Con el paso de los días, continué entrenando por mi cuenta mientras esperaba el regreso de Kwon.
También visitaba a Eunji con frecuencia.
Sin embargo, dejé de ir a mi antigua casa.
Ya le había entregado mi número a Eunbyeol. Ahora la decisión le pertenecía a ella.
No quería seguir observándola desde los tejados como una sombra.
Aquella tarde me encontraba en el patio del orfanato, sentado debajo del árbol mientras varios niños jugaban cerca.
Eunji se acercó con pasos pequeños.
—Kim...
Levanté la mirada.
—Decime, Eunji.
Me agaché para quedar a su altura.
La niña juntó las manos detrás de la espalda y balanceó ligeramente el cuerpo.
—En la televisión dicen que hay personas con poderes...
—Eso dicen.
—Son geniales —afirmó con seriedad.
Sonreí.
—La verdad es que sí. Son bastante geniales.
Eunji me observó durante unos segundos, como si estuviera intentando descubrir algo.
—¿Vos tenés poderes, Kim?
—Sí. Tengo poderes —respondí con honestidad.
Sus ojos se abrieron por completo.
Por un instante, pareció que pequeñas estrellas brillaban dentro de ellos.
—¿Cuál es tu poder?
Comenzó a hablar cada vez más rápido.
—¿Podés lanzar fuego? ¿Volar? ¿Hacer hielo? ¿Leer la mente? ¿Desaparecer? ¿Podés convertirte en un animal?
—No puedo hacer ninguna de esas cosas.
La emoción de su rostro disminuyó un poco.
—Ah...
—Pero soy muy fuerte y muy rápido.
Eunji ladeó la cabeza.
—¿Qué tan fuerte?
Pensé un momento.
—Bastante.
—¿Más fuerte que un policía?
—Sí.
—¿Más fuerte que un soldado?
—Sí.
—¿Más fuerte que un oso?
—Probablemente.
Sus ojos volvieron a iluminarse.
—¿Querés verlo? —pregunté.
Eunji asintió tan rápido que su cabello rebotó sobre su frente.
Miré alrededor.
No quería destruir nada del orfanato únicamente para impresionarla.
Cerca de una pared había una gran maceta de piedra. Era lo suficientemente pesada como para que dos adultos tuvieran dificultades para moverla.
Me acerqué y coloqué una mano debajo.
—Prestá atención.
La levanté con facilidad.
No utilicé más fuerza que la necesaria.
Aun así, para Eunji, la maceta parecía flotar sobre mi palma.
—¡Woooow!
Su grito atrajo inmediatamente la atención de los demás niños.
—¿Qué pasa? —preguntó Minjun mientras corría hacia nosotros.
Al verme sosteniendo la maceta con una sola mano, se detuvo.
—¡Está levantando eso!
En cuestión de segundos, todos los niños abandonaron lo que estaban haciendo y me rodearon.
—¡Levantala más alto!
—¡Con un dedo!
—¡Ahora levantá el árbol!
—No voy a levantar el árbol —respondí.
—¿Por qué?
—Porque Seolhwa me mataría.
—Mamá no puede matarte si sos más fuerte que un oso —dijo otro niño.
—No la subestimes.
Dejé la maceta cuidadosamente en su lugar.
Eunji seguía mirándome con admiración.
—¿Y también sos rápido?
—Sí.
—¡Mostralo!
Los demás niños se sumaron enseguida.
—¡Sí, mostralo!
—¡Corré hasta la pared!
—¡Dale una vuelta a la casa!
—¡Traé dulces!
Miré al niño que había dicho lo último.
—Eso no tiene relación con la velocidad.
—Pero sería una buena demostración.
No podía discutir con aquella lógica.
Tomé una pequeña hoja seca del suelo y se la entregué a Eunji.
—Tirala hacia arriba.
Ella la sostuvo con ambas manos.
—¿Así?
—Sí.
Eunji lanzó la hoja.
Antes de que comenzara a caer, desaparecí de su vista.
Di una vuelta completa alrededor del patio, entré por la puerta trasera, tomé una manzana de la cocina y regresé al mismo lugar.
