La luna negra crece mientras retrocedemos hacia el pasillo.
No es un astro. Es magia de muerte comprimida sobre nuestras cabezas, una esfera que absorbe la luz y hace que cada piedra, cada arma y cada hueso parezcan pesar el doble.
También nos sigue.
Avarn avanza entre las columnas sin la menor dificultad. La espada formada con su cadena deja una estela oscura que tarda en disolverse. Donde roza la piedra, abre surcos demasiado profundos para la fuerza aparente de sus movimientos.
Tres sellos permanecen activos en su pecho.
Haejin los observa desde detrás de mi hombro.
—Le contienen el poder, pero también lo protegen. La magia rodea cada marca como una armadura.
Romper la prisión nos permitió herirlo una vez. También le dio con qué cerrar la herida.
No pienso repetirlo sin saber dónde termina ese intercambio.
Eunbyeol se apoya junto al acceso norte con el libro abierto. Haejin mantiene el báculo entre ambas manos. Seolhwa protege su costado derecho, descargando cuanto puede la pierna lastimada. El lobo permanece detrás de Avarn, entre los restos del pozo.
Lo veo examinar las alas antes de cambiar de posición. No espera a que le diga dónde colocarse.
—Necesito una ruta —le digo a Eunbyeol.
—Puedo darte espacio entre esas dos columnas. Para una abertura en su defensa necesito verlo atacar otra vez.
Avarn levanta la espada.
—Ahí viene —murmuro.
Una media luna de oscuridad cruza la cámara.
—¡Abajo!
Me interpongo mientras ellas se agachan. Asiento el pie trasero contra la base de una columna e inclino la hoja.
Segundo estilo: Postura contra la tormenta.
No utilizaba una defensa así desde la apuesta contra el Heraldus. El cuerpo todavía recuerda el precio, aunque las heridas de entonces ya no estén.
La fuerza me recorre los brazos. Giro la cadera para que el filo no la reciba de plano y conduzco hacia un lado la parte del ataque que alcanza mi posición. La piedra se abre bajo el apoyo. Mis hombros crujen.
La media luna pasa por encima de Eunbyeol y Haejin y destroza el arco del pasillo.
No la detuve. Apenas cambié la trayectoria lo suficiente.
Avarn ya está delante de mí cuando intento recuperar el equilibrio.
Su espada baja hacia mi cuello.
El lobo se deshace entre las raíces verdes del suelo. Un instante después emerge junto al costado del apóstol y le muerde el brazo.
[El Lobo del bosque ha manifestado una habilidad instintiva.]
[Paso de raíces.]
[El espíritu puede desplazarse entre zonas conectadas por sus raíces espectrales.]
[El alcance y la frecuencia dependen de su vínculo con el portador.]
La mordida desvía el corte, pero no lo detiene. El filo me abre el hombro hasta rozar el hueso.
Siento el brazo aflojarse. Lo recupero a la fuerza y retrocedo antes de que Avarn complete el movimiento.
El apóstol levanta al lobo por el cuello y lo golpea contra la piedra. Parte del costado del espíritu se dispersa en humo verde. Cuando vuelve a ponerse de pie, la forma no termina de cerrarse.
No hay sangre. El gruñido que le sale del pecho basta para entender que el golpe no fue gratuito.
—Tu raíz todavía es pequeña —dice Avarn.
El lobo enseña los dientes. Después me mira.
—Sí —le digo—. A mí tampoco me gusta.
No le doy tiempo al apóstol para elegir a Haejin como siguiente objetivo. Avanzo hacia él y entro por dentro de la curva de su espada.
Primer estilo: Pasos que fluyen como el río.
La hoja negra pasa detrás de mi espalda. Lanzo un corte al cuello y Avarn gira la máscara; mi espada apenas raya el hierro antes de que su rodilla me alcance en el estómago.
El aire abandona mis pulmones. Salgo despedido, golpeo un saliente del techo y caigo hacia una de sus alas, extendida como una lanza.
Seolhwa la intercepta con el hacha.
La punta resbala contra la hoja. Sus botas retroceden sobre la piedra y la pierna herida se dobla, pero consigue apartarme del recorrido del hueso.
Caigo a su lado y uso el brazo sano para no golpear el hombro abierto.
—¡Atrás! —dice ella.
Avarn empuja el ala. El hacha empieza a bajar. Veo la sangre de Seolhwa extenderse por el pantalón, pero sus manos continúan cerradas sobre el mango.
Berserker le permite seguir protegiéndonos. No le está arreglando la pierna.
Seolhwa gira el arma para que el hueso deslice sobre el filo, da medio paso y golpea la articulación desde abajo. La unión cruje.
Otras dos alas vienen hacia ella.
Desvío la primera lo suficiente para que choque contra el suelo. El lobo alcanza la segunda desde las raíces y la sujeta por la base. La punta se detiene junto a la mejilla de Seolhwa.
—Salí de su frente —le ordeno—. Cubrí a las otras.
Esta vez no discutimos qué significa retirarse. Se desplaza hacia Haejin y Eunbyeol mientras yo vuelvo a atraer la espada curva.
