No llego a pronunciar una sola palabra.
Una ventana roja aparece frente a mí.
[ALERTA]
[Se ha detectado una situación capaz de afectar la causalidad del universo.]
Mi respiración se detiene.
Las letras cambian.
[Analizando...][...][...][...]
Nadie más reacciona.
Las miradas continúan sobre mí.
Kwon permanece hundido en el sillón.
Mujin está inclinado hacia adelante.
Jiwon sostiene una venda entre los dedos.
Todos esperan una respuesta que no puedo dar.
La siguiente ventana cubre la anterior.
[Se ha encontrado una solución aplicable a la línea temporal actual.][Iniciando corrección causal.]
[Eliminando la existencia del Apóstol del Dios Mimic dentro del piso 3.]
Frunzo el ceño.
El apóstol ya había sido retirado de las pruebas futuras.
Esto es diferente.
No está modificando el piso.
Está corrigiendo algo que ya ocurrió.
[Borrando registros...]
[Borrando vínculos...]
[Borrando recuerdos incompatibles...]
[Borrando consecuencias capaces de revelar información restringida...]
—Esperá...
Mi voz no sale.
Todo se detiene.
El cabello de Eunbyeol queda suspendido junto a su rostro.
Una migaja permanece flotando frente a la bolsa de aperitivos de Kwon.
La respiración de Mujin se congela.
Incluso el parpadeo de las ventanas del sistema se vuelve inmóvil.
Después se apagan las luces.
No lentamente.
La casa entera desaparece dentro de una oscuridad absoluta.
No escucho los motores del sistema de ventilación.
No siento el aire.
No existe el suelo bajo mis pies.
Durante un segundo permanezco suspendido en la nada.
Entonces el color empieza a desaparecer.
Las paredes regresan, pero son grises.
La mesa.
Los sillones.
Las personas.
Todos se convierten en figuras sin color, detenidas dentro de una fotografía.
Solo yo puedo moverme.
Miro a Eunbyeol.
Sus ojos siguen dirigidos hacia mí, pero ya no contienen ninguna pregunta.
No contienen nada.
El Libro de los siete frentes permanece abierto sobre sus piernas.
La Página del octavo frente se agita.
Una línea desaparece de su superficie.
Después otra.
Los símbolos que representaban la conexión del grupo se desordenan durante un instante antes de estabilizarse.
Una ventana aparece sobre el mundo detenido.
[Eliminación completada.]
[La existencia del Apóstol del Dios Mimic ha sido borrada con éxito del piso 3.]
Aprieto los dientes.
Los recuerdos continúan dentro de mí.
El cuerpo sin forma.
La cabaña.
La falsa Eunbyeol.
La espada atravesando su corazón.
Todo permanece.
Pero siento pequeños espacios vacíos alrededor de esas imágenes, como si el sistema hubiera cortado los caminos que permitían compartirlas con otras personas.
La siguiente notificación aparece.
[ERROR][error_qwd1231$%]
[causalidad_incompleta]
[sujeto_no_eliminado]
[identidad_restringida_detectada]
Las letras se deforman.
El rojo se convierte en negro.
La ventana parpadea con tanta fuerza que por un instante observo algo detrás del sistema.
No una interfaz.
Una presencia.
Algo que parece estar mirando desde el otro lado.
Después aparece una última frase.
No utiliza el formato habitual.
No hay recompensas.
No hay explicaciones.
Solo una advertencia.
[Tenga cuidado en el futuro, señor Byeolha.]
Mi corazón golpea una vez.
El sistema no debería utilizar ese nombre.
No delante de nadie.
Tal vez ni siquiera delante de mí.
Intento tocar la ventana.
La punta de mis dedos la atraviesa.
El mensaje se rompe.
El mundo gris se contrae.
Las paredes, el techo y las personas son arrastrados hacia un único punto frente a mis ojos.
Después todo regresa.
Las luces se encienden.
El aire golpea mis pulmones.
La migaja cae sobre la ropa de Kwon.
Mujin termina de respirar.
Jiwon mueve los dedos.
Solo pasó un instante.
Tal vez menos.
Eunbyeol continúa mirándome.
Pero su expresión cambió.
La firmeza desapareció.
Ahora parece perdida.
Mira el libro.
Después a mí.
