De todas las condiciones que Kim le pone al presidente, la que sale de Jiwon es la que mas me gusto: nadie interroga a un superviviente antes de una evaluacion medica. En una historia de torres y estadisticas es raro ver el poder usado para eso. Tengo la idea de que Jiwon va a terminar siendo la conciencia del grupo, incluso por encima de Kim. Gracias por seguir subiendo capitulos!
Capítulo 34: Sociedad del nuevo mundo (2)
Pensamiento
De todas las condiciones que Kim le pone al presidente, la que sale de Jiwon es la que mas me gusto: nadie interroga a un superviviente antes de una evaluacion medica. En una historia de torres y estadisticas es raro ver el poder usado para eso. Tengo la
Contenido de la publicación
Nos trasladan al departamento unas horas después. No es una decisión mía. Al principio intentan mantenernos dentro de una instalación militar, aislados y vigilados por médicos, soldados y funcionarios que no paran de entrar y salir. Pero ese es justamente el problema.
Demasiada gente. Demasiadas miradas. Demasiadas preguntas. Los rescatados quedan en un ala médica protegida, bajo supervisión psicológica y con seguridad directa de la Asociación. Jiwon discute durante casi diez minutos con los médicos antes de aceptar alejarse de ellos. No busca descansar: se aleja porque se está quedando sin magia y sin fuerzas. Tienen que sacarla casi a la fuerza. Kwon asegura que es la primera vez que ve a Jiwon dar más miedo que una criatura de la Torre. Nadie se ríe demasiado. Mi departamento ya no parece un departamento.
Parece un centro de mando disfrazado de hogar. Hay soldados en la entrada del edificio, agentes vestidos de civil en la calle y dos vehículos negros estacionados frente a la puerta. En el pasillo han instalado sensores y las ventanas tienen protección reforzada. Jang envió un equipo entero para buscar micrófonos, cámaras o cualquier objeto que no pertenezca al lugar.
Aun así, al entrar, el lugar se siente más seguro que cualquier sala blanca del gobierno. Quizá porque tiene paredes normales. Quizá porque huele a comida recalentada y no a desinfectante. O quizá porque, después de la Torre, cualquier habitación sin sangre en el suelo parece un lujo.
Kwon es el primero en dejarse caer sobre el sillón.
—Reclamo este territorio en nombre de mis heridas.
Jiwon lo mira desde la puerta.
—Tenés dos cortes superficiales y agotamiento.
—Y un trauma espiritual.
—Eso no se venda.
—Pero se respeta.
Mujin se sienta en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared. Tiene el torso vendado y una expresión molesta, como si sus costillas lo hubieran traicionado personalmente. Doyun deja el arco junto a la mesa, pero no se aleja de él.
Haejin se acuesta directamente sobre la alfombra.
—Me despiertan cuando el mundo deje de terminarse.
Eunbyeol no se sienta. Va hasta la mesa, abre su libreta y empieza a ordenar las páginas.
—Tenés que dormir —le digo.
—Estoy organizando los eventos antes de que se mezclen.
Me acerco y apoyo una mano junto a la libreta. Eunbyeol levanta la vista, pero sigue sujetando el lápiz.
—Anotá lo que no quieras olvidar y dejá el resto para mañana.
—Todavía hay decisiones pendientes.
—Ahora necesitás dormir.
La palabra sale más dura de lo que pretendo. Ella se queda inmóvil. Durante un segundo, veo a la otra Eunbyeol. La del cielo rojo. La que también intentaba mantenerse útil cuando apenas podía sostenerse. Suavizo la voz.
—No necesito que seas útil todo el tiempo.
Eunbyeol baja la mirada hacia la libreta cerrada.
—Entendido.
No estoy seguro de que lo entienda. Pero al menos se sienta. Kwon enciende la televisión.
—A ver qué tan mal está el mundo.
—No hace falta verlo ahora —dice Jiwon.
—Claro que hace falta. Si vamos a ser odiados internacionalmente, quiero enterarme en alta definición.
La pantalla se enciende. Y el caos entra en el departamento. Aparecen imágenes de Seúl. Multitudes se reúnen frente a pantallas gigantes. Algunos celebran. Otros lloran. Los familiares de cazadores que no regresaron golpean las puertas de edificios gubernamentales. Los periodistas hablan unos encima de otros. Analistas militares señalan mapas de grietas cubiertos por líneas rojas que marcan los intentos fallidos.
La franja inferior alterna los mismos titulares.