***
No podemos intercambiar golpes con Avarn durante ocho minutos.
Lo confirmo en el siguiente choque: mi hombro deja de sostener la hoja a la altura adecuada y tengo que arrojarme detrás de una columna para que el corte no me abra el pecho. El apóstol la atraviesa de lado a lado.
Eunbyeol marca otro apoyo. Nos movemos antes de que la parte superior caiga.
Durante los minutos siguientes utilizamos lo que queda de la cámara para impedirle un avance limpio. Haejin interfiere los hechizos que puede leer; los demás debemos evitarlos. El lobo tira de las alas cuando Avarn fija la atención en quien ha quedado más lento. Seolhwa devuelve cada intento de rodearnos hacia el frente de mi espada.
No siempre llegamos a tiempo.
Una esquirla le abre la frente a Eunbyeol. Haejin recibe un golpe de sombra en el antebrazo y casi pierde el báculo. A mí se me van enfriando los dedos de la mano que sostiene la espada.
Del comunicador llegan actualizaciones breves. Los dos vehículos avanzan. Jang mantiene despejada la entrada, pero no puede hacer desaparecer las calles que faltan.
Avarn cambia de método.
Levanta la mano y las sombras de los cadáveres se separan de sus cuerpos. Brazos negros nacen del suelo. Mandíbulas sin cara se abren sobre las paredes. Los muertos permanecen donde cayeron, mientras sus siluetas intentan alcanzarnos.
—Las distribuye por las alas —dice Haejin—. Cada una controla un grupo.
Utiliza Cálculo mágico para mostrar una de las uniones. Después fija un Sello de interferencia sobre el ala que Seolhwa dañó.
Las sombras de ese lado vacilan.
Entro antes de que se estabilicen.
Rompe-núcleos reconoce la conexión que Haejin ha expuesto. Mi espada penetra en la base del ala y la separa del torso. Tres sombras se deforman al mismo tiempo.
El lobo se lanza sobre una de ellas. La mandíbula atraviesa la masa negra, pero no la despedaza como carne: se aferra a los hilos que intentan reunirla. Parte de esa energía se vuelve verde entre sus dientes.
[El Lobo del bosque ha manifestado una segunda habilidad instintiva.]
[Mordida de savia.]
[Los colmillos del espíritu pueden aferrarse a conexiones mágicas, maldiciones y estructuras espirituales.]
[Una porción de la energía absorbida se utilizará para reparar su cuerpo.]
[No permite absorber poderes superiores a la capacidad del espíritu.]
La sombra, debilitada por la ruptura de su enlace, se encoge. El costado del lobo recupera parte de su forma.
No puede tragarse a Avarn. Sí aprovechar lo que conseguimos separar de él.
Las otras sombras alcanzan nuestra línea. Seolhwa divide un brazo negro antes de que sujete a Haejin, retrocede y aplasta con el hacha otra figura que emerge junto al libro de Eunbyeol.
Nadie pasa sigue ayudándola a interrumpirlos en el acceso que protege. El espacio se reduce con cada piedra que cae, pero no deja que la empujen fuera de él.
Ahora entiendo mejor lo que trajo de su año entre los muertos. No necesito conocer todas sus batallas para reconocer el hábito de mirar primero a quien tiene detrás.
Avarn parece haberlo notado también.
En vez de insistir sobre ella, apunta directamente a Haejin.
Una esfera diminuta se forma entre sus dedos. La maga intenta cerrar el circuito antes de que dispare. Consigue deformarlo; Avarn modifica una de las runas y la esfera recupera su forma.
El hilo negro sale hacia su cara.
Activo Invencible y me interpongo.
[Invencible — SS activado.]
[Duración: 10 segundos.]
La energía se extingue al tocarme el pecho.
No aumenta mi velocidad. Haber visto dónde apuntaba es lo único que me permitió llegar.
Corro hacia Avarn mientras dispara de nuevo.
Nueve segundos.
Recibo el segundo ataque sin apartarme. Dos alas chocan contra mi cuerpo y no consiguen perforarlo, aunque el empuje me obliga a corregir los pies.
Ocho.
Alcanzo el borde de uno de los sellos activos. No intento atravesarlo: golpeo la cubierta exterior y dejo una grieta superficial.
Siete. Seis.
Avarn me agarra del cuello. Sus dedos no pueden dañarme, pero sí sostenerme en el aire.
Apoyo una bota contra su pecho y uso la espada como palanca sobre su muñeca. Consigo girar lo suficiente para que afloje el agarre. Bajo junto al ala que ya perdió estabilidad y corto su conexión antes de apartarme.
Cinco segundos.
El lobo emerge detrás de él y muerde la cadena que forma su espada. Las líneas verdes se manchan de negro casi de inmediato.
Demasiada energía.
—¡Soltá!
El espíritu tira en lugar de obedecer.
Cuatro. Tres.
Avarn lo atrapa y levanta la mano para aplastarlo contra el suelo. Abro un corte profundo en esa muñeca. No logro separarla, pero la presión disminuye.
