Durante la semana siguiente, la presión internacional no deja de aumentar.
Los canales de noticias abandonan casi por completo cualquier otra programación. Ya no hablan de economía, elecciones ni conflictos fronterizos, salvo cuando están relacionados con la Torre.
Cada pocas horas aparece una nueva actualización.
Un país celebra.
Otro guarda silencio.
Y, detrás de cada anuncio, el contador continúa descendiendo.
La sala de la casa se convierte en una especie de punto de reunión. Kwon permanece acostado frente al televisor como siempre, pero ahora ni siquiera cambia de canal. Mujin observa las transmisiones de pie, con los brazos cruzados. Eunbyeol mantiene una libreta abierta sobre las piernas y anota los resultados confirmados. Hejin revisa las imágenes buscando rastros de magia residual, mientras Doyun escucha desde uno de los sillones.
Los niños también perciben que algo importante está ocurriendo.
Hablan menos.
Incluso cuando juegan, mantienen el volumen bajo.
En la televisión aparece un periodista estadounidense frente a la entrada de una instalación militar. Detrás de él, soldados, médicos y familiares rodean a un grupo de cazadores cubiertos de sangre.
Algunos caminan.
Otros salen en camillas.
Pero regresaron.
—¡Estados Unidos ha completado con éxito el segundo piso! —anuncia el periodista, elevando la voz por encima de los gritos—. El equipo de STARS consiguió destruir el núcleo del escenario y evacuar a diecinueve supervivientes. El gobierno acaba de confirmar oficialmente la victoria.
Las personas detrás de él empiezan a celebrar.
Soldados se abrazan.
Una mujer corre junto a una camilla, llorando mientras sostiene la mano del herido que transportan.
Kwon se incorpora un poco.
—Lo consiguieron.
—En el quinto intento —dice Eunbyeol.
—Sigue contando.
—Claro que cuenta.
La transmisión cambia.
Aparece la bandera británica sobre un edificio rodeado por periodistas.
—Reino Unido confirma la finalización del segundo piso —informa otra presentadora—. Ocho de los catorce integrantes regresaron con vida. La expedición recibió una calificación B.
Después llega China.
Las imágenes muestran una plaza llena de pantallas y filas de militares. El anuncio oficial aparece rodeado de música patriótica, aunque las autoridades no revelan la cantidad de participantes que regresaron.
—La República Popular China ha superado la prueba impuesta por la Torre —declara un portavoz—. Esta victoria demuestra la disciplina y fortaleza de nuestra nación.
—No dieron cifras —murmura Doyun.
—Entonces fueron malas —responde Kwon.
Japón lo consigue unas horas después.
Francia y Alemania anuncian una victoria conjunta, aunque Reino Unido acusa a la coalición europea de utilizar parte de la información obtenida por sus supervivientes sin reconocerlo públicamente.
Rusia confirma el éxito, pero mantiene cerradas sus instalaciones militares.
Canadá.
Australia.
India.
España.
Brasil.
México.
Turquía.
Algunos completan el piso con equipos reducidos.
Otros lo hacen después de sacrificar a casi todos sus participantes.
Cada victoria provoca celebraciones inmediatas. Las calles se llenan de banderas, discursos y personas llorando de alivio.
Sin embargo, todavía faltan muchos.
Demasiados.
Países sin despertados suficientes.
Naciones que perdieron a sus mejores equipos durante las primeras incursiones.
Gobiernos que esperaron hasta el último momento por miedo a enviar a sus combatientes.
Otros que continúan discutiendo quién debe dirigir mientras el tiempo se agota.
La pantalla se divide en decenas de transmisiones simultáneas.
Hospitales llenos.
Familias rezando.
Soldados bloqueando carreteras.
Manifestantes golpeando las barreras que rodean las Torres.
En algunos países exigen que se realice una última incursión.
En otros piden que nadie más sea enviado a morir.
Ya nadie sabe cuál de las dos decisiones es la correcta.
Entonces aparece el contador.
[Tiempo restante: 10 minutos]
La tensión se vuelve física.
Puedo sentirla incluso dentro de la casa.
Kwon deja de comer.