COREA DEL SUR, ÚNICO PAÍS EN COMPLETAR EL PISO 2. OTROS EQUIPOS INTERNACIONALES NO REGRESARON. KIM CHEONRO OBTIENE DESPEJE SSS. CLASIFICACIÓN: COREA DEL SUR 20 PUNTOS; ESTADOS UNIDOS 5; JAPÓN 3; CHINA 3. Kwon sube el volumen.
En la pantalla aparece una presentadora con el rostro pálido.
—Fuentes del gobierno confirman que al menos siete países enviaron equipos de cazadores al segundo piso en las últimas horas. Hasta el momento, solo el equipo surcoreano ha regresado con vida. Estados Unidos, Japón y varios países europeos han solicitado cooperación inmediata al gobierno de Corea del Sur...
La imagen cambia. Washington. Un vocero estadounidense frente a decenas de cámaras.
—La prioridad es proteger vidas humanas. Esperamos que la República de Corea comparta información operativa esencial para que otros países puedan preparar a sus cazadores.
Kwon inclina la cabeza.
—Traducción: dennos el manual porque mandamos gente sin leer las instrucciones.
Doyun habla sin apartar la vista de la ventana.
—No sabían qué había dentro.
—Nadie lo sabía —responde Jiwon.
—Nosotros tampoco.
—Nosotros teníamos al capitán.
El silencio posterior resulta incómodo. Porque es cierto. Y porque eso significa que los demás entraron casi ciegos. La transmisión cambia otra vez. Tokio. Un ministro japonés habla con un tono cuidadosamente controlado.
—La amenaza de las grietas no reconoce fronteras. Japón solicita una cooperación regional transparente y urgente. La seguridad de Asia oriental depende de una respuesta conjunta.
Kwon hace una mueca.
—Qué rápido aparece la palabra «regional» cuando otro tiene la información.
Eunbyeol vuelve a abrir la libreta desde la mesa, pese a mi orden anterior.
—Japón va a intentar presentar esto como un problema compartido para presionar por acceso igualitario.
—¿Y no lo es? —pregunta Jiwon.
—Sí —responde Eunbyeol—. Pero eso no significa que debamos entregar todo sin condiciones.
Jiwon frunce el ceño.
—Están muriendo personas.
—También morirán más si los gobiernos usan información incompleta para tomar decisiones políticas.
La respuesta es fría. Pero correcta. Haejin abre un ojo desde la alfombra.
—Odio admitirlo, pero la chica tiene razón.
La transmisión cambia a Pekín. El titular es más agresivo. CHINA PIDE MECANISMO MULTILATERAL PARA INFORMACIÓN DE GRIETAS. Un funcionario chino habla de «responsabilidad internacional», «estabilidad continental» y «evitar monopolios de información». Kwon suelta una risa.
—Monopolio de información. Qué elegante forma de decir «no nos gusta que Corea vaya primera».
Mujin levanta la cabeza.
—¿Van a amenazarnos?
—No al principio —respondo.
Todos me miran.
—Primero pedirán cooperación. Después insinuarán consecuencias. Después ofrecerán intercambios. Y si eso falla, algunos intentarán conseguir la información por otros medios.
Jiwon se tensa.
—¿Espionaje?
—Espionaje, sobornos, presión económica, ataques políticos, secuestros si son lo bastante estúpidos.
Kwon levanta la mano.
—Voto por que sean estúpidos. Necesito descargar el estrés acumulado.
—Bajá la mano.
La baja.
En la pantalla aparece una imagen de Europa. Varios líderes reunidos en una conferencia improvisada. Después Rusia, con un comunicado seco y sin cifras. Después, Corea del Norte. El canal no dispone de imágenes internas; solo lee las declaraciones oficiales.
—El régimen del Norte acusa al Sur de «ocultar el poder de las grietas bajo órdenes extranjeras» y exige que cualquier información relacionada con la seguridad de la península sea compartida «con todo el pueblo coreano».
Mujin aprieta la mandíbula.
—Van a usarlo como excusa.
—Por supuesto —respondo.
La península siempre ha sido una línea de pólvora a la espera de una chispa. Y la Torre acaba de arrojarle una antorcha. La pantalla vuelve a Corea. Esta vez muestra hospitales. Familiares. Cazadores llorando. Un hombre grita frente a un edificio militar.
—¡Mi hijo entró porque dijeron que Corea lo logró! ¡Díganme dónde está!
Nadie habla en el departamento. Jiwon baja la mirada. Sus manos tiemblan.
—No fue culpa nuestra —dice Doyun.
Jiwon observa a los familiares que golpean las puertas del edificio militar.