Dos.
El lobo suelta la cadena y retrocede hacia sus raíces. Aprovecho que Avarn vuelve la máscara para empujarme lejos de su alcance.
Uno.
[Invencible finalizada.]
[Reutilización: 24 horas.]
Las costillas siguen rotas. El hombro continúa abierto y la herida del costado vuelve a recordarme cuánto estoy perdiendo.
No voy a tener otros diez segundos como esos durante esta pelea.
Haejin mira el sello que golpeé.
—Alteraste la cubierta sin romper el cierre. Puedo entrar por esa grieta.
—¿Ahora?
—Todavía no. Necesito aislarla del resto.
La luna se comprime sobre nuestras cabezas. Caigo sobre una rodilla y tengo que sostenerme con la espada para levantarme otra vez.
Avarn absorbe los hilos de los cadáveres. La herida de su mano empieza a cerrarse. En los dos lugares donde cortamos las alas crecen nuevas puntas de hueso.
—Mientras haya muerte alrededor de mí, pueden seguir intentándolo —dice.
Hay demasiados cuerpos en esta sala.
Y ninguno dejará de estar muerto porque yo encuentre una respuesta ingeniosa.
El lobo llega a mi lado, con parte del hocico todavía ennegrecida por lo que intentó absorber.
—Solo las conexiones pequeñas —le digo—. No vuelvas a morder la espada entera.
Mira a Avarn. Después apoya las patas con más firmeza.
Eunbyeol estudia los trazos que Haejin mantiene visibles.
—Ahora tiene cuatro alas funcionando. Las otras dos todavía están creciendo. Si bloqueamos dos de las activas y presionamos las restantes, va a tener que elegir dónde mandar el poder.
—Regenerarse o sostener la luna —dice Haejin.
—Necesitamos que abandone una de las dos cosas.
Avarn escucha. No se molesta en interrumpirnos.
Me gustaría que eso fuera arrogancia. También puede ser una evaluación correcta de nuestras posibilidades.
Eunbyeol utiliza el segundo uso del libro.
[Orden incompleta.]
Acepto el objetivo: forzarlo a dividir su poder. La orden no me cuenta qué piensa el lobo ni me enseña cómo va a reaccionar Avarn. Solo hace más claro el instante que compartimos.
El lobo salta a un ala y muerde su unión sin intentar devorarla. Haejin interfiere la del lado opuesto con Resonancia menor. Yo avanzo sobre el sello agrietado para obligar al apóstol a defender el pecho.
Avarn mantiene la luna.
La carne deja de cerrarse alrededor de mi corte anterior.
Seolhwa golpea la rodilla dañada. Esta vez el hueso cede y la pierna gris se dobla. Entro por el costado y hundo la hoja en la herida que había quedado abierta.
La sangre negra cae sobre mis manos.
Un ala atraviesa el abdomen de Seolhwa.
La punta le sale por la espalda, arrastrando tela y una hebra roja de tejido. Su boca se abre sin sonido. El hacha baja, pero no se le cae.
Durante un instante solo veo el hueso entrando en ella.
Después vuelve a moverse.
Seolhwa lo sujeta con la mano libre para que Avarn no pueda retirarlo y buscar otro blanco. Con la otra levanta el hacha y la hunde en la articulación que tiene a su alcance.
—¡Kim!
Su grito sale lleno de sangre.
Ataco el hueco que mantiene abierto. Avarn abandona la luna para recuperar la regeneración; el peso desaparece de golpe y mi siguiente paso resulta demasiado largo.
La onda de rechazo llega antes de que pueda corregirlo.
Seolhwa sale despedida. El ala se quiebra por donde la dañó, pero el fragmento queda atravesado en su cuerpo. Haejin choca contra una pared. Eunbyeol cae junto al libro. El lobo es arrojado hacia la galería.
Yo clavo la espada en una junta y apenas consigo mantenerme en pie.
La luna ya no está. La ventaja nos costó demasiado.
Avarn arranca de su articulación el hacha que Seolhwa dejó hundida y la lanza hacia ella.
El lobo aparece entre las raíces, golpea el mango y desvía la hoja hacia el suelo. No esperó mi orden.
El apóstol se acerca para terminar el trabajo con su espada.
Una flecha entra por el arco abierto de la galería y golpea el filo negro.
Doyun está arriba.
—Hotel en posición —informa por el canal.
Los seis minutos se cumplieron.
No me queda aire para responderle.
Kwon entra por otra galería, aprovechando que Avarn mira al arquero. Apenas escucho sus pasos. Activa por segunda vez Silencio de callejón, baja detrás del apóstol y abre con las dagas una de las uniones del ala herida.
Sale por el costado antes de que Avarn lo alcance. La habilidad amortigua el ruido; esconderlo de una máscara que ya gira hacia él es otra cosa.
—Todavía tiene tres sellos —avisa Eunbyeol—. El agrietado no debe romperse.
Doyun marca al objetivo y tensa el Arco del valle de los mil disparos. Lo veo seguir los movimientos de las alas con Ojo de trayectoria antes de soltar.
