Subo a la parte más alta de la muralla y observo el avance enemigo.
Ochocientos muertos.
Quizá un poco menos después de la huida de los otros apóstoles.
No es un número imposible.
Pero tampoco es una amenaza que esta ciudad pueda ignorar.
La mayoría son esqueletos comunes, soldados antiguos con espadas oxidadas, lanzas quebradas y escudos carcomidos. Sus cuerpos están unidos por runas rojas grabadas en los cráneos, las costillas o la columna. Entre ellos avanzan arqueros, jinetes montados sobre caballos de hueso y dos criaturas grandes formadas por restos de animales.
Detrás de todos, el último apóstol camina con calma.
No corre.
No necesita hacerlo.
Su túnica negra se arrastra sobre la tierra y, sobre su cabeza, flota una media luna roja. Cada vez que la luna palpita, los muertos corrigen su formación.
-Cinco nodos -dice Hejin, forzando la vista-. No... seis. Hay seis núcleos secundarios repartidos entre las tropas.
-Doyun -llamo.
El arquero ya tiene una flecha preparada.
-Los veo.
-No dispares todavía.
Frunce el ceño.
-Están a alcance.
-Y si fallás, el apóstol sabrá exactamente desde dónde lo apuntamos.
Doyun baja apenas el arco.
No le gusta la orden, pero obedece.
Eso es bueno.
Todavía le falta experiencia, pero no orgullo.
Eunbyeol extiende un mapa improvisado sobre una tabla. Con carbón marca las puertas, las calles principales y los sectores donde la muralla está más dañada.
-Si atacan por la puerta principal, Mujin puede contenerlos, pero si escalan por los laterales vamos a quedar cortos.
-Kwon se encargará de los laterales.
Kwon sonríe desde una almena.
-Por fin alguien reconoce mi valor.
-Tu tarea es cortar cráneos y romper runas, no hacerte el héroe.
-Eso reduce bastante mi valor.
-También tus probabilidades de morir.
Jiwon llega corriendo desde el patio interior, con las manos todavía manchadas de sangre.
-Los heridos están en la iglesia vieja. Los que pueden sostener una venda están ayudando. Los que pueden caminar, trasladan agua y telas.
-Bien.
-No es "bien". Es un desastre con forma de hospital.
-Entonces mantenelo con forma.
Ella me mira como si quisiera insultarme, pero solo asiente.
Mujin, en cambio, no aparta los ojos del ejército.
-¿Cuándo salimos?
-No salimos.
Su mandíbula se tensa.
-Si esperamos a que lleguen, van a golpear la puerta.
-Eso es lo que quiero.
Mujin gira hacia mí.
-¿Quiere que lleguen?
-Quiero que entren en el alcance de la llama.
Señalo el resplandor azul del campanario.
-Mientras peleemos cerca de la ciudad, sus movimientos serán más lentos y sus runas más inestables. Si salimos al campo abierto, ellos ganan.
Mujin aprieta la empuñadura.
Quiere cargar.
Lo veo en sus ojos.
Tiene fuerza, valor y resistencia.
Pero aún piensa como alguien que cree que la valentía puede reemplazar una muralla.
-Tu lugar es la puerta -le digo-. No porque seas el más fuerte, sino porque sos el único que puede convertir ese punto estrecho en una pared.
Eso lo calma.
No por completo.
Pero lo suficiente.
El ejército se acerca.
Los primeros esqueletos cruzan el límite exterior de la llama.
Sus pasos se vuelven más pesados.
La luz roja de sus cráneos parpadea.
El apóstol levanta una mano.
Los nodos secundarios responden.
Seis esqueletos altos, cada uno con un bastón de hueso y un núcleo rojo en el pecho, se separan de la formación. No avanzan al frente. Se mantienen protegidos entre escudos y arqueros.
Inteligente.
-Ahora -digo.
Doyun suelta la cuerda.