Atrape la hoja antes de que tocara el suelo.
Los niños permanecieron inmóviles.
Ninguno pareció comprender lo ocurrido.
Levanté la manzana.
—¿Esto sirve?
Durante un segundo hubo silencio.
Después, todos comenzaron a gritar al mismo tiempo.
—¡DESAPARECIÓ!
—¡ES UN FANTASMA!
—¡HACE TRAMPA!
—¡QUIERO INTENTARLO!
Eunji comenzó a reír.
No fue una sonrisa pequeña ni insegura.
Rió de verdad.
El sonido me dejó quieto.
Desde que la había encontrado en aquella fábrica, nunca la había escuchado reír de esa manera.
Por un instante, ya no parecía la única sobreviviente de una habitación llena de cadáveres.
Solo era una niña emocionada porque alguien había corrido demasiado rápido.
Seolhwa apareció en la puerta con el trapo sobre un hombro.
—¿Qué está pasando acá?
Los niños corrieron hacia ella.
—¡Kim tiene poderes!
—¡Levantó la maceta!
—¡Desapareció!
—¡Robó una manzana!
Seolhwa me miró.
Después observó la fruta que todavía sostenía.
—No la robé.
—La sacó de mi cocina sin preguntar.
—Pensaba devolverla.
—¿Mordida?
Miré la manzana.
—Todavía no había decidido esa parte.
Seolhwa suspiró.
—No vuelva a correr así dentro de la casa. Puede chocar con alguno de los niños.
—No va a ocurrir.
—Eso dicen todos antes de romper algo.
Eunji tiró suavemente de mi manga.
—Kim...
Volví a agacharme.
—¿Qué pasa?
—¿Yo también puedo tener poderes?
Su pregunta hizo que los demás niños guardaran silencio.
La emoción de su rostro era genuina.
No comprendía el peligro.
Para ella, los poderes significaban levantar macetas y correr más rápido que una hoja.
No sangre.
No monstruos.
No cadáveres esparcidos sobre una muralla.
—Tal vez —respondí.
—¿Cuando sea grande?
—Quizá antes.
—¿Y puedo ser fuerte como vos?
La observé durante unos segundos.
—Podrías llegar a ser incluso más fuerte.
Eunji abrió la boca, sorprendida.
—¿Más que un oso?
—Mucho más que un oso.
—¡Entonces quiero poderes!
Seolhwa se tensó levemente.
—Eunji...
Pero levanté una mano para tranquilizarla.
—Tener poderes no siempre es divertido —le expliqué a la niña—. A veces significa que tenés que hacer cosas difíciles.
—¿Como ordenar mi cuarto?
—Más difíciles.
Eunji frunció el ceño, intentando imaginar algo peor.
—¿Como comer verduras?
—Mucho más difíciles.
Los niños murmuraron entre ellos, alarmados.
Al parecer, había conseguido que la Torre sonara realmente aterradora.
—Pero los poderes sirven para proteger personas —añadí—. Y para eso primero hay que aprender a utilizarlos correctamente.
Eunji pensó un momento.
—Entonces quiero proteger a mamá y a los otros niños.
Seolhwa se quedó inmóvil.
Yo también.
Era demasiado pequeña para cargar con aquel deseo.
Pero conocía personas adultas que habían entrado en la Torre por motivos mucho más egoístas.
Apoyé una mano sobre su cabeza.
—Por ahora, dejá que nosotros te protejamos a vos.
—¿Vos también?
—Yo también.
Eunji levantó el dedo meñique.
—¿Promesa?
Miré su pequeña mano.
Las promesas hechas a los niños eran peligrosas.
Ellos todavía creían que los adultos podían cumplirlas todas.
Aun así, entrelacé mi dedo con el suyo.
—Promesa.
Desde la entrada, Seolhwa me observaba en silencio.
Su expresión era difícil de interpretar.
Quizá todavía no confiaba en mí.
Pero por primera vez, tampoco parecía estar buscando una razón para echarme.
Mientras los niños seguían hablando sobre mis poderes, la televisión de la sala cambió a una transmisión especial.