La flecha va hacia el borde del sello. Avarn curva el aire frente a su pecho y la desvía por centímetros.
Doyun ya está preparando otra.
Corrección del siguiente disparo.
El proyectil aprovecha la desviación anterior y entra con un ángulo distinto. No parece un acierto garantizado: el apóstol casi lo alcanza con la espada. Aun así, roza la cubierta y profundiza la grieta.
—Tengo ese borde —dice Doyun.
Avarn abre las alas. Decenas de agujas óseas salen hacia la galería.
Kwon, que había buscado altura por el tramo lateral, se arroja sobre el arquero y lo empuja detrás del murete. Las agujas atraviesan la baranda y rompen la piedra que los sostiene.
Ambos caen hasta el descanso inferior.
Doyun se engancha de una viga con el brazo libre y frena parte de la caída. Kwon golpea de costado contra el escalón antes de llegar al suelo. Escucho su aire salir en un gruñido.
Ya no oculta su respiración. El golpe terminó el efecto de las dagas.
—¿Entero? —pregunta Doyun, soltándose a su lado.
Kwon se lleva una mano a las costillas.
—Preguntame después.
Las sombras se enrollan alrededor de sus piernas. Kwon corta los tramos que empiezan a tensarse, mientras Doyun busca el símbolo que los alimenta. Haejin lo señala desde nuestra posición.
Disparo de interrupción.
La flecha atraviesa la runa. Las cadenas pierden forma antes de arrastrarlos hasta Avarn.
El apóstol los abandona y se lanza hacia Eunbyeol.
Ella está levantándose junto al libro. La máscara gira directamente hacia su cara.
Me impulso, pero la pierna me falla. Kwon lanza una daga y Avarn la aparta sin dejar de avanzar.
La espada negra empieza a bajar.
Un escudo entra entre ambos.
El impacto sacude la cámara. Kang Mujin retrocede hasta trabar el talón contra la base del pasillo. Su brazo derecho sostiene el escudo; en la mano izquierda lleva la Espada de Clemen.
—Detrás de mí —dice.
Activa el anclaje que conservó durante el rescate.
[Ancla de la última puerta.]
[Duración máxima: 5 minutos.]
El escudo se fija a la posición. Avarn golpea otra vez y rompe la piedra a sus costados, pero Mujin ya no retrocede. Veo temblar los músculos de su cuello. Vanguardia indomable le permite soportar mejor el castigo de la primera línea; no vuelve ilimitado su cuerpo.
Le doy un corte a la muñeca de Avarn desde el flanco. Tiene que retirar la espada para no recibir otro.
Mujin aprovecha ese movimiento y alcanza su antebrazo con la hoja de Clemen. No bloquea el arma negra con ella. La grieta del acero viejo sigue ahí.
Defendemos una posición con gente detrás. Juramento de Clemen aumenta la eficacia del corte contra el monstruo, pero la resistencia de Mujin para sostener el escudo sigue dependiendo de otras cosas.
La mano gris se aparta sangrando.
Jiwon entra por el pasillo. Escucho que su vehículo tardó los ocho minutos anunciados. Ella no se detiene a explicar el viaje: recorre a los heridos con la mirada y corre directamente hacia Seolhwa.
El fragmento de ala continúa atravesándole el abdomen. La sangre se ha extendido entre las piedras bajo su cuerpo.
Jiwon apoya una mano cerca de la herida. Manos de misericordia ilumina los bordes desgarrados, pero no cierra el agujero alrededor del hueso.
—Haejin, necesito aislar esto antes de retirarlo.
La maga se acerca lo suficiente para estudiar el enlace.
—Sigue unido a Avarn. Voy a bloquearlo.
—Avisame cuando deje de recibir energía.
Los anillos del báculo se alinean. La punta de hueso intenta crecer por la espalda de Seolhwa y se detiene a mitad del movimiento.
Ella aprieta los dientes. Veo correr sangre entre ellos.
—Ahora —dice Haejin.
Jiwon retira el fragmento siguiendo su entrada mientras la magia contiene la hemorragia. Aun así, sale tanta sangre que durante un instante no distingo sus manos.
El bastón del hospital brilla.
[Triaje del último aliento.]
El flujo disminuye. Seolhwa consigue inhalar sin doblarse de inmediato.
No está curada. La habilidad sostiene lo que está a punto de fallar y compra un tiempo que Jiwon necesita para tratarla.
—Quedate detrás del escudo —le dice—. Si volvés a abrir la herida, puedo perderte cuando termine esto.
Seolhwa busca el hacha con los ojos.
—Los están empujando.
Jiwon mira hacia nosotros. Avarn descarga otro golpe sobre Mujin. La onda nos obliga a agacharnos, aunque el escudo impide que nos alcance de lleno.
No tenemos un lugar seguro al que llevarla todavía.
Jiwon la ayuda a incorporarse contra la pared y acomoda su bastón para no perder el apoyo mágico.
—Entonces desde acá. No vuelvas a ponerte delante de esa ala.