La flecha atraviesa la noche.
No apunta al soldado que está delante.
No apunta al escudo.
Pasa por un espacio absurdo entre dos costillas, roza el borde de una lanza y golpea el núcleo del primer nodo.
La esfera roja se rompe.
Casi cincuenta esqueletos tropiezan al mismo tiempo.
Algunos caen.
Otros se quedan inmóviles durante tres segundos.
Suficiente.
-Primer nodo destruido -dice Doyun.
Una ventana apenas visible aparece junto a él.
---
[Ojo de trayectoria - B activado.]
[Cálculo de línea de impacto asistido.]
---
-Segundo nodo, al oeste -indica Eunbyeol-. Se está moviendo detrás de los escudos.
Doyun cambia de objetivo.
Pero esta vez dispara demasiado rápido.
La flecha golpea el borde del escudo enemigo y se desvía.
El nodo no cae.
El apóstol levanta la cabeza hacia la muralla.
-Nos vio -murmura Hejin.
-No importa. Ya sabemos que puede reaccionar.
El aire se llena de flechas enemigas.
-¡Escudos arriba! -grita Eunbyeol.
Los ciudadanos obedecen tarde.
Demasiado tarde.
Tres flechas pasan sobre la primera línea y se clavan en la muralla. Una roza el hombro de un guardia. Otra golpea el cuello de un hombre que no levantó el escudo a tiempo.
Cae hacia atrás, ahogándose.
Jiwon corre hacia él.
-¡No abandones tu puesto! -le grito.
Ella se detiene.
Sus ojos se abren con rabia.
-¡Se está muriendo!
-Y si abandonás el puesto médico, morirán diez más.
Durante un segundo parece que va a desobedecerme.
Después aprieta los dientes y vuelve hacia la iglesia.
Es cruel.
Pero correcto.
Todavía no entiende que en un asedio no se salvan personas una por una.
Se salva una estructura.
Si la estructura cae, todos mueren.
Hejin extiende ambas manos.
Varios círculos mágicos aparecen frente a la muralla.
-Voy a romper su línea de arqueros.
-No uses un hechizo grande.
-Puedo hacerlo.
-No dije que no puedas. Dije que no lo hagas.
Demasiado tarde.
El círculo se expande.
La tierra bajo los arqueros enemigos se ilumina en azul. Durante un instante, el mana de Hejin altera las runas de los esqueletos y una docena de cuerpos se desmonta en piezas separadas.
Es efectivo.
Demasiado efectivo.
Y consume demasiado.
Hejin retrocede un paso, pálida.
-Maldita sea...
-Conjuros pequeños -le digo-. Rompé conexiones, no formaciones enteras. Todavía faltan veintitrés horas.
Ella respira con dificultad.
-Entendido.
Los muertos llegan a la puerta principal.
El primer impacto hace temblar la madera reforzada.
Luego otro.
Y otro.
Mujin desciende al patio interior con veinte ciudadanos armados.
-Cuando rompan la puerta, no empujen -ordeno-. Déjenlos entrar de a pocos.
-¿Dejarlos entrar? -pregunta un guardia.
-El marco de la puerta es nuestra garganta de botella. Allí los números no importan.
Mujin sonríe.
-Eso sí me gusta.
La puerta cruje.
Los tablones se astillan.
Una lanza ósea atraviesa la madera.
Después otra.
Finalmente, el centro se rompe y varios esqueletos intentan entrar a la vez.
Mujin avanza.
---
[Vanguardia indomable - B activada.]
[Al mantener una posición frontal contra enemigos superiores en número, la estabilidad corporal y resistencia al retroceso aumentan.]
---
Su espada golpea el primer cráneo como un martillo.
No lo corta.
Lo destruye.
La luz roja se apaga y el cuerpo cae en pedazos. El siguiente esqueleto intenta pasar por encima, pero Mujin lo recibe con el hombro y lo estrella contra el marco. Varias costillas se rompen. Luego atraviesa el núcleo con la punta de la espada.