Mujin se sienta por primera vez en varias horas.
Hejin cierra sus cuadernos.
Los periodistas hablan cada vez más rápido, repitiendo resultados incompletos y rumores que nadie tuvo tiempo de verificar.
—Se confirma una nueva expedición en Europa oriental.
—El gobierno sudafricano perdió contacto con su equipo.
—La incursión de Indonesia continúa activa.
—Argentina todavía no confirmó si su último grupo alcanzó el santuario central.
—Las autoridades solicitan a la población permanecer en sus hogares.
En las calles, las protestas crecen.
Algunos creen que el sistema castigará únicamente a los cazadores.
Otros aseguran que desaparecerán países completos.
Un supuesto experto afirma que las Torres explotarán.
Otro sostiene que no ocurrirá nada y que el contador solo fue una forma de presionar a la humanidad.
Los canales repiten teorías terribles porque el miedo mantiene a las personas frente a las pantallas.
Otros intentan desestimar la amenaza para evitar el pánico.
Nadie tiene pruebas.
Nadie sabe la respuesta.
Ni siquiera yo.
Conozco la crueldad de la Torre.
Pero no recuerdo esta penalización con suficiente claridad.
En mi vida anterior, demasiados eventos ocurrieron al mismo tiempo. Las primeras sanciones se mezclaron con guerras, derrumbes de gobiernos y grietas apareciendo por todo el mundo.
Recuerdo las consecuencias.
No las reglas exactas.
[Tiempo restante: 1 minuto]
Un silencio extraño invade la sala.
Los periodistas continúan hablando, pero parece que sus voces llegan desde muy lejos.
Eunji se encuentra sentada a mi lado.
Tiene las piernas recogidas contra el pecho y los ojos clavados en el televisor. No tiembla. Tampoco llora.
—¿Qué va a pasar cuando termine el contador? —pregunta.
Su voz es baja.
La miro.
Durante un instante considero mentirle.
Decirle que no ocurrirá nada.
Que el mundo estará bien.
Pero ella ya escuchó demasiadas mentiras dichas con buenas intenciones.
—No lo sé —respondo—. Pero no te preocupes. Soy muy fuerte.
Intento sonreír.
Eunji gira apenas la cabeza hacia mí.
No parece tranquilizada.
Tampoco creo que lo necesitara.
Después de todo lo que vivió, ya comprendió que ser fuerte no significa poder impedir que ocurran cosas malas.
Solo significa tener una oportunidad de enfrentarlas.
Vuelve a mirar la televisión.
Su mano busca la mía sobre el sillón.
No dice nada.
Yo tampoco.
[Tiempo restante: 10 segundos]
Todos se callan.
Incluso los niños dejan de moverse.
En cada pantalla del mundo aparece el mismo contador.
[9][8][7]
Una periodista intenta continuar hablando.
Su voz se quiebra antes de terminar la oración.
[6][5][4]
Kwon se inclina hacia adelante.
Mujin aprieta los puños.
Eunbyeol deja el lápiz sobre la libreta.
[3][2][1]
El contador desaparece.
Durante una fracción de segundo no ocurre nada.
Después, una ventana azul cubre mi visión.
[Anuncio mundial][Ha finalizado el tiempo concedido para completar el piso 2.]
Una segunda ventana aparece debajo.
[Resultados mundiales confirmados.][Países participantes que completaron con éxito el piso 2: 40 %.][Países participantes que no completaron el piso 2: 60 %.]
La sala permanece en completo silencio.
Cuarenta por ciento.
Menos de la mitad.
A pesar de los informes.
A pesar de las estrategias compartidas.
A pesar de las miles de vidas sacrificadas durante los intentos.
La mayoría fracasó.
La ventana cambia.
[Atención][Se procederá a aplicar una sanción individual a cada país que no haya completado con éxito el piso 2.]
Espero el siguiente anuncio.
No aparece.
La ventana desaparece frente a mí.
Corea superó el piso.
La sanción no nos corresponde.
Pero en las pantallas extranjeras, los periodistas comienzan a reaccionar.
En varios países, las transmisiones se interrumpen al mismo tiempo.