Seolhwa asiente. Sus manos tiemblan al recuperar el arma.
La vehemencia de Berserker sigue ahí, pero por primera vez la veo necesitar varios intentos para acomodar los dedos.
***
Somos ocho y un espíritu.
Avarn continúa siendo el más fuerte de la sala.
Ya regeneró las seis alas. Su rodilla vuelve a sostenerlo. El sello que agrietamos conserva el cierre, y los otros dos no muestran daño.
La diferencia es que ahora Haejin puede mirar algo durante más de un segundo sin tener que esquivarlo.
—Puedo usar la prisión —dice—. Sus conexiones siguen debajo de los escombros. Los rehenes ya están separados; no necesito volver a enlazarlos.
Eunbyeol se coloca donde pueda verla sin salir del resguardo de Mujin.
—¿Qué necesitás?
—Que los tres sellos activos respondan a la vez. Golpeen las cubiertas, no el centro. Voy a invertir la energía mientras brillen.
Kwon recupera la daga que arrojó y se limpia la sangre del labio.
—Puedo llegar al derecho.
—Yo mantengo el izquierdo —dice Doyun.
El central queda detrás de la espada y del movimiento cruzado de las alas.
Lo señalo.
—Ese es mío.
Haejin asiente, pero no sonríe.
—Cuando lo note va a intentar romper las marcas él mismo. Solo voy a poder cerrarlas durante unos segundos.
Eunbyeol observa las alas.
—Tenemos que impedir que los use para expulsarnos antes de que lleguen los tres golpes.
El lobo levanta la cabeza.
Lo he visto equivocarse, recibir daño y volver a elegir una ruta. Ahora hunde las patas en sus propias raíces y extiende los hilos verdes entre los fragmentos de piedra.
Después aúlla.
La vibración me recorre las plantas de los pies. Distingo movimientos que antes quedaban ocultos por los escombros: una sombra junto al pasillo, el peso de Avarn sobre su pierna recién regenerada, el cambio de posición de Kwon.
[El Lobo del bosque ha manifestado una tercera habilidad instintiva.]
[Aullido del territorio.]
[El espíritu extiende temporalmente sus raíces por el campo de batalla.]
[El portador y los aliados reconocidos como parte de la manada perciben movimientos hostiles dentro del área.]
[Las criaturas espirituales o mágicas enemigas conectadas al terreno sufren una leve pérdida de estabilidad.]
Las sombras tiemblan.
No recibo un plano completo ni una lista de puntos débiles. Siento qué se mueve dentro del terreno que acaba de extender. Por la forma en que Doyun cambia de apoyo y Kwon mira debajo de una columna, ellos también lo perciben.
Eunbyeol pasa una página.
—Podemos hacerlo. Kim, traelo hasta Mujin. Seolhwa, cubrí el lateral desde la línea. Kwon y el lobo, las alas. Doyun, buscá altura. Haejin, prepará el centro. Jiwon, mantenenos funcionando.
Nos mira antes de utilizar la última carga disponible del libro.
[Orden incompleta.]
La aceptamos.
El anclaje de Mujin lleva poco más de un minuto activo. Él no puede perseguir a Avarn sin abandonar la protección. Voy a tener que traer al apóstol hasta su escudo.
Avanzo por su izquierda y amago hacia la grieta del pecho. Avarn recoge el brazo para cubrirla; cambio el corte hacia la máscara y lo obligo a dar un paso.
Me retiro antes del puño.
Otro paso.
Siento el borde del terreno del lobo bajo los pies. Mujin está a mi espalda.
—Ahora —dice Eunbyeol.
Me aparto. Mujin descarga Choque de ruptura desde su posición, impulsando el escudo con el hombro y la cadera sin levantar la base. Avarn recibe el golpe en el torso y pierde parte del ángulo de su espada.
Seolhwa alcanza la pierna que deja expuesta desde el lateral de nuestra línea. No intenta seguirlo: hunde el filo por encima de la rodilla y retira el hacha, apoyándose otra vez junto a Jiwon.
Kwon sube sobre los restos del pozo. Gasta su tercera activación de Silencio de callejón para cruzar por detrás, mientras el lobo emerge junto a un ala y la inmoviliza por su conexión.
Doyun dispara desde el descanso de la escalera.
El primer proyectil se desvía. El siguiente corrige el ángulo y golpea el borde del sello izquierdo. La marca se ilumina sin romperse.
Kwon baja desde los escombros y clava las dagas alrededor de la cubierta derecha. Retuerce las muñecas. Veo responder el segundo sello.
Avarn ruge.
Sobre nosotros se forma una nueva luna. No alcanza el tamaño de la anterior, pero concentra su oscuridad en un punto y desciende hacia la línea que protege Mujin.
Jiwon deja una mano sobre Seolhwa y apoya el bastón contra la espalda del hombre.
—Sigo acá —le dice.
Pulso sereno le permite sostener el ritmo mientras alza el escudo.
La esfera impacta.