-¡Uno a la vez! -ruge-. ¡Vengan de a uno!
El problema es que los muertos no obedecen burlas.
Tres entran juntos por el lado derecho.
Mujin gira para golpearlos y deja descubierto el centro.
Falta de experiencia.
Quiere responder a todo.
Eso abre la formación.
Me lanzo desde la muralla al patio y aterrizo junto a él.
-No persigas.
Mi espada rompe el cráneo del primero, atraviesa la columna del segundo y patea el tercero de vuelta contra la puerta.
-Vos sos la pared. Las paredes no corren detrás de nadie.
Mujin traga la respuesta.
Vuelve a su posición.
Mejor.
En el lateral oeste, varios esqueletos empiezan a escalar.
No usan escaleras.
Clavan dedos de hueso entre las grietas de la piedra y suben como insectos.
Kwon aparece sobre ellos.
---
[Corte incapacitante - B activado.]
[Los ataques dirigidos a articulaciones, puntos de unión o sellos motores aumentan su eficacia.]
---
Sus cuchillos golpean las runas en la base de los cráneos, las uniones de los hombros y las vértebras superiores. No busca matar de un solo golpe. Desarma.
Un esqueleto pierde el brazo.
Otro cae al vacío cuando Kwon separa su columna del cráneo.
Un tercero alcanza la almena.
Kwon le clava el cuchillo en la runa frontal y lo empuja con el pie.
-Demasiado fácil.
Entonces comete el error.
Salta fuera de la muralla para alcanzar a un nodo que cree cercano.
-¡Kwon! -grita Eunbyeol.
El nodo era carnada.
Tres esqueletos con lanzas se levantan desde una zanja bajo la muralla y lo rodean.
Kwon esquiva el primero.
Rompe la muñeca ósea del segundo.
Pero el tercero le corta la ruta de regreso.
No tiene miedo.
Ese es su problema.
Todavía confunde confianza con invulnerabilidad.
Estoy por moverme cuando Doyun dispara desde la muralla.
La flecha atraviesa el cráneo del esqueleto que bloqueaba el retorno.
Kwon aprovecha el espacio, salta sobre el cadáver y escala la muralla con ayuda de una cuerda.
Cuando llega arriba, Eunbyeol lo golpea en la nuca con la libreta.
-¡No salgas del patrón defensivo!
-Fue una maniobra táctica.
-Fue una estupidez con piernas.
-Técnicamente sigo teniendo las dos.
-Por ahora.
No puedo evitar una leve sonrisa.
Pero desaparece rápido.
El apóstol vuelve a mover su mano.
Los dos esqueletos animales avanzan.
Uno parece un toro formado por costillas, mandíbulas y astas de hueso. El otro, una especie de lobo enorme con tres cráneos unidos en el mismo cuello.
No atacan la puerta.
Atacan la base de la muralla.
Quieren romper el muro.
-Hejin.
-Los veo.
-No los destruyas. Frenales las conexiones.
Ella asiente, esta vez sin discutir.
---
[Cálculo mágico - B activado.]
[Analizando estructura de mana objetivo.]
---
Sus ojos se iluminan con líneas azules.
No lanza una explosión.
Dibuja tres símbolos pequeños en el aire y los envía contra el toro.
El primero golpea la pata delantera.
El segundo alcanza la columna.
El tercero se clava en el núcleo escondido entre las costillas.
La criatura no muere.
Pero su cuerpo pierde sincronización.
La pata derecha intenta avanzar mientras la izquierda queda rígida. El toro cae de costado y se estrella contra el suelo antes de alcanzar la muralla.
-Doyun -dice ella.
-Ya está.
La flecha del arquero entra por una abertura entre las costillas y destruye el núcleo.
La bestia se desarma.