Frunce el ceño.
—¿Qué estaba diciendo?
Nadie responde.
Kwon deja de comer.
—¿No estábamos hablando de las estadísticas?
—Sí —dice Mujin lentamente—. Creo que habíamos terminado.
Eunbyeol toca la Página del octavo frente.
Sus dedos recorren las líneas como si esperara encontrar algo que ya no está.
—Sentía que iba a preguntarte algo.
La miro.
La falsa Eunbyeol permanece en mi memoria.
Su abrazo.
Sus lágrimas.
La sorpresa en sus ojos cuando la apuñalé.
Todo eso ocurrió.
Pero para ellos acaba de convertirse en un espacio en blanco.
Levanto la vista hacia las notificaciones.
Las ventanas ya desaparecieron.
Aun así, continúo viendo aquella última frase.
Señor Byeolha.
—Nada —respondo—. Solo hablábamos de cómo prepararnos para el futuro.
Eunbyeol me observa durante unos segundos.
—¿Eso era todo?
—Sí.
La mentira sale con facilidad.
Demasiada.
Ella asiente, aunque no parece convencida.
Kwon vuelve a meter una mano en la bolsa.
—Entonces propongo prepararnos descansando durante una semana.
—Dos días —dice Jiwon.
—Cinco.
—Dos.
La conversación continúa.
Mujin pregunta por los puntos libres.
Hejin vuelve a revisar las combinaciones de habilidades.
Doyun habla sobre las flechas espirituales.
Seolhwa insiste en aumentar su Fuerza.
Todo parece normal.
Pero yo ya no consigo escuchar con claridad.
Observo a cada uno.
Recuerdan la pesadilla.
Recuerdan las veinticuatro horas.
Recuerdan haber luchado contra monstruos, ilusiones y sueños.
Sin embargo, cuando intentan acercarse al centro de lo ocurrido, sus recuerdos se desvían.
El apóstol ya no existe dentro de su versión del tercer piso.
La ruta oculta se convirtió en una secuencia confusa.
La mujer que utilizó el rostro de Eunbyeol desapareció de sus memorias.
La pregunta que podía llevarlos hasta mi pasado fue borrada.
El sistema protegió la causalidad.
No sé si también me protegió a mí.
Vuelvo a mirar el espacio vacío frente a mis ojos.
Por primera vez desde que regresé, el sistema no me llamó Kim Cheonro.
Me llamó Byeolha.
Y aquello que escribió la advertencia no parecía estar intentando detenerme.
Parecía estar advirtiéndome sobre algo que vendrá después.
Salgo de la casa y dejo que los demás continúen discutiendo sobre estadísticas, distribución de puntos y posibles integrantes futuros.
Apenas cruzo la puerta, el ruido de la sala queda atrás.
Levanto la vista.
El cielo está completamente despejado.
No tiene el azul perfecto de aquella ilusión. Hay nubes pequeñas moviéndose lentamente, algunas más oscuras que otras. La luz cambia cada vez que una de ellas pasa frente al sol.
Es irregular.
Imperfecto.
Real.
—Tan hermoso...
Permanezco varios minutos observándolo.
A veces todavía me sorprende poder hacerlo.
En el infierno, el cielo no existía.
En la pesadilla de Mimic, era demasiado perfecto.
Este, en cambio, puede cubrirse de nubes en cualquier momento. Puede llover. Puede oscurecerse.
Precisamente por eso resulta hermoso.
Suspiro.
Después tomo la espada de práctica apoyada junto a la pared y camino hacia el patio.
La Espada del bosque continúa reconstruyéndose dentro de su vínculo espiritual. Puedo sentirla, pero todavía no responde cuando intento convocarla.
Por ahora entreno con una hoja común.
Empiezo con movimientos simples.
Corte vertical.
Paso lateral.
Cambio de guardia.
Estocada.
No activo ninguna habilidad.
Necesito comprobar cómo responde mi cuerpo después del piso.
Las costillas todavía molestan al girar demasiado rápido. El vendaje limita parte del movimiento, aunque Jiwon dijo que podía entrenar siempre que no forzara la zona.
Probablemente su definición de no forzar sea distinta de la mía.
Avanzo.
Un paso se conecta con el siguiente.
La espada sigue el movimiento de mis hombros.