La piedra se hunde alrededor de sus botas. El escudo se agrieta y escucho romperse el brazo derecho que lo sostiene. Mujin deja escapar un grito entre los dientes.
No lo baja.
Engancha el borde contra el hombro y acomoda la mano izquierda por dentro, soltando la Espada de Clemen a sus pies. Seolhwa apoya su hombro en el costado de la defensa para impedir que gire.
Su abdomen vuelve a sangrar.
Jiwon aumenta el apoyo y la luz de su bastón se vuelve irregular.
No pueden sostener aquello mucho más.
—¡El central! —grita Haejin.
Voy hacia Avarn.
La espada negra me cierra el camino. No puedo enfrentarla y llegar al sello antes de que se apaguen los otros dos.
Me detengo durante una fracción de segundo, protegido por el movimiento del lobo.
Forma final: Nada.
Apago el impulso que me prepara para atacar. Avarn no deja de verme; su máscara sigue orientada hacia mi cuerpo. Pero el corte que ya había iniciado busca la trayectoria que le ofrecí antes de detenerme.
Paso después, por el borde de ese error.
Este cuerpo no puede ejecutar lo que fui capaz de hacer en otra vida. Me conformo con llegar a una distancia desde la que pueda tocarlo.
Quinta forma: Absoluto.
Fijo el objetivo en la cubierta del sello. Todo el movimiento conduce hacia ese punto: el apoyo, la cadera, el codo y el filo.
No busco atravesarlo. Busco el golpe preciso que haga responder al tercer cierre.
La hoja alcanza el borde.
El sello se ilumina.
—¡Haejin!
Las líneas del suelo vuelven a encenderse, alimentadas por el báculo. Suben por el cuerpo de Avarn y se enlazan con las tres marcas.
El apóstol intenta arrancarse la del costado. Doyun le atraviesa la articulación de la mano con Disparo de interrupción. Kwon fuerza la cubierta opuesta y el lobo tira de un ala para alejarla de Haejin.
La inversión empieza a cerrar la prisión.
Una cadena aparece alrededor de Avarn. Después otra. La tercera cruza su pecho y lo obliga a inclinarse.
Ruge tan fuerte que el sonido me vacía los oídos. Kwon sale despedido contra el suelo. La baranda junto a Doyun se rompe y el arquero tiene que soltar el arco para no caer de cabeza. Haejin escupe sangre sobre sus propias manos.
Las cadenas no terminan de cerrarse.
—¡No puedo retenerlo!
Avarn rompe la primera. Después la segunda.
Las líneas azules se retiran de su pecho y, durante un instante, convergen detrás de la máscara.
Eunbyeol lo ve desde el costado de Mujin.
—¡Kim! ¡Los retornos suben a la cabeza! ¡El núcleo está detrás del hierro!
No alcanzo a comprobarlo antes de que Avarn se vuelva hacia ella.
Confío.
Corro.
El apóstol levanta la espada y el lobo aparece delante de mí. El filo lo atraviesa desde el hombro hasta el costado. Su cuerpo se abre en dos franjas de luz verde.
—¡No!
El espíritu no desaparece. Cierra los dientes alrededor de la unión de la cadena, trabando el arma que lo está deshaciendo. No puede absorber esa cantidad de poder: las raíces se ennegrecen y revientan una tras otra.
Pero mantiene la espada apartada.
Me mira.
Por primera vez escucho una palabra que no llega por el aire ni por el comunicador.
—Ahora.
Su voz está dentro de mi cabeza.
No tengo tiempo para entenderla.
Uso como apoyo la parte de su lomo que todavía conserva forma y salto hacia la máscara. El hombro herido no me permite levantar bien la espada; cierro ambas manos alrededor del mango para obligarlo a acompañar.
Tercer estilo: Forma del desastre.
El primer corte golpea la grieta que había dejado sobre el hierro. Avarn me alcanza la mandíbula con el puño. Siento romperse un hueso y la sangre me llena la boca.
El golpe me hace girar, pero consigo apoyar una bota sobre su hombro. Uso ese giro para volver a bajar la hoja.
El segundo corte abre la máscara.
Debajo no hay una cara.
Hay un pequeño eclipse encerrado entre huesos y runas. La esfera pulsa con el mismo ritmo que las sombras de la cámara.
Avarn suelta la espada que el lobo mantiene atrapada y me agarra del cuello.
Esta vez puede lastimarme.
La presión me cierra la garganta. Intento apoyar un pie contra su pecho, pero no encuentro fuerza para separarle los dedos.
Desde allí veo el escudo de Mujin inclinado bajo la luna. Seolhwa sigue apoyada a su lado. Haejin mantiene la última cadena con el báculo y Jiwon se reparte entre ellos, sin manos suficientes para todo lo que se está rompiendo.
El lobo se arrastra entre sus raíces.
Eunbyeol llama a Doyun.
—Por la izquierda. Apuntá al núcleo desde el borde de la máscara.
El arquero acaba de recuperar el arco. El ángulo es malo y mi cuerpo le bloquea buena parte del blanco.
Dispara igual.
