La luz terminó de cubrir la ciudad.
No fue un amanecer común.
El sol no apareció de golpe, ni destruyó la noche con violencia. Primero fue una línea tenue sobre el horizonte. Luego una franja dorada que se extendió sobre las montañas. Después, poco a poco, la oscuridad empezó a retroceder como si algo enorme estuviera retirando una manta negra del mundo.
Los ciudadanos miraban sin respirar.
Algunos lloraban.
Otros reían como si no supieran hacerlo bien.
Los niños señalaban el cielo, preguntando qué era aquella luz cálida que tocaba las murallas, las casas destruidas, el cementerio improvisado y las calles donde hasta hacía unas horas caminaban los muertos.
Yo permanecía arrodillado, con Jiwon intentando cerrar mis heridas.
El cuerpo me ardía.
Cada respiración era una cuchilla entrando entre las costillas.
Aun así, no aparté la vista del horizonte.
Había amanecido.
Entonces el sistema habló.
[Felicidades a los cazadores del piso 2 por completarlo.]
[Nivel de despeje: SSS.]
Las ventanas aparecieron una tras otra, llenando el aire frente a todos los participantes.
[Se mostrará la lista de contribución.]
[Kim Cheonro: 90 %.]
[Equipo de Kim Cheonro: 9,9 %.]
[Kang Mujin, Han Jiwon, Seo Doyun, Lee Hejin, Kim Eunbyeol, Kwon Taesung.]
[Cazadores restantes: 0,1 %.]
[Porcentaje insuficiente.]
[No se entregarán recompensas individuales.]
Kwon, que estaba sentado contra una piedra, levantó apenas la cabeza.
-Noventa por ciento... Capitán, eso ya no es contribuir. Eso es hacer trampa.
Mujin soltó una risa cansada.
-Y aun así casi se muere.
-Eso lo hace peor -murmuró Hejin, pálida, con la espalda apoyada contra la muralla-. ¿Qué clase de persona consigue un noventa por ciento y termina así?
Jiwon apretó más fuerte la mano sobre mi herida.
-Una que no sabe cuándo detenerse.
No respondí.
Porque, técnicamente, tenía razón.
Eunbyeol miraba las ventanas con los ojos muy abiertos. No parecía sorprendida por mi porcentaje. Parecía preocupada por todo lo que venía después.
Antes de que pudiera seguir hablando, una ventana dorada apareció frente a mí.
No era azul como las demás.
Tampoco roja como las alertas del dios exterior.
Era una luz cálida, concentrada, como un pequeño sol encerrado dentro de un cristal.
[Recompensa de grado SSS disponible.]
[Orbe del amanecer - SSS]
[Objeto dimensional]
[usos disponibles: 1]
[Permite crear una puerta hacia un campo de entrenamiento especial.]
[Según el resultado obtenido dentro del campo, se entregarán recompensas estadísticas, equipo, habilidades y títulos.]
Una esfera apareció sobre mi mano.
Era pequeña, del tamaño de una fruta, pero pesaba más de lo que aparentaba. En su interior giraba una luz dorada, mezclada con fragmentos blancos y líneas rojas muy finas.
Como si el amanecer todavía recordara la sangre que costó alcanzarlo.
La descripción continuó.
[Niveles disponibles]
[Fácil]
[Recompensa base: +5 a todas las estadísticas, excepto Suerte.]
[Alta probabilidad de obtener equipo de grado A.]
[Intermedio]
[Recompensa base: +10 a todas las estadísticas.]
[Suerte: +1.]
[Alta probabilidad de obtener equipo de grado A+ a S.]
[Difícil]
[Recompensa base: +15 a todas las estadísticas.]
[Suerte: +3.]
[Alta probabilidad de obtener equipo de grado S a S+.]
[Infierno]
[Recompensa base: +25 a todas las estadísticas.]
[Suerte: +5.]
[Alta probabilidad de obtener equipo de grado S+ a SS.]