El lobo de tres cráneos salta sobre los restos.
Demasiado rápido.
Va directo hacia la zona donde Jiwon atiende a los heridos.
-Mujin, mantené la puerta.
-¡Pero esa cosa va hacia-!
-¡Mantené la puerta!
Duda.
Solo un instante.
Después obedece.
Bien.
Yo corro.
La bestia aterriza en el patio interior. Tres ciudadanos intentan detenerla con lanzas. El lobo los aparta con un golpe del cuerpo. Uno cae contra una pared. Otro pierde el escudo.
Jiwon se coloca frente a los heridos.
Sus manos tiemblan, pero no retrocede.
---
[Manos de misericordia - B activada.]
[Prioridad de estabilización aumentada.]
---
No es una habilidad ofensiva.
Aun así, la usa con inteligencia.
Toca al guardia que cayó contra la pared y detiene la hemorragia de su cabeza lo suficiente para que no muera en el acto. Luego arrastra a otro herido fuera de la trayectoria de la bestia.
Pero se queda demasiado tiempo.
El lobo levanta una garra.
Llego antes.
Mi espada rompe el primer cráneo.
El segundo intenta morderme el brazo.
Le clavo la mano en la mandíbula y lo estrello contra el suelo.
El tercer cráneo abre la boca y libera una niebla negra.
Contengo la respiración, giro la espada y atravieso el núcleo central.
La criatura se derrumba.
Jiwon me mira con los ojos muy abiertos.
-Gracias.
-Cuando evacuás heridos, primero movés el cuerpo, después cerrás la herida.
-Si no cerraba la herida, moría.
-Si morías vos, morían todos los que están atrás.
La frase le duele.
Lo veo.
Pero la entiende.
Regreso a la muralla.
El segundo nodo cae bajo una flecha de Doyun.
El tercero, destruido por un sello pequeño de Hejin que desestabiliza el núcleo y permite que los soldados lo rematen con lanzas.
El cuarto intenta ocultarse detrás de los arqueros.
Eunbyeol lo detecta primero.
---
[Lectura del campo - B activada.]
[Patrones de movimiento enemigos analizados.]
---
-¡No miren a los arqueros! -grita-. ¡El nodo está detrás del grupo que no dispara!
Doyun cambia el ángulo.
-No tengo línea.
-Kwon, torre oeste -ordena ella-. Hacé que giren.
Kwon corre sin discutir.
Eso es raro.
Quizá la batalla lo está educando.
Lanza una daga contra un esqueleto del flanco. No busca matarlo. Busca llamar su atención. El grupo gira hacia él.
Durante medio segundo, el nodo queda visible.
Doyun dispara.
Impacto limpio.
Cuarto nodo destruido.
La formación enemiga se vuelve más torpe.
Los esqueletos siguen avanzando, pero ya no actúan como ejército.
Ahora son grupos separados, unidos solo por la voluntad del apóstol.
Y eso lo obliga a acercarse.
Lo veo caminar entre sus propios muertos.
La media luna roja sobre su cabeza late con más fuerza.
-Está entrando en el alcance de la llama -dice Hejin.
-No tiene opción -respondo.
El apóstol levanta ambos brazos.
Los dos nodos restantes se rompen voluntariamente.
Su energía vuela hacia él en forma de hilos rojos.
Los esqueletos cercanos se detienen.
Después empiezan a unirse.
No todos.
Solo unos cien.
Cráneos, costillas y columnas se separan de sus cuerpos y vuelan hacia el centro de la llanura, formando una estructura humanoide de seis metros. No es tan grande como el gólem de la montaña, pero está mejor construido.
Cada hueso encaja con precisión.
Y en el centro, el apóstol entra en la criatura como si se colocara una armadura.
-Eso no estaba en el plan -murmura Kwon.
Eunbyeol aprieta el mapa.
Por primera vez desde que empezó el asedio, su expresión se quiebra un poco.