La primera flecha roza el hierro y se pierde detrás de Avarn. La siguiente sale antes de que el apóstol vuelva la cabeza. Corrección aprovecha el fallo y ajusta la trayectoria lo suficiente para pasar junto a su hombro.
Golpea el eclipse.
No lo destruye. Lo desplaza dentro de su armazón.
Los dedos aflojan un instante.
Kwon alcanza la muñeca desde abajo y hunde una daga entre sus tendones. Corte incapacitante termina de abrir la mano.
Caigo de rodillas, escupiendo sangre.
Seolhwa abandona el apoyo del escudo y golpea a Avarn por la espalda. No tiene fuerza para atravesarlo, pero lo inclina hacia adelante, justo cuando Haejin consigue tensar la última cadena.
El núcleo queda a mi alcance.
Rompe-núcleos.
Ataco primero las uniones que lo sostienen. Una se separa con un chasquido seco. La siguiente intenta rehacerse y tengo que cortar antes de que vuelva a cerrarse alrededor del eclipse.
La luna pierde forma sobre Mujin. Su rodilla cede. Jiwon lo arrastra hacia un costado en cuanto el borde del escudo se levanta, y el anclaje termina al abandonar la posición.
La masa negra cae donde estaba, arranca un cráter del suelo y se disipa entre los escombros. El pasillo entero tiembla.
No quedará otro uso del anclaje para protegernos.
El lobo aparece junto al núcleo. Muerde una conexión ya expuesta y la retiene mientras corto las que todavía lo sujetan al cuerpo.
Avarn rompe otra cadena.
El sello izquierdo se parte.
[Sellos activos: 2/7.]
La presión aumenta. Más energía entra en el eclipse y golpea al espíritu por la unión que tiene entre los dientes. Su cuerpo se adelgaza hasta dejar ver las piedras a través de él.
—Soltá —intento decir.
La mandíbula apenas me permite formar la palabra.
El lobo no obedece.
—Manada.
Es lo único que escucho.
Las raíces que ya cubrían el campo convergen hacia él. El Aullido del territorio sigue vibrando en mis pies; ahora percibo dónde se tensan las conexiones del núcleo, como hilos que tiran de una misma herida.
Eunbyeol levanta el libro. No vuelve a activar la habilidad agotada.
—¡Sobre las uniones! ¡No dejen que cierre!
Mujin recoge la Espada de Clemen con la izquierda y la arroja desde el suelo. La hoja atraviesa una runa exterior y queda incrustada en el armazón. Seolhwa alcanza la unión de abajo con el hacha. Kwon corta la que tiene al lado y Doyun clava una flecha en el punto que Haejin marca con el báculo.
La maga interrumpe el retorno restante. Jiwon, otra vez de rodillas, extiende su magia hacia el hilo que une al lobo con mi espada. Haejin le indica por dónde conducirla; no intenta curarlo como si tuviera órganos.
Queda el centro.
La Espada del bosque está agrietada. Casi no siento el mango. Aun así, consigo apoyar la punta en el hueco que acabamos de abrir.
Absoluto.
Concentro lo que queda de fuerza en un solo recorrido. La hoja entra en el eclipse y una grieta verde se extiende por la superficie negra.
Durante un instante no escucho nada.
Después el núcleo empieza a partirse.
Avarn inclina hacia mí lo que queda de la máscara.
—La Luna Muerta... recordará...
Quisiera responderle algo. Apenas consigo apartar la sangre de la lengua.
Giro la espada.
El eclipse explota.
Mujin alza el escudo roto con ayuda de Seolhwa. Haejin levanta una barrera que se desgarra casi de inmediato. Kwon tira de Doyun detrás de los escombros y Eunbyeol se agacha junto a ellos. Jiwon mantiene el enlace del lobo, protegida por el borde del escudo.
Yo recibo la descarga a un paso del núcleo.
La onda me arroja contra el suelo y me hace rodar hasta la base del pozo. Pierdo la vista unos segundos. Cuando vuelve, Avarn se está deshaciendo.
La piel gris se abre en ceniza. Los huesos de sus alas golpean las piedras y se quiebran al caer. Las cadenas quedan amontonadas alrededor de los restos del trono. La oscuridad adherida a los cadáveres se apaga.
No aparece una recompensa.
Tampoco experiencia ni una evaluación. El sistema nos permitió reconocer la amenaza y nuestras habilidades, pero no convirtió esta operación en una prueba de piso.
El silencio dura hasta que una piedra termina de desprenderse del techo.
***
La Espada del bosque se rompe cuando intento utilizarla para levantarme.
Me quedo con parte del mango y un fragmento de hoja. Los otros pedazos se deshacen en luz verde y vuelven hacia lo que todavía sostengo.
La fuerza que me daba el arma desaparece. El título contra el nigromante también deja de ayudarme. De pronto el peso de mi cuerpo resulta mucho más difícil de mover.
El lobo está tendido junto al pozo, reducido a una silueta irregular. Jiwon mantiene una mano sobre su enlace mientras Haejin se arrastra hasta él con el báculo.