Kwon apaga la televisión. Nadie protesta. El departamento queda en silencio. Un silencio distinto al de la ciudad sin amanecer.
Entonces, vibra el teléfono seguro que Jang dejó sobre la mesa.
Lo miro. Eunbyeol también lo mira. El aparato vibra tres veces y atiendo.
—Kim Cheonro.
La voz del presidente suena al otro lado.
—Señor Kim. Lamento interrumpir su descanso.
Kwon murmura desde el sillón:
—No descansábamos. Nos deprimíamos con la tele.
Lo ignoro.
—Hable.
—Los gobiernos están presionando. Estados Unidos quiere una sesión estratégica en menos de doce horas. Japón pide un marco de cooperación regional. China exige que la información se maneje en una mesa multilateral. La Unión Europea solicita un protocolo común.
Hay un silencio breve.
—Necesitamos definir nuestra postura.
—Ya la definimos.
—Necesito escucharla con claridad.
Me apoyo contra la pared. El cuerpo todavía duele, pero el dolor es útil. Me mantiene despierto.
—Daremos información básica para todos. Información táctica bajo condiciones. Información estratégica solo para quienes acepten compromisos firmes.
—¿Qué tipo de compromisos?
Miro a Eunbyeol. Ella ya está escribiendo.
—Estados Unidos —digo— recibirá datos tácticos a cambio de apoyo médico, tecnología de contención, satélites y una garantía formal de no intervenir unilateralmente en grietas dentro de territorio coreano.
El presidente respira hondo.
—Tiene sentido.
—Japón recibirá cooperación regional limitada. Para información avanzada, deberán aceptar que la crisis de las grietas no se use para presionar sobre disputas territoriales ni para limpiar conflictos históricos.
El presidente no responde de inmediato. Todos en la sala entienden a qué me refiero. Dokdo. La ocupación japonesa. Heridas que siguen abiertas, aunque los políticos intenten envolverlas en palabras diplomáticas.
—Dígalo como condición de confianza. Si quieren compartir una crisis existencial, primero deben demostrar que no van a usarla para reescribir la memoria ni negociar territorio.
Eunbyeol levanta la vista.
—Puede formularse como «separación absoluta entre cooperación de grietas y disputas históricas o territoriales».
Asiento.
—Eso.
Al otro lado, escucho a alguien tomar nota.
—China —continúa el presidente.
—No acepte una mesa donde Corea pierda control sobre la información que consiguió con sus propios muertos. Exijan garantías de no represalias económicas, intercambio de datos sobre grietas cercanas al Mar Amarillo y compromiso de no presionar a empresas coreanas vinculadas al desarrollo de tecnología de cazadores.
—Eso será difícil.
—Todo lo importante lo es.
Kwon levanta el pulgar desde el sillón.
—Frase de póster.
Jiwon le arroja una almohada. El presidente continúa:
—¿Corea del Norte?
La temperatura del departamento parece bajar. Incluso Kwon deja de bromear.
—Nada directo —respondo—. Información humanitaria mínima a través de canales indirectos. Suficiente para evitar un colapso de grietas que afecte la península. Nada que puedan usar para militarizar cazadores contra el Sur.
—El Norte puede acusarnos de traición nacional.
—Lo hará de todos modos.
—También puede intentar entrar a una grieta sin preparación.
—Probablemente ya lo estén considerando.
El presidente guarda silencio. No necesito decir más. La frontera entre las dos Coreas no es una línea. Es una herida armada. Y ahora esa herida puede llenarse de monstruos.
—Rusia —dice finalmente.
—Intercambio mínimo y vigilancia máxima. Si no declara bajas, no sabemos qué ocurrió en sus instalaciones. No entregue información sensible hasta saber qué perdieron y qué trajeron de vuelta, si es que trajeron algo.
Haejin apenas se incorpora.
—Eso me preocupa.
—¿Qué cosa?
—Que un país no diga nada después de perder cazadores. Puede ser orgullo, pero también puede ser que algo haya salido mal y no quieran admitirlo.
Es una buena observación.
—Incluya eso en el informe —le digo a Eunbyeol.
Ella ya lo está escribiendo. El presidente escucha toda la conversación sin interrumpir. Luego baja la voz.
—Señor Kim, muchos de esos países perdieron personas hace pocas horas. Si Corea exige demasiado, nos acusarán de lucrar con sus muertos.
—Si Corea entrega todo sin condiciones, más personas morirán por decisiones apresuradas.
—¿Cuál es la diferencia moral?