No esperaba que el enemigo sacrificara sus propios nodos.
La falta de experiencia aparece en ese instante.
No porque no sea inteligente.
Sino porque todavía cree que un plan correcto debería mantenerse.
-Eunbyeol.
Me mira.
-Reorganizá.
-Pero la puerta-
-El plan murió. Hacé otro.
Sus dedos tiemblan.
Solo un momento.
Después respira.
Mira el campo.
Mira las murallas.
Mira a los heridos, a Doyun, a Hejin, a Kwon, a Mujin.
-Doyun, apuntá a las articulaciones grandes de esa cosa. No al núcleo. Todavía está cubierto. Hejin, reforzá las zonas donde las flechas impacten. Kwon, limpiá la muralla. Mujin...
Su voz se afirma.
-Mujin, salí por la puerta cuando el capitán dé la señal y golpeá la pierna izquierda.
Mujin sonríe.
-Ahora sí.
Eunbyeol me mira.
-Usted va por el apóstol.
-Buen plan.
-Lo acabo de inventar.
-Los mejores planes suelen nacer bajo presión.
La criatura de huesos avanza.
Cada paso hace temblar la tierra.
La llama azul la ralentiza, pero no la detiene. El apóstol está usando su propio cuerpo como núcleo principal.
Eso lo vuelve peligroso.
También vulnerable.
-Abran la puerta -ordeno.
Los ciudadanos dudan.
-¡Abran! -grita Eunbyeol.
La puerta principal se abre lo suficiente.
Mujin sale primero.
Yo lo sigo.
Kwon aparece sobre la muralla, cortando los últimos esqueletos que intentan escalar. Doyun apunta desde arriba. Hejin concentra mana en sus dedos. Jiwon organiza a los heridos lejos del impacto.
La criatura levanta una pierna para aplastarnos.
-Ahora -digo.
Doyun dispara.
La flecha impacta en la rodilla izquierda, entre tres fémures fusionados.
No rompe la estructura.
Pero marca el punto.
Hejin lanza un sello azul sobre la flecha.
La unión mágica se distorsiona.
Mujin entra.
Su espada golpea exactamente donde ambos prepararon el daño.
La pierna izquierda del gigante se quiebra.
La criatura cae sobre una rodilla.
-¡Retrocedé! -grito.
Mujin intenta dar otro golpe.
Error.
Siempre quiere aprovechar demasiado.
El gigante abre una mano enorme y lo golpea de costado.
Mujin alcanza a cubrirse con el escudo, pero sale despedido varios metros y rueda por el suelo.
Su armadura Rompefilas absorbe parte del impacto, pero aun así escupe sangre.
-¡Mujin! -grita Jiwon desde la muralla.
-Está vivo -digo.
No tengo tiempo de comprobar más.
El gigante baja el brazo hacia mí.
Activo la fuerza en las piernas y salto.
El puño golpea la tierra donde estaba un instante antes.
Subo por el brazo como hice con el gólem anterior, pero esta vez los huesos se separan para impedirme apoyar los pies. El apóstol aprendió del otro santuario.
O compartían memoria.
Varios dedos de hueso intentan cerrarse sobre mí.
Corto dos.
Piso un cúbito.
Me impulso hacia el hombro.
Una voz resuena dentro de la armadura de cadáveres.
-El que mató a Vhalgor cree entender la noche.
Así se llamaba el anterior.
No me importa.
-Entiendo lo suficiente.
La media luna roja brilla.
Una presión cae sobre mi mente.
Quiere arrastrar recuerdos.
Quiere debilitar mi cuerpo.
Entonces el título responde.
---
[Enemigo de la oscuridad - S activado.]
[Objetivo reconocido: nigromante.]
[Fuerza +20 %.]
[Destreza +20 %.]
[Resistencia +40 %.]
---
El dolor se reduce.
La presión mental pierde fuerza.