—No sé cuánto más puedo sostener esto —dice Jiwon.
Haejin sigue las líneas que aún brillan entre el espíritu y la empuñadura.
—La unión no está cortada. Canalizá por acá. Solo necesito que no se deshaga mientras vuelve.
Jiwon cambia la dirección del apoyo. La silueta deja de perder partículas.
El lobo abre un ojo.
Me mira.
Consigo acercar una mano al pelaje que todavía tiene forma.
—Buen trabajo.
Las palabras salen deformadas por la mandíbula. No sé si las entiende; aun así, deja de tensar las patas.
El último hilo verde vuelve a la espada. Guardo los restos en el inventario cuando Haejin aparta el báculo. Percibo un movimiento lento dentro del arma, una reconstrucción que apenas empieza.
No puedo contar con ella para otra pelea.
Seolhwa se desliza hasta el suelo. Jiwon abandona de inmediato el lugar del lobo y se arrodilla a su lado.
—Se está terminando el Triaje —advierte—. Necesito una camilla acá, ya.
La sangre vuelve a extenderse bajo las manos de Seolhwa. Jiwon presiona con su magia alrededor de la perforación y llama a los médicos por el canal.
Me acerco, pero ella levanta la mirada antes de que pregunte.
—Ayudame a mantenerla quieta. Después te reviso a vos.
Obedezco.
Seolhwa intenta enfocar mi cara.
—¿Los chicos...?
—Los ocho están afuera. Los demás también.
Su mano se afloja sobre el mango del hacha.
Jiwon se lo retira con cuidado y vuelve a llamarla por su nombre.
Mujin está apoyado contra el escudo. El brazo derecho le cuelga en un ángulo extraño y tiene sangre en la boca. Kwon se sienta a su lado, protegiéndose las costillas al respirar. Doyun recoge el arco; lleva un corte en la frente y una herida en el costado que no le vi recibir entre las agujas y los escombros.
Eunbyeol tiene el labio partido. Mantiene una mano contra la lesión de la cabeza y la otra alrededor del comunicador. Haejin no consigue impedir que le tiemblen los dedos.
El grupo está completo.
Eso no significa que el peligro haya terminado para todos.
—¿Está muerto? —pregunta Mujin, mirando los restos.
Haejin vuelve a orientar el báculo hacia el pozo.
—El núcleo y sus conexiones están destruidos. No detecto actividad que intente reconstruirlo.
Mujin asiente y deja caer la cabeza contra la pared.
Eunbyeol se agacha junto a mí mientras esperamos las camillas.
—Jang confirma a los sesenta y ocho en las tres evacuaciones. Ningún cautivo quedó abajo.
La miro.
No sé qué decirle que esté a la altura del informe.
Ella parece entenderlo. Me aprieta un instante el antebrazo sano y vuelve al comunicador.
Un Tercer Apóstol estaba encerrado debajo de una iglesia de la Tierra. No una criatura escapada de una grieta reciente: algo que el culto había encontrado y estaba usando.
El título de tercero no me dice cuántos más hay aquí. Solo confirma que responde a una jerarquía que todavía no conocemos lo suficiente.
Entre los restos distingo un fragmento de la máscara con la luna y las tres agujas. Se lo señalo a Haejin antes de tocarlo.
Examina la pieza y me indica que la separe de las cadenas. La envuelvo en tela y la guardo para estudiarla después. No confundo la falta de movimiento con la garantía de que todo lo que dejó sea inofensivo.
—Que Jang selle la zona —le digo a Eunbyeol—. Nadie toca el resto sin Haejin.
—Ya lo escuchó. Los detenidos también están bajo custodia.
Miro hacia el pasillo. La sacerdotisa gris sigue siendo una de las pocas personas que pueden explicar cómo llegaron hasta esta prisión.
—Después tendremos que hablar con ellos.
—Después —responde Jiwon, sin levantar la vista de Seolhwa.
Por una vez, la palabra no admite discusión.
Los agentes bajan con los médicos en cuanto Haejin confirma que la descarga terminó. Las sirenas se oyen a través del techo abierto.
Ayudo a acomodar a Seolhwa en la camilla, pero mi brazo cede antes de poder levantarla. Un agente ocupa mi lugar sin decir nada. Me aparto para que pasen.
Kwon ayuda a Mujin a ponerse de pie. Doyun sostiene a Haejin. Eunbyeol recoge el libro y los comunicadores que cayeron entre las piedras.
Yo intento dar un paso y tengo que esperar a que deje de moverse el suelo.
Me habría muerto aquí solo. No por falta de una técnica más fuerte, sino porque no podía sostener todas las cosas que debían ocurrir al mismo tiempo.
La palabra del lobo vuelve a mi memoria.
Manada.
Todavía suena extraña.
Eunbyeol se coloca junto a mi lado sano y me ofrece el hombro. Esta vez lo acepto sin decirle que puedo caminar solo.
Seguimos a la camilla por el pasillo norte. Arriba, Jiwon ya está pidiendo que despejen la entrada de la ambulancia.