Algunos presentadores levantan la mirada hacia ventanas que nosotros no podemos ver.
Otros empiezan a leer mensajes que solo aparecen dentro de sus territorios.
La señal cambia a un canal sudamericano.
Un periodista argentino permanece sentado frente a una mesa cubierta de documentos. Detrás de él hay una pantalla con un mapa del país.
Está hablando cuando se detiene.
Sus ojos se elevan lentamente.
—Eh...
La mujer que lo acompaña lo mira.
—¿Qué ocurre?
El hombre no responde.
Su rostro pierde color mientras lee algo suspendido frente a él.
—Atención —consigue decir finalmente—. Acaba de aparecer un anuncio del sistema dentro del territorio argentino.
El estudio queda en silencio.
El periodista traga saliva.
—Se ha aplicado una sanción sobre la República Argentina por no completar el segundo piso dentro del plazo establecido.
La pantalla detrás de él cambia automáticamente.
El mapa del país se acerca hacia el sur.
Una zona de Chubut comienza a parpadear en rojo.
—El sistema informa que se abrirá una grieta en la provincia de Chubut —continúa—. La ubicación aproximada se encuentra en una zona cordillerana, alejada de los principales centros urbanos, pero...
Se detiene al recibir nueva información por el auricular.
—Las Fuerzas Armadas y los servicios de emergencia ya fueron notificados. Se solicita a la población de las localidades cercanas que permanezca dentro de sus hogares y no intente acercarse.
Las imágenes cambian.
Cámaras de tránsito muestran una carretera vacía.
El cielo sobre las montañas comienza a deformarse.
Primero parece una línea negra.
Después, una grieta vertical se abre en el aire.
No es grande.
Todavía.
La oscuridad del interior late como si respirara.
Otro canal informa de una abertura en Chile.
Después Perú.
Sudáfrica.
Egipto.
Polonia.
Indonesia.
Decenas de transmisiones aparecen al mismo tiempo.
En cada país sancionado se abre una grieta.
Algunas surgen en desiertos.
Otras en bosques.
Una aparece a pocos kilómetros de una ciudad.
Otra se abre sobre el mar.
Los periodistas hablan todos a la vez.
—¡Se confirma actividad monstruosa!
—Las tropas están siendo desplegadas.
—El gobierno ha declarado el estado de emergencia.
—Se solicita la evacuación inmediata.
—No se acerquen a la zona.
Entonces una nueva ventana aparece frente a todos.
[Anuncio mundial]
[Las grietas de penalización permanecerán activas durante 2 horas]
[Durante ese periodo, las criaturas del interior podrán ingresar al mundo exterior.]
[Cada país que cierre con éxito su grieta reducirá en 5 minuto el tiempo restante de todas las demás grietas de penalización.]
[El cierre debe realizarse destruyendo el núcleo situado en el interior.]
[Los países que completaron el piso 2 no recibirán una grieta de penalización.]
Kwon se pone de pie.
—¿Cada grieta cerrada reduce el tiempo de las demás?
—Sí —responde Eunbyeol inmediatamente—. Es una sanción colectiva.
La observo.
Ella ya está calculando.
—Los primeros países en cerrarlas ayudarán a los que tengan menos recursos —continúa—. Pero también podrían decidir esperar y dejar que otros asuman el riesgo.
—No pueden ser tan estúpidos —dice Mujin.
Eunbyeol lo mira.
—Son países.
Eso basta como respuesta.
En la televisión, la grieta de Chubut continúa expandiéndose.
Vehículos militares avanzan por la carretera.
Helicópteros cruzan el cielo.
La cámara tiembla cuando algo golpea desde el otro lado.
Una garra oscura emerge de la abertura.
Después otra.
La criatura cae sobre la tierra cubierta de nieve y levanta la cabeza.
Tiene cuatro patas, la piel endurecida como piedra y una boca demasiado grande para su cráneo.
Detrás aparecen más siluetas.
El periodista argentino deja de intentar ocultar el miedo.
—Se confirma la salida de criaturas. Las fuerzas desplegadas se encuentran a menos de diez minutos de la zona.