[Reglas especiales]
[No es posible morir dentro del campo de entrenamiento.]
[Relación temporal: 1 día exterior = 365 días interiores.]
[En caso de fallo, el Orbe del amanecer será destruido.]
Por primera vez en mucho tiempo, me quedé completamente inmóvil.
No por miedo.
Por cálculo.
Un año entero dentro de un campo de entrenamiento por cada día exterior.
No era solamente una recompensa.
Era una oportunidad absurda.
Con eso podía entrenar al grupo.
Pulir sus errores.
Forzar sus cuerpos, sus habilidades y sus mentes hasta un nivel que la Tierra no podría alcanzar en años.
Podía convertir talento bruto en armas reales.
A Kwon, enseñarle a no morir por exceso de confianza.
A Mujin, a sostener una línea sin perseguir cada golpe.
A Jiwon, a salvar vidas sin destruirse por las que no podía salvar.
A Doyun, a disparar incluso después de fallar.
A Hejin, a usar la magia como bisturí y no como explosión.
A Eunbyeol...
Mis dedos se cerraron sobre el orbe.
A Eunbyeol podía darle tiempo.
Tiempo para crecer.
Tiempo para aprender.
Tiempo para no convertirse en la niña que murió bajo un cielo rojo.
El sistema no ofrecía algo así por bondad.
Nunca.
Un campo donde no se podía morir no significaba que no se pudiera sufrir.
Y el modo Infierno, con recompensa de grado SS, no tendría ese nombre por decoración.
Kwon se acercó arrastrándose más que caminando.
-Capitán, ¿por qué estás mirando esa bolita como si te hubiera ofrecido casamiento?
-Porque acaba de ofrecer algo más peligroso.
-¿Más peligroso que pelear contra un bicho invisible del cielo?
-Sí.
Hejin abrió un ojo.
-Eso no me gusta.
Eunbyeol observó el orbe.
-¿Qué es?
Tardé un momento en responder.
-Una puerta.
-¿A dónde?
-A un lugar donde podemos entrenar.
Mujin levantó la cabeza.
-¿Entrenar cuánto?
Miré la descripción otra vez.
[1 día exterior = 365 días interiores.]
-Mucho.
Jiwon frunció el ceño.
-¿Y cuál es el precio?
Buena pregunta.
Cada vez hacía mejores preguntas.
-No podemos morir adentro.
-Eso no responde.
-No.
El orbe brilló suavemente.
Sentí una presión familiar.
No del sistema.
De la Torre.
Como si estuviera esperando mi decisión.
Fácil.
Intermedio.
Difícil.
Infierno.
Las opciones más bajas eran seguras, útiles y razonables.
Pero yo no había regresado para ser razonable.
Había regresado porque el futuro había sido destruido.
Porque la humanidad no sabía lo que venía.
Porque los enemigos que recordaba no esperarían a que estuviéramos listos.
Y porque un dios exterior acababa de mirar dentro del segundo piso.
Cerré la mano alrededor del orbe.
-No lo usaremos ahora.
Kwon parpadeó.
-¿Cómo que no? Después de todo ese silencio dramático pensé que ibas a decir algo como "modo Infierno".
-Lo diré cuando puedan mantenerse de pie.
Mujin sonrió apenas.
-Entonces sí va a ser Infierno.
No respondí.
Pero todos entendieron.
Jiwon se llevó una mano a la frente.
-Genial. Sobrevivimos al segundo piso para meternos voluntariamente en algo llamado Infierno.
-No pueden morir dentro -dijo Doyun.
Hejin soltó una risa seca.
-Eso nunca significa que sea bueno.
Eunbyeol seguía mirando el orbe.
-¿Cuánto tiempo tendríamos?
-Si entramos un día completo... un año.
El grupo quedó en silencio.
Incluso Kwon.
Un año.
Para ellos era imposible imaginarlo.
Para mí era demasiado valioso como para desperdiciarlo.