Miro a Jiwon. Está sentada en el suelo, con las manos juntas, mirando una mancha invisible en sus dedos. Probablemente recuerda sangre. Probablemente recuerda a los rescatados. Probablemente se pregunta si compartir más información salvará a alguien que todavía está a tiempo.
—La diferencia —digo— es que no estamos vendiendo salvación. Estamos obligando a que quienes la pidan también asuman responsabilidad.
El presidente no responde.
—No les dé mapas para que manden novatos a morir. No les dé estrategias para que compitan por rankings. Deles advertencias, estructura y límites. Si quieren más, que acepten reglas.
Eunbyeol deja de escribir. Doyun levanta la mirada. Mujin asiente despacio. Jiwon cierra los ojos. No le gusta. Pero lo entiende. El presidente deja escapar un suspiro largo.
—Hay otra cuestión.
Espero.
—Los cazadores rescatados.
Jiwon levanta la cabeza de inmediato.
—¿Qué pasa con ellos?
El presidente oye su voz por el altavoz.
—Han preguntado por sus testimonios —explica el presidente—. Quieren saber si vieron cazadores de otros países dentro del piso. Todavía no hemos autorizado ningún contacto.
Jiwon se pone de pie.
—Manténganlo así. Esas personas ni siquiera pueden mirar una lámpara sin pensar que es la luna. Una de ellas cree que todavía tiene cadenas en el cuerpo. No van a usarlas como prueba diplomática.
Su voz tiembla de furia. El departamento queda inmóvil. Jiwon respira con rapidez. Kwon la mira con una seriedad inusual. Mujin no dice nada. Haejin baja la vista. El presidente habla con cuidado.
—Estoy de acuerdo.
Jiwon parece aflojarse un poco.
—Los testimonios serán médicos, protegidos y voluntarios —continúa—. No políticos.
—Bien —responde ella.
Después vuelve a sentarse, como si las piernas hubieran dejado de sostenerla. La observo. Jiwon aprendió algo en el segundo piso. No solo a sanar.
—Presidente —digo—, añada otra condición a cualquier acuerdo.
—Lo escucho.
—Protocolos de salud mental obligatorios para cazadores que regresen de pisos compartidos. Ningún gobierno podrá interrogar a supervivientes antes de evaluación médica independiente.
—Eso será complicado de imponer internacionalmente.
—Entonces Corea lo impone para compartir información avanzada.
El presidente tarda en responder.
—De acuerdo.
Kwon vuelve a encender la televisión, esta vez sin volumen. En pantalla aparece una multitud frente a la embajada coreana de algún país extranjero. Algunas personas sostienen carteles de agradecimiento. Otras exigen respuestas. Una mujer llora con una fotografía contra el pecho.
La imagen cambia a Seúl. Hay personas celebrando con banderas. Luego muestra a un grupo de manifestantes que acusa al gobierno de haber ocultado los peligros. Después aparece un panel de expertos discutiendo si Kim Cheonro es un héroe, una amenaza o un recurso nacional.
—«¿Debe Corea compartir a Kim Cheonro con el mundo?» —lee Kwon con una risa seca—. Qué lindo. Ya sos un producto de exportación.
—Apagá eso —dice Eunbyeol.
Kwon la mira y pulsa el botón sin responder. La pantalla queda negra. El presidente continúa en línea.
—Señor Kim.
—Sí.
—Necesito preguntarle algo de manera directa.
—Pregunte.
—¿Puede entrenar a más cazadores?
Todos en el departamento quedan inmóviles. El Orbe del amanecer pesa dentro de mi inventario aunque no lo sostenga. Una sola oportunidad. Un año dentro de un día. Un campo donde no podemos morir, pero sí fallar. Sí sufrir. Sí quebrarnos.
—Puedo entrenar a algunos —respondo.
—¿Cuántos?
—No muchos.
—¿Por qué?
—Porque entrenar no es llenar una sala con personas y gritarles que sobrevivan. Necesito talento, voluntad, compatibilidad y obediencia.
Kwon levanta la mano.
—Yo tengo dos de esas.
—Tenés una y media.
—Acepto.
El presidente no se ríe.
—Corea necesitará más equipos.
—¿Puede formar instructores?
Pienso en Mujin. En Kwon. En Jiwon. En Doyun. En Haejin. En Eunbyeol. Todavía están rotos. Todavía son novatos. Pero han visto el segundo piso. Han sobrevivido. Eso vale más que cien manuales.
—Con tiempo —respondo.
—No tenemos mucho.
El presidente guarda silencio.