En otra transmisión, una grieta aparece junto a una población africana que no posee un ejército capaz de responder.
En otra, los soldados disparan antes de que la abertura termine de formarse.
En otra, cientos de civiles corren por las calles.
El caos se extiende incluso hacia los países que completaron el piso.
Las bolsas caen.
Los aeropuertos cierran.
Los gobiernos movilizan tropas hacia sus fronteras por miedo a que los monstruos crucen desde territorios vecinos.
Las personas salen a las calles exigiendo que sus cazadores sean enviados a ayudar.
Otras protestan para impedir que abandonen el país.
El mundo entero empieza a moverse al mismo tiempo.
Eunji aprieta mi mano.
—Dijiste que eras fuerte.
—Lo soy.
—¿Vas a ir?
Miro las decenas de grietas que aparecen en la pantalla.
No puedo estar en todas.
Nuestro país no recibió una sanción. Abandonar Corea sin coordinación podría convertir una crisis extranjera en una vulnerabilidad propia.
Pero tampoco podemos permanecer sentados mientras las criaturas atraviesan las fronteras.
Mi teléfono empieza a sonar.
En la pantalla aparece el nombre de Jang Seongho.
No necesito responder para saber por qué llama.
El Gobierno ya debe estar recibiendo solicitudes de ayuda de todos los continentes.
Contesto.
—Dígame —dice Jang, sin perder tiempo—. ¿Podemos cerrar esas grietas?
Observo el anuncio.
Treinta minutos.
Un minuto menos por cada país que destruya su núcleo.
No es solo una penalización.
Es una prueba.
La Torre quiere comprobar si las naciones colaborarán bajo presión o si esperarán a que otras mueran por ellas.
—Sí —respondo—. Pero no llegaremos a todas.
—El presidente está reuniendo al gabinete. Estados Unidos, Japón y varios países europeos ya solicitaron apoyo.
—¿Y Sudamérica?
—Brasil completó el piso. Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Uruguay y Paraguay recibieron sanciones. Están intentando coordinar cazadores y transporte aéreo.
En la televisión, la criatura de Chubut embiste un vehículo militar.
La cámara se corta.
—Envíe nuestros informes sobre destrucción de núcleos a todos —ordeno—. Sin restricciones.
Jang guarda silencio durante un instante.
—¿También a países hostiles?
—A todos.
—Entendido.
—Y comuníquese con los países que completaron el piso. Necesitamos equipos de apoyo listos para cruzar fronteras.
—China no aceptará recibir órdenes coreanas.
—Entonces dígales que cada grieta que cierren también reduce su propio riesgo regional.
—Eso podría funcionar.
Corto la llamada.
El contador mundial aparece en una esquina de la televisión.
[Tiempo restante de las grietas de penalización: 1 hora 59 minutos 30 segundos]
Todavía ninguna fue cerrada.
En docenas de países, los monstruos continúan saliendo.
Kwon ya no está acostado.
Mujin camina hacia el campo de entrenamiento para buscar su equipo.
Doyun toma el arco.
Hejin empieza a abrir sus paneles mágicos.
Eunbyeol organiza mapas sobre la mesa.
Jiwon llama al centro médico para preparar suministros.
Los niños los observan.
—¿A dónde vamos? —pregunta Kwon.
—Todavía no lo sé.
—Pero vamos a algún lugar.
Miro las imágenes del mundo desmoronándose en tiempo real.
Argentina intenta contener una grieta en Chubut.
Ejércitos enteros se despliegan en Asia.
Pueblos sin cazadores cierran sus puertas y esperan.
Sesenta por ciento de los países participantes acaban de recibir la misma sentencia.
El sistema ofreció una forma de reducirla.
Solo necesitan colaborar.
Una tarea que, para la humanidad, puede resultar más difícil que cualquier piso de la Torre.
El contador continúa descendiendo.
[1 hora 58 minutos, 47 segundos]
La primera semana fue una carrera contra el tiempo.
Esto es diferente.
Ahora cada país sostiene en sus manos una parte del tiempo de todos los demás.
Y el mundo está a punto de demostrar si aprendió algo.
O si necesita otra catástrofe para entenderlo.