Intento establecer el inicio de Flujo del universo, pero detengo la secuencia antes de que el sistema reconozca la habilidad.
No necesito consumirla.
Solo recordar el recorrido.
Durante el primer giro, la imagen de la falsa Eunbyeol aparece frente a mí.
La espada atravesando su corazón.
La sorpresa en su rostro.
El temporizador detenido.
Aprieto la empuñadura.
El movimiento pierde suavidad.
Me detengo.
Respiro.
El sistema borró al apóstol de los recuerdos de los demás.
No de los míos.
Tal vez no pudo.
Tal vez no quiso.
O tal vez aquello que escribió la advertencia necesitaba que yo lo recordara.
Tenga cuidado en el futuro, señor Byeolha.
Cierro los ojos.
Después vuelvo a levantar la espada.
No puedo obtener una respuesta cortando el aire.
Pero puedo estar preparado cuando aparezca.
Así pasan los días.
La casa recupera lentamente su rutina.
Jiwon nos impide entrenar con intensidad durante las primeras jornadas. Revisa las heridas cada mañana y castiga cualquier intento de ocultar dolor agregando más tiempo de descanso.
Mujin intenta mover el hombro antes de recibir permiso.
Termina con el brazo nuevamente inmovilizado.
Doyun prueba las flechas espirituales disparando desde una posición fija, utilizando solo los dedos sanos.
Hejin estudia el monóculo, esta vez sin gastar una carga dentro de la casa.
Kwon utiliza el Manto del nombre borrado para robar comida de la cocina.
La primera vez funciona.
La segunda, Eunbyeol utiliza Todos aquí y lo encuentra detrás del sillón con una bandeja completa en las manos.
Seolhwa insiste en distribuir los dieciocho puntos libres.
Todavía no se lo permito.
—Podría ser más fuerte ahora mismo —dice.
—También podrías necesitar Destreza en el próximo piso.
—Podría resolver eso golpeando más fuerte.
—No todo se resuelve golpeando.
Kwon, desde el sillón, levanta la mano.
—No quiero contradecir al capitán, pero muchas cosas sí.
Jiwon le arroja una almohada.
Eunji vuelve a llenar la casa de ruido.
No sabe qué ocurrió dentro de la Torre.
Solo sabe que regresamos heridos y que durante algunos días nadie puede cargarla demasiado tiempo.
Se conforma con sentarse junto a Seolhwa y dibujar sobre los vendajes.
Jang llega cada pocos días.
Nunca se queda demasiado.
Trae informes sobre el exterior.
—Otros tres centros rituales fueron desmantelados —informa una tarde—. No tenían apóstoles ni entidades de alto nivel.
—¿Víctimas?
—Catorce personas rescatadas. Cuatro eran menores.
Seolhwa deja de afilar el hacha.
—¿Los responsables?
—Detenidos o eliminados durante la operación.
—¿Necesitan ayuda?
—Por el momento, no.
También desmantelan centros de distribución de personas.
Depósitos clandestinos.
Organizaciones que vendían cautivos a grupos ritualistas.
Células menores de los Adoradores del Fin.
Algunos intentan aprovechar el caos de la Torre para desaparecer personas sin levantar sospechas.
El Gobierno empieza a encontrar patrones.
Transferencias.
Vehículos.
Edificios abandonados.
Empresas falsas.
Jang lleva la información al presidente y coordina las operaciones sin involucrarnos.
—Están aprendiendo —digo.
—Ese era el objetivo —responde.
No debemos convertirnos en la respuesta para cada amenaza.
Si el Gobierno necesita que intervengamos para detener a cualquier cultista, nunca desarrollará la capacidad de defenderse por sí mismo.
Por ahora, las fuerzas especiales y los despertados bajo control estatal son suficientes.
Nosotros descansamos.
Entrenamos.
Esperamos.
El tiempo avanza con rapidez.
[Tiempo restante para completar el piso 3][30 días, 5 horas]
Me siento frente al televisor junto a Kwon.
Él ocupa casi todo el sillón, aunque hay espacio de sobra.
Cambia de canal constantemente.
La mayoría de los países ya completaron el segundo piso.
Por suerte.
Algunos tardaron más de lo esperado, pero la reducción de dificultad y la información compartida fueron suficientes para evitar otra catástrofe como la del plazo anterior.