Guardé el orbe.
La luz dorada desapareció de mi mano, absorbida por el inventario del sistema.
[Orbe del amanecer - SSS almacenado.]
La ciudad seguía celebrando el amanecer.
Los ciudadanos abrazaban a sus hijos, tocaban las paredes iluminadas por el sol y lloraban frente a las tumbas de quienes no llegaron a verlo.
Pero yo ya no estaba mirando solo aquel cielo.
Miraba el camino que se abría después.
La humanidad tenía tres meses para despejar el segundo piso.
Corea del Sur tenía una ventaja peligrosa.
Mi nombre volvería a sacudir el mundo.
Y en mi inventario descansaba una herramienta capaz de convertir un grupo de novatos talentosos en algo que ningún gobierno podría ignorar.
Respiré hondo.
La luz del sol cayó sobre mi rostro.
Por primera vez en aquel piso, el calor no dolió.
-Volvamos -dije.
La Torre respondió.
[Preparando retorno a la Tierra.]
[Tiempo restante: 10 segundos.]
Eunbyeol miró la ciudad una última vez.
Jiwon cerró los ojos.
Mujin apretó la espada.
Doyun sostuvo su arco.
Hejin dejó escapar un suspiro largo.
Kwon sonrió.
-Bueno, capitán... admito que este piso estuvo un poquito intenso.
Lo miré.
-Esto recién empieza.
La luz nos envolvió.
Y la ciudad sin amanecer quedó atrás.
La luz nos envolvió.
Durante un instante, el peso del cuerpo desapareció.
La ciudad sin amanecer quedó atrás: las murallas iluminadas por primera vez, los ciudadanos llorando bajo el sol, Seong junto a su padre sosteniendo una llama que ya no parecía una prisión.
Después, todo fue blanco.
[Retorno a la Tierra en curso.]
[Sincronizando cuerpos reales.]
[Aplicando protección mínima de retorno.]
[Advertencia: las heridas obtenidas dentro del piso no serán anuladas por completo.]
El suelo apareció bajo mis pies.
Olor a desinfectante.
Metal.
Aire acondicionado.
Luces blancas.
Habíamos vuelto.
Pero la Tierra no nos recibió con silencio.
Nos recibió con caos.
Apenas la luz del sistema se quebró, escuché gritos al otro lado de la sala de contención. Alarmas. Pasos corriendo. Voces hablando por radios. Médicos dando órdenes. Soldados bloqueando pasillos.
No era una recepción preparada.
Era una crisis.
Mujin apareció de rodillas, con la espada todavía en la mano y la armadura rota.
Kwon cayó de espaldas contra el suelo.
-Estoy vivo... -murmuró, mirando el techo-. Eso ya cuenta como victoria.
Doyun apareció apoyado sobre su arco, respirando con dificultad.
Hejin se desplomó sentada, pálida, con los ojos perdidos.
Jiwon llegó de pie, pero casi cayó hacia adelante. Aun así, lo primero que hizo fue mirar a los heridos.
-¿Quién está sangrando?
-El capitán-respondió Kwon.
Eunbyeol apareció en silencio, con la libreta apretada contra el pecho.
Su ropa estaba hecha jirones, su rostro cubierto de polvo y sangre seca, pero sus ojos seguían moviéndose, observando cada detalle.
Después aparecieron los cazadores rescatados.
Y el ambiente cambió.
Los nueve supervivientes que habíamos sacado del santuario no volvieron como vencedores.
Volvieron como personas que habían dejado algo de sí mismas dentro de aquella montaña.
Minho cayó de rodillas apenas tocó el suelo. No gritó. No lloró. Solo se quedó mirando sus manos, como si esperara ver todavía la sangre de quienes no pudieron regresar.
La mujer que había perdido un ojo empezó a hiperventilar en cuanto vio las luces del techo.
-No... no... no otra vez...
Intentó cubrirse la cara.
-La luna... apaguen la luna...
