatir hasta estar completamente recuperado.
Miro a Jiwon.
-Todos quedarán bajo su supervisión.
Ella asiente.
-Eso ya estaba decidido.
Kwon palidece.
-¿Por quién?
-Por mí.
-Capitán, con todo respeto, preferiría enfrentarme otra vez al apóstol.
Jiwon gira la cabeza hacia él.
Su sonrisa no tiene calidez.
-Podemos comparar tratamientos cuando termine de acomodarte las costillas.
Kwon deja de hablar.
-No los volveré a llamar hasta que llegue el momento de subir al tercer piso -digo-. Nada de operaciones contra el culto. Nada de investigaciones. Nada de entrenamientos secretos.
Eunbyeol me observa.
-¿Eso nos incluye a todos?
-Sí.
-¿Incluyéndote?
-Estoy hablando del grupo.
Jiwon se queda inmóvil.
Lentamente, gira hacia mí.
Maldición.
-Capitán -dice.
-¿Qué?
Sus ojos descienden hacia mi cuerpo.
La ropa está rasgada. Tengo sangre seca desde el hombro hasta la cintura. La respiración me produce una punzada constante y todavía puedo sentir las costillas moviéndose de una forma incorrecta.
También hay una herida oscura en mi costado, provocada por una de las sombras de Avarn.
No es mortal.
Probablemente.
-Usted también está herido -dice Jiwon.
-Son heridas menores.
-Tiene la mandíbula fracturada.
-Puedo hablar.
-Dos costillas completamente rotas, otras tres fisuradas, el hombro izquierdo abierto hasta el hueso y una herida contaminada con energía de muerte.
-Mi resistencia es alta.
Jiwon empieza a acercarse.
Su rostro está completamente serio.
Retrocedo medio paso sin pensarlo.
Kwon lo nota.
Por supuesto que lo nota.
-¿El capitán acaba de retroceder?
-No -respondo.
Jiwon continúa avanzando.
-No estará pensando que queda exento de su propia regla, ¿verdad?
La miro.
Ella sostiene mi mirada sin pestañear.
He enfrentado demonios.
Dioses exteriores.
Ejércitos completos.
Pasé siglos dentro de la Torre y continué subiendo después de perder todo aquello que podía perder.
Aun así, frente a la expresión de Jiwon, trago saliva.
-No.
-¿No qué?
-No pensaba quedar exento.
Eunbyeol abre su libreta.
-Eso sonó sospechosamente específico.
-Guardá eso.
-Solo estoy registrando que aceptaste descansar.
-No acepté nada todavía.
Jiwon da otro paso.
-Entonces dígalo claramente.
Miro alrededor.
Todos están observándome.
Kwon intenta disimular una sonrisa.
Mujin aparta la vista, pero puedo ver que está escuchando.
Hejin directamente dejó de fingir.
Doyun parece estar esperando el resultado de una apuesta invisible.
Seolhwa es la única que no sonríe.
Aunque sus ojos muestran una pequeña satisfacción.
Traidores.
-También voy a descansar con ustedes -digo finalmente.
Jiwon entrecierra los ojos.
-Tres días.
-Tres días.
-Sin entrenar.
-Entrenar suavemente ayuda a la recuperación.
-Sin entrenar.
Aprieto los dientes.
La mandíbula fracturada protesta.
-Sin entrenar.
-Sin investigar al culto.
-Jang puede enviarme informes.
-Puede leerlos después de recuperarse.
-Eso no es razonable.
-Tampoco es razonable pelear con un apóstol teniendo el hombro abierto.
-Se abrió durante la pelea.
-Eso no mejora su argumento.
Kwon levanta una mano.
-Propongo que la sanadora tenga autoridad absoluta sobre el capitán durante tres días.
-Propuesta aceptada -dice Eunbyeol de inmediato.
-No estamos votando.
-Mayoría -responde Doyun.
Hejin levanta débilmente una mano.
-A favor.
Mujin observa su brazo roto.
Después me mira.
-A favor.
-No puedo creer esto.
Seolhwa levanta la mano desde su asiento.
-A favor.
Jiwon sonríe.
Esta vez de verdad.
Eso me preocupa todavía más.
-Decidido.
-No pueden decidir eso.
-Ya lo hicimos -dice Eunbyeol.
Cierra la libreta.
-Tres días de descanso obligatorio para todos, incluido el capitán.
Observo a mi grupo.
Están heridos, agotados y apenas se mantienen de pie.
Pero siguen riéndose.
Siguen discutiendo.
Siguen vivos.
La culpa no desaparece.
Probablemente no lo haga.
Sin embargo, al verlos así, comprendo algo.
No los llevé a ese lugar para destruirlos.
Los llamé porque confiaba en que juntos podíamos salvar a quienes yo solo no podía.
Y lo conseguimos.
Tal vez eso no me absuelva.
Pero alcanza para que acepte compartir también las consecuencias.
-De acuerdo -digo-. Tres días.
Kwon sonríe.
-Nunca pensé que vería al gran capitán derrotado.
Jiwon señala una camilla vacía.
-Acuéstese.
Miro la camilla.
Después a ella.
-Puedo caminar.
-No se lo pregunté.
Siento nuevamente la vena de mi frente.
Aun así, camino hacia la camilla.
Las risas del grupo me siguen.
Sesenta y ocho personas están vivas.
Un apóstol está muerto.
Y, al parecer, el enemigo más difícil de esta noche resulta ser una sanadora decidida a obligarme a descansar.
Thoughts
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PermalinkCuarenta y seis capítulos y el capitán sigue sin poder contarles que viene de otra línea temporal. Ellos celebran una batalla y él está contando los muertos que ya no van a existir. Apuesto a que ese secreto se le escapa antes del tercer piso, y que va a ser Eunbyeol con su libreta la que lo pille. Gracias por seguir con la serie!
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PermalinkKwon proponiendo que la sanadora mande tres días y todos levantando la mano, hasta Seolhwa desde la silla. Lo mejor de la noche, che.
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