Las imágenes muestran cazadores saliendo de la Torre.
No celebran inmediatamente.
Muchos lloran.
Otros no reconocen a sus familiares durante varios minutos.
Algunos despiertan dentro del mundo real y siguen intentando atacar enemigos inexistentes.
Los equipos médicos ya saben qué hacer.
Psicólogos, psiquiatras y especialistas en trauma esperan en cada punto de salida.
Las entrevistas comienzan apenas los participantes recuperan estabilidad.
No solo para tratarlos.
También para preparar el tercer piso.
—Parece extraño —dice Kwon—. Antes de entrar les preguntan cuál fue el peor día de sus vidas.
—Es necesario.
—No digo que no. Solo que no debe ser una conversación agradable.
En la pantalla aparece una sala de preparación.
Un psicólogo habla con un grupo de cinco despertados. Cada uno tiene una carpeta diferente frente a él.
Los países intentan formar equipos sin traumas profundos.
Buscan personas emocionalmente estables.
Cazadores sin fobias incapacitantes.
Participantes con pesadillas conocidas y relativamente simples.
Algunos gobiernos separan familias para evitar que un vínculo afectivo fuerte se convierta en el centro del escenario.
Otros descartan temporalmente a despertados poderosos porque sus evaluaciones psicológicas muestran pérdidas demasiado recientes.
—Están intentando manipular la dificultad —dice Kwon.
—Sí.
—¿Funciona?
—Hasta cierto punto.
El piso selecciona una pesadilla.
Si todos los integrantes conocen sus propios miedos, el escenario pierde parte de su ventaja.
Pero eliminar todo trauma es imposible.
Una persona puede creer que teme una cosa y descubrir dentro de la Torre que existe algo mucho más profundo.
Además, Mimic ya no está.
Las ilusiones son menos estables.
La dificultad general se redujo.
Lo que nosotros enfrentamos no volverá a repetirse.
Eso vuelve el piso mucho más manejable.
Kwon cambia de canal.
Un equipo alemán regresa después de sobrevivir dentro de una ciudad inundada.
La pesadilla pertenecía a una cazadora que casi murió ahogada cuando era niña.
Todos sobrevivieron.
Calificación A.
Después aparece un grupo canadiense.
Su escenario fue un bosque interminable en el que cada miembro escuchaba la voz de alguien perdido.
Completaron la misión con calificación B.
En Japón, un grupo pasó veinticuatro horas dentro de una escuela ocupada por criaturas sin rostro.
Dos heridos.
Ningún muerto.
Calificación A.
La mayoría consigue superar el piso.
No todos obtienen resultados altos.
Algunos apenas sobreviven.
Pero sobreviven.
Es una diferencia enorme.
Pasan otras dos semanas.
El mundo encuentra cierta estabilidad alrededor de la Torre.
No paz.
Todavía no.
Pero sí una estructura.
Las asociaciones aprenden a clasificar habilidades.
Los gobiernos dejan de enviar grupos improvisados.
Los cazadores entrenan juntos antes de ingresar.
Se crean protocolos psicológicos para el tercer piso.
Los hospitales preparan salas especiales para quienes regresan de pesadillas prolongadas.
Las familias reciben instrucciones para no bombardear a los participantes con preguntas durante las primeras horas.
Incluso las noticias cambian.
Ya no presentan cada despertar como un milagro incomprensible.
Hablan de funciones.
Vanguardia.
Apoyo.
Control.
Sanación.
Infiltración.
Los países forman sus propios grupos principales.
Todavía son débiles comparados con nosotros.
No solo por las estadísticas.
Les faltan oportunidades.
Nosotros obtuvimos el Orbe del amanecer.
Entrenamos un año subjetivo en escenarios extremos.
Recibimos equipos de alto rango.
Conquistamos tres pisos con resultados perfectos.
Un equipo normal no puede reproducir eso en unos meses.
Pero empieza a construir algo propio.
Estados Unidos reúne al Maestro de la espada con un sanador de rango A, una usuaria de barreras y dos combatientes militares.
China forma varios equipos en lugar de depender de uno solo.
Francia integra cazadores de diferentes asociaciones regionales.
Brasil combina especialistas en rescate con combatientes capaces de controlar grandes áreas.