—Hoy anunciaremos una cooperación internacional limitada —dice finalmente—. También informaremos que Corea iniciará un programa nacional de entrenamiento de cazadores bajo supervisión directa de la Asociación.
—No anuncie mi participación como si ya hubiera aceptado todos los términos. Primero quiero ver cómo van a seleccionar a los equipos.
—Le enviaremos el programa antes de publicarlo.
Al otro lado, el presidente deja escapar una risa cansada. No por humor. Por agotamiento.
—Señor Kim, usted tiene una forma muy particular de hablarle a un jefe de Estado.
—Los jefes de Estado también mueren si la Torre gana.
Nadie habla. Porque esa es la verdad que todos intentan evitar. La política puede negociar fronteras, orgullo, memoria, comercio y alianzas. Pero no puede negociar con un piso que traga cazadores y devuelve cadáveres.
—Descanse —dice el presidente al final—. Mañana lo necesitaré en una reunión cerrada.
—No prometo estar de buen humor.
—No lo espero.
La llamada termina. El departamento queda en silencio. Durante varios segundos, nadie se mueve. Después, Kwon se hunde un poco más en el sillón.
—Bueno. El mundo se está incendiando, los gobiernos quieren comprarnos, China quiere una mesa, Japón quiere cooperación, Estados Unidos quiere manual, el Norte probablemente va a gritar, Rusia está sospechosamente callada y nosotros tenemos que entrenar para un Infierno que no nos mata pero nos puede romper.
Mira a su alrededor.
—¿Me perdí algo?
Haejin levanta una mano desde la alfombra.
—Comida.
Mujin asiente.
—Mucha.
Doyun añade en voz baja:
—Y dormir.
Jiwon se cubre el rostro con ambas manos.
—Y terapia. Para todos.
Kwon me señala.
—Él necesita más.
—Yo estoy bien —digo.
Todos me miran. Incluso Eunbyeol. Especialmente Eunbyeol.
—Eso fue ofensivo para la inteligencia del grupo —dice Kwon.
Jiwon se pone de pie y señala la habitación.
—Te acostás.
—El informe puede esperar —añade antes de que responda—. Necesito que dejes de reabrirte la herida cada vez que te movés.
Mujin levanta la mano.
—Estoy con Jiwon.
—Vos no podés levantar el brazo sin que te duela.
—Pero puedo votar.
Doyun asiente. Haejin murmura sin abrir los ojos:
—Democracia médica.
Eunbyeol se acerca y deja mi libreta de informes sobre la mesa, lejos de mi alcance.
—Puede descansar una hora —dice.
Miro su lápiz. Ella entiende antes de que tenga que repetirlo y lo deja sobre la libreta.
—Los dos —añade.
Me sostiene la mirada. Por un segundo, no veo a la niña del futuro. Veo a la persona que está delante de mí. Está cansada. Herida. Asustada, aunque no quiera mostrarlo. Y viva. Jiwon señala la habitación.
—Acepto ese acuerdo. Ahora muévanse antes de que empiece a usar vendas como sogas.
Kwon abre la boca.
—Después de lo de las cadenas, pésima elección de palabras.
Jiwon se queda inmóvil. Su rostro pierde color. El comentario no es cruel. Solo torpe. Kwon se da cuenta de inmediato.
—Perdón.
Jiwon baja la mano despacio.
—Está bien.
Thoughts
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PermalinkEntre Washington, Pekín y Dokdo, el que me frenó fue el hombre gritando frente al edificio militar que su hijo entró porque dijeron que Corea lo había logrado. Ahí todo baja de los mapas a una persona, y lo que Kim negocia después por teléfono pesa distinto. Jiwon defendiendo a los rescatados que ven la luna en una lámpara es lo mismo visto desde dentro. Me apuesto a que ese padre vuelve a aparecer, y enfadado.
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PermalinkMujin con las costillas fisuradas diciendo que no levanta el brazo pero puede votar, ho. En el barco siempre había uno así, y era el primero en mandar al patrón a dormir. ¿Tú has estado en un grupo que te acuesta a votos?
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PermalinkDe todas las condiciones que Kim le pone al presidente, la que sale de Jiwon es la que mas me gusto: nadie interroga a un superviviente antes de una evaluacion medica. En una historia de torres y estadisticas es raro ver el poder usado para eso. Tengo la idea de que Jiwon va a terminar siendo la conciencia del grupo, incluso por encima de Kim. Gracias por seguir subiendo capitulos!
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PermalinkKwon soltándole "frase de póster" a Kim en plena llamada con el presidente, no manches jaja. Ese güey los mantiene cuerdos a todos.
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