Un médico quiso acercarse y ella retrocedió arrastrándose por el suelo, aterrada.
-¡No me cuelguen! ¡No me cuelguen otra vez!
Otro cazador se arrancó las vías que los médicos intentaban colocarle antes incluso de que estuvieran conectadas. Se arañaba los brazos, desesperado.
-Las cadenas... las cadenas siguen ahí...
No había cadenas.
Solo marcas.
Pero para él seguían apretando.
Una joven permaneció completamente inmóvil. De pie. Con los ojos abiertos. No respondía a las voces, no reaccionaba al contacto, no parecía entender que había regresado a la Tierra.
Jiwon se acercó a ella con cuidado.
-Estás a salvo.
La joven no parpadeó.
-No hables -susurró-. Si hablamos, nos escuchan.
Jiwon se quedó quieta.
Su expresión se quebró.
Porque podía cerrar heridas.
Podía detener hemorragias.
Pero no sabía cómo curar algo así.
Minho levantó lentamente la cabeza.
-Daniel...
Nadie respondió.
-Daniel dijo que buscara a su hermana...
Su voz se rompió.
-¿Dónde está Daniel?
Yo no dije nada.
Él ya sabía la respuesta.
Solo necesitaba que alguien se la negara.
La puerta blindada de la sala se abrió con violencia.
Entraron médicos, soldados y agentes de la Asociación Coreana de Despertados. Algunos traían camillas. Otros armas. Nadie sabía si apuntarnos, ayudarnos o simplemente apartarse.
Detrás de ellos apareció Jang Seongho.
Por primera vez desde que lo conocía, su rostro no parecía controlado.
Estaba pálido.
Tenso.
Con una tablet apretada en la mano.
Sus ojos recorrieron la sala.
Primero mi grupo.
Después los cazadores rescatados.
Después yo.
-Kim Cheonro.
-Señor Jang.
-El mundo está al borde del colapso.
Kwon levantó una mano desde el suelo.
-Nosotros también, por si sirve de algo.
Nadie se rió.
Jang me mostró la tablet.
Había decenas de transmisiones abiertas al mismo tiempo.
Estados Unidos.
Japón.
China.
Rusia.
Francia.
Brasil.
India.
Alemania.
Reino Unido.
Canales de noticias, conferencias de emergencia, hospitales saturados, familiares llorando frente a edificios militares.
Y en todos aparecía el mismo tema.
Grietas.
No habíamos sido los únicos.
Mientras Corea del Sur enviaba cazadores al segundo piso, otros países también habían intentado avanzar. Algunos lo hicieron por miedo a quedarse atrás. Otros por orgullo. Otros porque creyeron que la Torre funcionaba como una competencia.
Mandaron equipos.
Cazadores entrenados a la fuerza.
Militares recién despertados.
Personas con habilidades sin comprender.
Los empujaron dentro de las grietas con protocolos incompletos y confianza prestada.
Ninguno salió con vida.
Jang deslizó la pantalla.
Aparecieron listas de bajas.
Demasiadas.
Equipos completos desaparecidos.
Salas de contención vacías.
Familias esperando frente a puertas que nunca volvieron a abrirse.
-Estados Unidos perdió a treinta y dos cazadores -dijo Jang-. Japón, dieciocho. China no confirmó cifras, pero nuestros informes hablan de más de cincuenta. Rusia cerró sus instalaciones y no responde. La Unión Europea está exigiendo una reunión de emergencia.
Pasó otra imagen.
Una base militar extranjera.
Una grieta abierta.
Soldados apuntando al vacío.
Nadie salía.
-Todos intentaron despejar el segundo piso después de recibir el anuncio del plazo -continuó-. Algunos incluso entraron antes de que ustedes terminaran.
Eunbyeol apretó la libreta contra el pecho.
-No entendieron el tipo de escenario.
-No -dije.
No lo habían entendido.
Creyeron que era una mazmorra.
Una misión.
Un combate.