Corea también busca nuevos despertados.
No para reemplazarnos.
Para crear una segunda línea.
El mundo parece haber comprendido finalmente que un único grupo fuerte no puede cargar con todo.
[Tiempo restante para completar el piso 3]
[16 días, 5 horas]
La tasa de éxito continúa aumentando.
La mayoría de los grupos que ingresan consigue completar la misión.
La diferencia con el segundo piso es evidente.
El piso anterior exigía proteger ciudadanos, mantener fuentes de luz, administrar recuerdos, destruir núcleos y resistir a la Luna Muerta.
Demasiadas variables fuera del control de los participantes.
En el tercero, en cambio, existe un factor que puede prepararse.
La mente.
No es fácil.
Pero puede estudiarse.
Los equipos comparten sus miedos.
Crean contraseñas.
Registran gestos.
Memorizan recuerdos comunes.
Establecen órdenes para despertar a compañeros.
Algunos incluso llevan objetos personales capaces de funcionar como anclas.
Fotografías.
Cartas.
Anillos.
Juguetes.
Recuerdos físicos que una pesadilla puede copiar, pero no explicar correctamente.
El piso sigue siendo peligroso.
Hay grupos que pierden integrantes.
Otros quedan atrapados dentro de sus deseos hasta que termina el tiempo.
Algunos salen con secuelas graves.
Pero ya no existe el mismo sentimiento de impotencia.
La gente empieza a creer que la Torre puede ser comprendida.
Eso me preocupa.
La confianza es necesaria.
El exceso de confianza mata.
Kwon cambia de canal.
—Todos dicen que el tercer piso fue más fácil de lo esperado.
—Para ellos lo fue.
—¿Eso te molesta?
—No.
Debería alegrarme.
Nuestra calificación SSS redujo la dificultad.
Eliminamos al apóstol.
Permitimos que miles de personas regresaran con vida.
Ese era el objetivo.
Aun así, observo las celebraciones con una sensación extraña.
Ellos entraron en un piso sin Mimic.
Sin la ruta oculta.
Sin una entidad capaz de construir una vida perfecta y convertirla en prisión.
No sabrán lo que retiramos.
Tampoco necesitan saberlo.
—Estás pensando demasiado —dice Kwon.
—Siempre pienso demasiado.
—Eso explica muchas cosas.
Deja el control sobre la mesa.
En la pantalla, un grupo italiano sale de la Torre abrazándose.
Todos vivos.
Calificación B.
La familia de uno de ellos atraviesa la seguridad y corre hacia el equipo.
El cazador tarda unos segundos en reconocerlos.
Después empieza a llorar.
Miro por la ventana.
El cielo está cubierto de nubes.
No se parece al de la cabaña.
Este cambia.
El viento las empuja lentamente hacia el este.
—Al menos aprendieron —digo.
—¿Quiénes?
—Todos.
Kwon sigue mi mirada.
—Todavía queda tiempo para que arruinen las cosas.
—Siempre.
La puerta de la sala se abre.
Jang entra con otra carpeta bajo el brazo.
Su expresión indica que no viene solo a informar sobre estadísticas internacionales.
—Señor Cheonro.
Apago el televisor.
—¿Qué pasó?
Jang deja la carpeta sobre la mesa.
—Encontramos algo durante una de las operaciones contra los centros rituales.
Kwon guarda la comida.
No hace ninguna broma.
—¿Otro apóstol? —pregunto.
—No lo sabemos.
Jang abre la carpeta.
Dentro hay fotografías de un edificio subterráneo.
Paredes cubiertas por símbolos.
Cuerpos de ritualistas.
Un círculo incompleto.
Y, en el centro, una frase escrita en un idioma que no debería existir todavía.
No necesito leerla.
Reconozco los caracteres.
Demoníaco antiguo.
Una lengua que aprendí varios siglos después del inicio del apocalipsis.
Jang señala la imagen.
—Los especialistas no consiguieron traducirla.
Miro las palabras.
EL CIELO QUE REGRESÓ YA FUE ENCONTRADO.
Mi mano se tensa sobre la carpeta.
El mundo empezó a estabilizarse alrededor de la Torre.
Pero algo, fuera de ella, acaba de encontrarse conmigo.