La presentadora sostenía varias hojas entre las manos. Detrás de ella aparecían imágenes de las entradas negras que habían surgido en distintos países.
—Los gobiernos de todo el mundo han restringido temporalmente el acceso a la Torre hasta conocer las condiciones de seguridad en su interior.
La pantalla mostró soldados rodeando un portal en Europa. Luego aparecieron barricadas en Japón y vehículos militares frente a otra entrada en Sudamérica.
—Hasta el momento, solo se ha confirmado el ingreso de una persona: un ciudadano de Corea del Sur cuya identidad todavía no ha sido revelada. Diversos gobiernos esperan información oficial de nuestro país antes de decidir si permitirán el acceso de sus propios ciudadanos.
Kwon.
Seguía siendo el único que había entrado.
Uno de los niños tomó el control remoto y cambió de canal.
—¡Quiero ver los poderes!
La siguiente emisora también transmitía noticias.
Detrás del periodista aparecía el emblema del gobierno surcoreano junto a un símbolo nuevo: una torre rodeada por dos alas.
—El gobierno de Corea del Sur ha anunciado esta mañana la creación de la Asociación Nacional de Despertados.
La imagen cambió hacia una conferencia de prensa.
Un funcionario permanecía frente a decenas de cámaras.
—Todo ciudadano que haya manifestado una habilidad podrá registrarse voluntariamente. Los miembros de la asociación recibirán un salario mensual, alojamiento en caso de necesitarlo, atención médica especializada y entrenamiento supervisado.
En la parte inferior de la pantalla apareció una lista de beneficios.
Salario mensual.
Vivienda temporal.
Protección familiar.
Entrenamiento y evaluación de habilidades.
Acceso prioritario a información sobre la Torre.
El gobierno había actuado con rapidez.
Más rápido de lo que esperaba.
—También se ha aclarado que el registro no será obligatorio —continuó la periodista—, aunque las autoridades recomiendan que todos los despertados se presenten para evitar accidentes relacionados con el uso de habilidades.
Así estaba mejor.
Obligarlos a registrarse solo habría conseguido que se escondieran.
Los despertados necesitaban sentir que la asociación podía ayudarlos, no que se trataba de una prisión con otro nombre.
El niño volvió a cambiar de canal.
Esta vez apareció una bandera estadounidense y un edificio cubierto por pantallas.
—El gobierno de Estados Unidos confirmó la creación de STARS, una organización destinada a reclutar y preparar despertados.
La transmisión mostraba instalaciones modernas, vehículos blindados y habitaciones de entrenamiento.
—Los integrantes seleccionados recibirán compensaciones económicas, vivienda, educación gratuita, seguros médicos para sus familias y contratos exclusivos con distintas agencias gubernamentales.
—Dan muchas cosas —comentó Seolhwa desde la puerta.
—Quieren atraer a los mejores antes de que lo hagan otros países —respondí.
En la pantalla, un hombre capaz de cubrir sus brazos con electricidad posaba frente a las cámaras.
No parecía un soldado.
Parecía una celebridad.
—Además, algunas empresas privadas ya han comenzado a ofrecer contratos millonarios a los despertados con habilidades consideradas excepcionales.
Aquello era inevitable.
Los gobiernos no serían los únicos interesados.
Empresas, iglesias, organizaciones criminales y personas ricas intentarían reunir su propia fuerza.
La humanidad acababa de descubrir una nueva forma de poder.
Y el poder siempre encontraba compradores.
El canal volvió a cambiar.
La atmósfera fue completamente diferente.
Soldados chinos marchaban por una avenida mientras vehículos militares bloqueaban las calles.
—El gobierno de China ha declarado la ley marcial en diversas regiones del país después de registrarse varios incidentes relacionados con despertados.
La periodista hablaba desde fuera del territorio chino. Las imágenes parecían haber sido grabadas desde teléfonos antes de que se cortaran las comunicaciones.
—Todos los ciudadanos que manifiesten habilidades deberán presentarse ante las autoridades. Negarse al registro será considerado una amenaza para la seguridad nacional.
Aparecieron hombres y mujeres siendo conducidos hacia vehículos militares.