No una ciudad condenada.
No un piso donde la moral, la resistencia, la lectura del entorno y las decisiones crueles importaban tanto como la fuerza.
Jang tragó saliva.
-El anuncio mundial acaba de confirmar que solo Corea del Sur despejó el piso dos.
Como si el sistema quisiera responderle, una ventana apareció ante todos.
[Anuncio mundial.]
[Felicidades a los cazadores de Corea del Sur por despejar por primera vez el piso 2.]
[Anuncio mundial.]
[Se registra un único país de 195 en completar con éxito el piso 2.]
[Anuncio mundial.]
[Los intentos de despeje realizados por otros países han fracasado.]
[Anuncio mundial.]
[Se otorgará a los países de la Tierra un plazo de 3 meses para completar con éxito el piso 2.]
[Anuncio mundial.]
[Se registra un país con despeje de nivel SSS.]
[Anuncio mundial.]
[La dificultad del piso 2 será reducida considerablemente.]
[Feliciten a Kim Cheonro por su sobresaliente desempeño.]
El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.
Incluso los soldados dejaron de moverse.
Los médicos miraban las ventanas del sistema con el rostro desencajado.
Los cazadores rescatados ni siquiera parecieron notar los anuncios.
Seguían atrapados en otro lugar.
En la cueva.
En las cadenas.
En la luna roja.
Minho empezó a reír.
Una risa baja, rota, sin alegría.
-Fracasaron...
Se cubrió la cara con ambas manos.
-Todos fracasaron...
La mujer del ojo perdido comenzó a llorar.
-Entonces... ¿los demás también están ahí?
Nadie respondió.
Ella entendió igual.
-No... no...
Jiwon se arrodilló a su lado y la abrazó.
La mujer se aferró a ella como si siguiera cayendo.
-No quiero volver. No quiero volver. No quiero volver...
-No vas a volver ahora -dijo Jiwon, aunque su propia voz temblaba.
Yo miré a Jang.
-Aíslalos.
-¿A quiénes?
-A los cazadores rescatados. Tratamiento médico, psicológico y seguridad. Nadie los interroga hoy. Nadie les muestra noticias. Nadie les pregunta qué vieron hasta que puedan respirar sin pensar que siguen colgados de una pared.
Jang asintió de inmediato.
-Entendido.
-Y que no los traten como fracasados.
Su mirada se endureció.
-Sobrevivieron.
-No. Fueron rescatados después de sobrevivir al infierno. Hay diferencia.
Jang no discutió.
Eso fue inteligente.
Uno de los agentes se acercó con cautela.
-Señor Kim, el presidente solicita comunicación inmediata. Los países aliados están pidiendo información. Algunos gobiernos creen que Corea ocultó una estrategia de despeje.
Kwon soltó una carcajada débil.
-Claro. Nuestra estrategia secreta era casi morir todos.
Mujin intentó levantarse.
Dos médicos lo obligaron a sentarse.
-Estoy bien.
Jiwon giró la cabeza.
-Tenés costillas fisuradas.
-Eso no impide estar bien.
-Sí lo impide.
-No según mi criterio.
-Tu criterio no sirve.
Incluso en medio del caos, seguían siendo ellos.
Pero afuera el mundo se estaba rompiendo.
Jang bajó la voz.
-Señor Kim, hay manifestaciones frente a varias grietas. Familias exigiendo respuestas. Gobiernos acusándose entre sí. Algunos medios dicen que Corea sacrificó a cazadores extranjeros. Otros dicen que usted alteró la dificultad para impedir que otros países ganaran recompensas.
-Eso es absurdo.
-Lo sé.
-No. No lo sabe. Todavía no.
Me enderecé, aunque la herida del costado casi me hizo caer.
-La gente busca culpables cuando no entiende el miedo. Y los gobiernos buscan control cuando no entienden una amenaza.
Eunbyeol dio un paso adelante.
-Entonces hay que controlar la información.
Jang la miró.