Sonrío.
-Elegiste mal enemigo.
Llego al hombro del gigante.
El núcleo principal está en el pecho, cubierto por capas de costillas y cráneos. En el centro, dentro de aquella jaula, está el apóstol.
Doy un tajo.
Las primeras costillas se rompen.
El gigante se golpea el pecho para aplastarme contra sí mismo.
Salto hacia atrás, caigo sobre su antebrazo y vuelvo a impulsarme.
Desde la muralla, Doyun dispara tres flechas seguidas.
Una rompe una runa del hombro.
Otra separa parte de la clavícula.
La tercera abre una grieta en la caja torácica.
Hejin refuerza la grieta con un sello.
La estructura empieza a separarse.
Kwon aparece de pronto desde el lado derecho.
Había bajado por una cuerda sin que nadie lo notara.
-¡Capitán!
-Te dije que no salieras.
-Técnicamente nunca dije que obedecía.
Salta sobre la pierna sana de la criatura y clava ambos cuchillos en dos runas de movimiento.
La pierna pierde coordinación.
El gigante se inclina.
Eso abre el pecho.
-¡Ahora! -grita Eunbyeol desde la muralla.
No necesito más.
Activo Masacre.
No porque esté solo ante cien enemigos cercanos.
Sino porque los restos fusionados de aquellos esqueletos siguen contando como una horda hostil dentro del radio.
---
[Masacre - SS activada.]
[Condición cumplida.]
[Ataque +30 %.]
---
Todo mi cuerpo se vuelve más ligero.
Mi espada baja.
Un corte.
La jaula de costillas se abre.
Otro corte.
Los cráneos protectores estallan.
Tercer corte.
El apóstol queda expuesto.
Es más joven de lo que esperaba.
Su rostro pálido conserva una belleza enfermiza, con ojos rojos y labios negros. Tiene runas talladas en la piel y una sonrisa de alguien que todavía cree tener control.
-Si me matás -dice-, los muertos perderán la última cadena.
-Ese era el objetivo.
-No. Entonces atacarán sin orden. Matarán incluso a los que podrían servirnos.
-Ya no van a servirle a nadie.
Me lanza una maldición directa al pecho.
No puedo esquivarla a esta distancia.
La recibo.
El impacto me empuja hacia atrás. Siento algo frío intentando detener mi corazón.
Resistencia aumentada.
El título lo reduce.
No lo anula.
Me duele.
Mucho.
El apóstol aprovecha y hunde una lanza de hueso en mi costado.
La punta atraviesa la armadura y entra en carne.
Aprieto los dientes.
Él sonríe.
-Los héroes también sangran.
Sujeto la lanza con una mano.
-Nunca dije que no.
La rompo.
Con la otra mano agarro su cuello.
El apóstol intenta convertirse en sombra, como el anterior.
Esta vez estoy preparado.
-Hejin.
Desde la muralla, un sello azul aparece detrás de él.
No lo daña.
Lo fija.
Durante un segundo, su transformación falla.
Un segundo es demasiado.
---
[Corte del comandante - A activado.]
[Objetivo reconocido: líder de tropa organizada.]
[Primer golpe exitoso recibirá daño adicional.]
---
Mi espada atraviesa su abdomen.
El apóstol abre los ojos.
La armadura de huesos entera se estremece.
-No...
-Sí.
Giro la hoja hacia arriba.
El corte divide su pecho y rompe la media luna roja que flotaba sobre su cabeza.
El gigante de huesos empieza a desarmarse.
El apóstol intenta hablar.
No lo permito.
Un último corte separa su cabeza del cuerpo.
La luz roja se apaga.
Durante un instante, todos los muertos de la llanura quedan inmóviles.
Después caen.
Uno tras otro.
Cráneos golpeando la tierra.
Lanzas soltándose.
Caballos desarmándose en pilas de huesos.
La armadura gigante se desploma bajo mis pies.