Algunos llevaban esposas.
Otros tenían collares metálicos alrededor del cuello.
—Los accesos a la Torre han quedado completamente bajo control del ejército. No se permitirá el ingreso sin autorización gubernamental.
Seolhwa dejó de limpiar la mesa.
—¿Pueden hacer eso?
—Pueden intentarlo.
—No parece que esas personas tengan opción.
—No la tienen.
Uno de los niños señaló la pantalla.
—¿Ellos son malos?
Seolhwa se apresuró a tomar el control remoto.
—Ya fue suficiente de noticias.
Apagó el televisor.
—Vayan a ordenar sus habitaciones. Y esta vez quiero que realmente lo hagan.
Los niños protestaron, pero una mirada suya fue suficiente para hacerlos correr hacia el pasillo.
Eunji permaneció a mi lado.
—¿Las personas con poderes dan miedo? —preguntó.
Me agaché frente a ella.
—Algunas sí.
—¿Vos das miedo?
Pensé durante un momento.
—A veces.
—A mí no.
La respuesta fue inmediata.
Sentí una calidez extraña dentro del pecho.
—Eso es bueno.
Eunji corrió detrás de los demás niños.
Seolhwa esperó hasta que desaparecieron antes de hablar.
—¿Esto era a lo que se refería cuando dijo que el mundo estaba cambiando?
—Es solo el comienzo.
—Corea ofrece casas. Estados Unidos ofrece dinero. China encierra personas.
Dejó el trapo sobre la mesa.
—¿Cuál de ellos está haciendo lo correcto?
Miré la pantalla apagada.
—Ninguno lo sabe todavía.
—Pero usted tiene una opinión.
—Corea tomó la mejor decisión por ahora.
—¿Porque siguieron sus recomendaciones?
—Porque están ofreciendo una razón para colaborar.
Me acerqué a la ventana.
En las calles, las personas continuaban con sus vidas. Algunas llevaban periódicos. Otras observaban sus teléfonos, probablemente leyendo las mismas noticias.
—Los despertados no son armas que puedan guardarse en un depósito —continué—. Si los tratan como prisioneros, tarde o temprano se rebelarán. Si los convierten en celebridades, muchos comenzarán a creer que están por encima de los demás.
—¿Y ofrecerles un salario evita eso?
—No.
Giré hacia ella.
—Pero permite encontrarlos, entrenarlos y enseñarles a controlar sus habilidades antes de que maten a alguien por accidente.
Seolhwa cruzó los brazos.
—Habla como si ya hubiera visto lo que ocurre cuando todo sale mal.
Me quedé en silencio.
El aire pareció volverse ligeramente más pesado.
—Es fácil imaginarlo —respondí.
La presión desapareció.
Ella no pareció convencida.
—¿Y qué ocurrirá cuando ese joven salga de la Torre?
—Dependerá de cómo la haya superado.
—Todo el mundo está esperando su respuesta.
—Ese es el problema.
Si Kwon regresaba herido, los gobiernos utilizarían su estado como prueba de que la Torre debía permanecer cerrada.
Si regresaba con nuevas habilidades y recompensas, miles intentarían entrar sin preparación.
Cualquiera de los dos resultados provocaría caos.
—¿Cree que sobrevivirá? —preguntó Seolhwa.
Recordé su sonrisa antes de atravesar el portal.
—Sí.
—¿Confía en él?
—Todavía no.
—Entonces parece muy seguro.
—Confío en su deseo de sobrevivir.
Volví la mirada hacia el televisor.
Kwon no solo estaba intentando superar el primer piso.
Sin saberlo, cargaba con la decisión de todo el mundo.
Cuando regresara, cada país observaría sus heridas, sus recompensas y sus palabras.
Y decidiría cuántas vidas estaba dispuesto a sacrificar por entrar en la Torre.
helou, si les va gustando la novela, les comento que llevo publicando +150 capitulos en wattpad, por si quieren ir viendo los demás capítulos
https://www.wattpad.com/story/413266932-el-cazador-que-adelant%C3%B3-el-apocalipsis-vol-1