Lo de los gobiernos está tan frío. Cada uno inventando formas de controlar lo que acaba de nacer. Corea casa, Estados Unidos dinero, China cadenas.
Capítulo 19: Piso 1 abierto (3)
Pensamiento
Lo de los gobiernos está tan frío. Cada uno inventando formas de controlar lo que acaba de nacer. Corea casa, Estados Unidos dinero, China cadenas.
Contenido de la publicación
Con el paso de los días, continúo entrenando por mi cuenta mientras espero el regreso de Kwon.
También visito a Eunji con frecuencia.
Sin embargo, dejo de ir a mi antigua casa. Ya le entregué mi número a Eunbyeol y ahora la decisión le pertenece.
No quiero seguir observándola desde los tejados como una sombra.
Aquella tarde me encuentro en el patio del orfanato, sentado debajo del árbol mientras varios niños juegan cerca.
Eunji se aproxima con pasos pequeños.
—Kim...
Levanto la mirada.
—Decime, Eunji.
Me agacho para quedar a su altura. La niña junta las manos detrás de la espalda y balancea ligeramente el cuerpo.
—En la televisión dicen que hay personas con poderes...
—Eso dicen.
—Son geniales —afirma con seriedad.
Sonrío.
—La verdad es que sí. Son bastante geniales.
Eunji me observa durante unos segundos, como si intentara descubrir algo.
—¿Vos tenés poderes, Kim?
—Sí.
Sus ojos se abren por completo. Por un instante, parece que pequeñas estrellas brillan dentro de ellos.
—¿Cuál es tu poder? ¿Podés lanzar fuego? ¿Volar? ¿Hacer hielo? ¿Leer la mente? ¿Desaparecer? ¿Podés convertirte en un animal?
Las preguntas empiezan a salir cada vez más rápido.
—No puedo hacer ninguna de esas cosas.
La emoción de su rostro disminuye.
—Ah...
—Pero soy muy fuerte y muy rápido.
Eunji ladea la cabeza.
—¿Qué tan fuerte?
Lo pienso un momento.
—Bastante.
—¿Más fuerte que un policía?
—Sí.
—¿Más fuerte que un soldado?
—Sí.
—¿Más fuerte que un oso?
—Probablemente.
Sus ojos vuelven a iluminarse.
—¿Querés verlo?
Eunji asiente tan rápido que el cabello le rebota sobre la frente.
Miro alrededor. No quiero destruir nada del orfanato únicamente para impresionarla.
Cerca de una pared hay una maceta grande de piedra, lo bastante pesada como para que dos adultos tengan dificultades al moverla. Me acerco y coloco una mano debajo.
—Prestá atención.
La levanto con facilidad, sin utilizar más fuerza que la necesaria.
Para Eunji, la maceta parece flotar sobre mi palma.
—¡Guau!
Su grito atrae de inmediato a los demás niños.
—¿Qué pasa? —pregunta Minjun mientras corre hacia nosotros.
Cuando me ve sosteniendo la maceta con una mano, se detiene.
—¡Está levantando eso!
En cuestión de segundos, todos abandonan lo que estaban haciendo y me rodean.
—¡Levantala más alto!
—¡Con un dedo!
—¡Ahora levantá el árbol!
—No voy a levantar el árbol.
—¿Por qué?
—Porque Seolhwa me mataría.
—Mamá no puede matarte si sos más fuerte que un oso —señala otro niño.
—No la subestimes.
Dejo la maceta con cuidado en su lugar.
Eunji continúa mirándome con admiración.
—¿Y también sos rápido?
—Sí.
—¡Mostralo!
Los demás se suman enseguida.
—¡Sí, mostralo!
—¡Corré hasta la pared!
—¡Dale una vuelta a la casa!
—¡Traé dulces!
Miro al niño que dijo lo último.
—Eso no tiene ninguna relación con la velocidad.
—Pero sería una buena demostración.
No puedo discutir con esa lógica.
Tomo una hoja seca del suelo y se la entrego a Eunji.
—Tirala hacia arriba.
Ella la sostiene con ambas manos.
—¿Así?
—Sí.
Eunji lanza la hoja.
Antes de que empiece a caer, desaparezco de su vista. Doy una vuelta completa alrededor del patio, entro por la puerta trasera, tomo una manzana de la cocina y regreso al mismo lugar.
Atrapo la hoja antes de que toque el suelo.
Los niños permanecen inmóviles.
Ninguno parece comprender lo ocurrido.
Levanto la manzana.
—¿Esto sirve?
Durante un segundo hay silencio.
Después todos empiezan a gritar al mismo tiempo.
—¡Desapareció!
—¡Es un fantasma!
—¡Hizo trampa!
—¡Quiero intentarlo!
Eunji comienza a reír.
No es una sonrisa pequeña ni insegura.
Se ríe de verdad.
El sonido me deja inmóvil.
Desde que la encontré en la fábrica, nunca la había escuchado reír de esa manera. Por un instante, ya no parece la única superviviente de una habitación llena de cadáveres.
Solo es una niña emocionada porque alguien corrió demasiado rápido.
Seolhwa aparece en la puerta con el trapo apoyado sobre un hombro.
—¿Qué está pasando acá?
Los niños corren hacia ella.
—¡Kim tiene poderes!
—¡Levantó la maceta!
—¡Desapareció!
—¡Robó una manzana!
Seolhwa me mira y después observa la fruta que todavía sostengo.
—No la robé.
—La sacó de mi cocina sin preguntar.
—Pensaba devolverla.
—¿Mordida?
Miro la manzana.
—Todavía no había decidido esa parte.
Seolhwa suspira.