Salto antes de quedar enterrado entre los restos.
Caigo de rodillas sobre la tierra.
La herida del costado arde.
Pero sigo vivo.
Detrás de mí, la ciudad queda en silencio.
Luego alguien grita.
No de miedo.
De victoria.
El sonido se extiende por la muralla.
Los ciudadanos levantan sus armas.
Mujin se pone de pie tambaleando, con sangre en la boca, y alza la espada como si no le doliera cada hueso del cuerpo.
Kwon cae sentado sobre una pila de restos.
-No vuelvo a saltar sobre un gigante.
Eunbyeol grita desde arriba:
-¡Eso dijiste la última vez!
-¡No hubo última vez!
Doyun baja el arco, agotado.
Hejin se apoya contra la muralla, pálida pero consciente.
Jiwon ya está corriendo hacia los heridos, porque para ella la victoria no existe hasta que deja de morir gente.
Yo miro el cadáver del apóstol.
Las ventanas del sistema aparecen frente a mí.
[Apóstol de la Luna Muerta eliminado.]
[Control nigromántico restante dentro del campo de asedio: destruido.]
[Ejército de muertos invasor neutralizado.]
[Contribución individual: 62 %.]
[Contribución del grupo: 38 %.]
[Recompensas obtenidas:]
[Experiencia: +180.000.]
[Bonificación de «Primer conquistador de la Torre - S»: +9.000 de experiencia.]
[Oro obtenido: +4.500.]
La energía del nivel sube por mi cuerpo como una corriente caliente.
Mis músculos se contraen.
Mis heridas cierran apenas lo suficiente para dejar de sangrar con peligro.
No sana todo.
Pero me mantiene de pie.
[Ha subido de nivel.]
[Nivel 8 → Nivel 9.]
[Experiencia actual: 68.000/250.000.]
[Puntos libres obtenidos: +2.]
La siguiente ventana aparece con un brillo más oscuro.
[Condiciones especiales cumplidas.]
[Has defendido una ciudad bajo asedio utilizando una fuerza inferior.]
[Has eliminado a un apóstol de una orden nigromántica mayor durante un escenario de supervivencia.]
[Has coordinado con éxito a participantes novatos, tropas improvisadas y civiles armados.]
[Nueva habilidad adquirida.]
[Rompe-núcleos - A]
[Al atacar criaturas animadas por magia, aumenta la eficacia contra núcleos, runas de control y puntos de unión mágica.]
[Si un núcleo enemigo es destruido, las unidades conectadas perderán estabilidad durante un breve periodo.]
[Nuevo título adquirido.]
[Defensor de la ciudad sin amanecer - A]
[Quienes hayan sobrevivido a una defensa dirigida por el usuario serán más propensos a obedecer sus órdenes durante situaciones de asedio.]
[Al defender una ubicación fija, la fatiga de las tropas aliadas bajo su mando disminuye ligeramente.]
Cierro las ventanas.
Buenas recompensas.
Útiles.
Pero no suficientes para borrar lo que acaba de ocurrir.
Miro la cuenta del sistema.
[Tiempo restante hasta el amanecer: 22 horas, 41 minutos, 08 segundos.]
Aún falta casi un día.
El ejército invasor fue destruido.
El último apóstol que permanecía en el escenario murió.
Pero la noche no terminó.
Desde la muralla, Eunbyeol me observa.
Su cara está pálida.
No por miedo.
Por comprensión.
Ella también lo sabe.
Aquello no fue el final del piso.
Solo fue la primera vez que la ciudad logró hacer retroceder a la noche.
Me levanto, apoyo la espada sobre el hombro y miro el cielo rojizo.
-Descansen mientras puedan -digo.
Nadie discute.
Ni siquiera Kwon.
Porque todos vimos lo mismo.
El amanecer estaba más cerca.
Pero la oscuridad todavía no había terminado de luchar.