Ella abrió su libreta.
Aunque estaba agotada, su voz salió clara.
-No publiquen detalles sobre el Orbe, las recompensas ni las habilidades. Pero sí deben advertir sobre la naturaleza del piso: defensa de ciudad, muertos vivientes, núcleos mágicos, toma de decisiones prolongada, necesidad de mando y soporte médico. Si otros países siguen enviando equipos como si fuera una incursión normal, van a morir más.
Jang la observó unos segundos.
-¿Usted es Kim Eunbyeol?
-Sí.
-Su nombre también apareció en el registro de contribución del equipo.
Ella no reaccionó.
-Entonces use eso para que escuchen. No para exponernos.
Jang miró hacia mí.
-Tiene razón.
-Lo sé -dije.
Eunbyeol me miró de reojo.
No sonrió.
Pero casi.
Entonces la joven catatónica habló por primera vez.
-No salía el sol...
Todos giramos hacia ella.
Sus ojos seguían fijos en un punto inexistente.
-Rezamos. Gritamos. Uno de ellos dijo que nos iban a usar para alimentar la noche...
Su respiración se aceleró.
-Después escuché huesos. Siempre huesos. Aunque cerrara los ojos, escuchaba huesos.
Jiwon se acercó, pero la joven retrocedió.
-No me toques.
-Está bien -dijo Jiwon-. No te voy a tocar.
-Ellos decían que si llorábamos, las sombras salían más fácil.
Nadie habló.
La sala entera quedó helada.
La joven empezó a temblar.
-Yo intenté no llorar.
Minho bajó la cabeza.
La mujer del ojo perdido se tapó los oídos.
Hejin cerró los ojos con fuerza.
Doyun apretó el arco hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
Mujin dejó de intentar levantarse.
Kwon, por primera vez, no hizo ningún comentario.
Esa era la verdadera recompensa de los cazadores restantes.
No oro.
No experiencia.
No habilidades.
Solo regresar con suficientes recuerdos como para no poder dormir.
Jang dio una orden baja.
-Equipo médico de trauma. Ahora.
Los médicos comenzaron a moverse con más cuidado.
Ya no trataban a los rescatados como simples heridos.
Los trataban como sobrevivientes de algo que ninguno de ellos estaba preparado para comprender.
Yo miré las pantallas.
El mundo entero estaba alborotado.
Corea celebraba y temblaba al mismo tiempo.
Los demás países lloraban a sus muertos, escondían cifras o buscaban culpables.
La humanidad acababa de aprender una verdad muy simple.
Entrar a la Torre no significaba volver.
Y completar un piso no significaba salir entero.
Jang se acercó.
-El presidente sigue esperando.
-Que espere.
-No podrá esperar mucho.
-Entonces hable usted primero.
-¿Qué le digo?
Miré a los cazadores rescatados.
A Minho repitiendo el nombre de Daniel en voz baja.
A la mujer que confundía las luces del hospital con la luna roja.
A la joven que temblaba cada vez que alguien hacía ruido con una cadena o una camilla metálica.
Después miré a mi grupo.
Todos vivos.
Heridos.
Agotados.
Pero vivos.
-Dígale que la victoria de Corea no es una medalla.
Respiré hondo.
-Es una advertencia escrita con los cadáveres de todos los que no volvieron.
Jang no respondió.
Solo asintió.
Esta vez, con más lentitud.
Como alguien que por fin empezaba a entender.
La ventana del sistema seguía flotando frente a mí.
[Piso 2 completado.]
[Despeje: SSS.]
[Orbe del amanecer - SSS almacenado.]
[Uso restante: 1.]
Una sola oportunidad.
Un mundo desesperado.
Cazadores extranjeros muertos en grietas que sus gobiernos no comprendían.
Supervivientes coreanos quebrados por dentro.
Y mi nombre, otra vez, brillando sobre toda la humanidad.
Cerré los ojos.
El segundo piso había terminado.