—No vuelva a correr así dentro de la casa. Podría chocar con alguno de los niños.
—No va a ocurrir.
—Eso dicen todos antes de romper algo.
Eunji tira suavemente de mi manga.
—Kim...
Vuelvo a agacharme.
—¿Qué pasa?
—¿Yo también puedo tener poderes?
Los demás niños guardan silencio.
La emoción de su rostro es genuina. No comprende el peligro. Para ella, los poderes significan levantar macetas y correr más rápido que una hoja.
No sangre, monstruos ni cadáveres esparcidos sobre una muralla.
—Tal vez.
—¿Cuando sea grande?
—Quizá antes.
—¿Y puedo ser fuerte como vos?
La observo durante unos segundos.
—Podrías llegar a ser incluso más fuerte.
Eunji abre la boca, sorprendida.
—¿Más que un oso?
—Mucho más.
—¡Entonces quiero poderes!
Seolhwa se tensa.
—Eunji...
Levanto una mano para tranquilizarla.
—Tener poderes no siempre es divertido —le explico a la niña—. A veces significa que tenés que hacer cosas difíciles.
—¿Como ordenar mi cuarto?
—Más difíciles.
Eunji frunce el ceño, tratando de imaginar algo peor.
—¿Como comer verduras?
—Mucho más difíciles.
Los niños murmuran entre ellos, alarmados.
Al parecer, conseguí que la Torre sonara realmente aterradora.
—Pero los poderes también sirven para proteger a otras personas —añado—. Y para eso primero hay que aprender a utilizarlos correctamente.
Eunji lo piensa un momento.
—Entonces quiero proteger a mamá y a los otros niños.
Seolhwa se queda inmóvil.
Yo también.
Es demasiado pequeña para cargar con ese deseo, aunque conozco adultos que entraron en la Torre por motivos mucho más egoístas.
Apoyo una mano sobre su cabeza.
—Por ahora, dejá que nosotros te protejamos a vos.
—¿Vos también?
—Yo también.
Eunji levanta el dedo meñique.
—¿Promesa?
Miro su mano.
Las promesas hechas a los niños son peligrosas. Ellos todavía creen que los adultos pueden cumplirlas todas.
Aun así, entrelazo mi dedo con el suyo.
—Promesa.
Desde la entrada, Seolhwa me observa en silencio. Su expresión resulta difícil de interpretar.
Tal vez todavía no confíe en mí.
Pero, por primera vez, tampoco parece buscar una razón para echarme.
Mientras los niños continúan hablando sobre mis poderes, la televisión de la sala cambia a una transmisión especial.
La presentadora sostiene varias hojas entre las manos. Detrás de ella aparecen imágenes de las entradas negras surgidas en distintos países.
—Los gobiernos de todo el mundo han restringido temporalmente el acceso a la Torre hasta conocer las condiciones de seguridad en su interior.
La pantalla muestra soldados rodeando un portal en Europa, barricadas en Japón y vehículos militares frente a otra entrada en Sudamérica.
—Desde la apertura pública de los accesos, solo se ha confirmado el ingreso de una persona: un ciudadano de Corea del Sur cuya identidad todavía no ha sido revelada. Diversos gobiernos esperan información oficial de nuestro país antes de decidir si permitirán la entrada de sus propios ciudadanos.
Kwon.
Continúa siendo el único que ha entrado después de mí.
Uno de los niños toma el control remoto y cambia de canal.
—¡Quiero ver los poderes!
La siguiente emisora también transmite noticias. Detrás del periodista aparece el emblema del gobierno surcoreano junto con un símbolo nuevo: una torre rodeada por dos alas.
—El gobierno de Corea del Sur anunció esta mañana la creación de la Asociación Nacional de Despertados.
La imagen cambia a una conferencia de prensa. Un funcionario permanece frente a decenas de cámaras.
—Todo ciudadano que haya manifestado una habilidad podrá registrarse voluntariamente. Los miembros de la asociación recibirán un salario mensual, alojamiento si lo necesitan, atención médica especializada y entrenamiento supervisado.
En la parte inferior de la pantalla aparece una lista de beneficios.
Salario mensual.
Vivienda temporal.
Protección familiar.
Entrenamiento y evaluación de habilidades.
Acceso prioritario a información sobre la Torre.
El gobierno actuó con rapidez.
Más de la que esperaba.
—También se aclaró que el registro no será obligatorio —continúa la periodista—, aunque las autoridades recomiendan que todos los despertados se presenten para prevenir accidentes relacionados con sus habilidades.
Así está mejor.
Obligarlos a registrarse solo conseguiría que se ocultaran. Necesitan sentir que la asociación puede ayudarlos, no que es una prisión con otro nombre.
El niño cambia nuevamente de canal.
Esta vez aparece una bandera estadounidense y un edificio cubierto de pantallas.
—El gobierno de Estados Unidos confirmó la creación de STARS, una organización destinada a reclutar y preparar despertados.
La transmisión muestra instalaciones modernas, vehículos blindados y salas de entrenamiento.
—Los integrantes seleccionados recibirán compensaciones económicas, vivienda, educación gratuita, seguros médicos para sus familias y contratos exclusivos con distintas agencias gubernamentales.
—Dan muchas cosas —comenta Seolhwa desde la puerta.
—Quieren atraer a los mejores antes que los demás países.
En la pantalla, un hombre capaz de cubrir sus brazos con electricidad posa frente a las cámaras.
No parece un soldado.
Parece una celebridad.
—Además, algunas empresas privadas ya empezaron a ofrecer contratos millonarios a los despertados con habilidades consideradas excepcionales.
Era inevitable.
Los gobiernos no serían los únicos interesados. Empresas, iglesias, organizaciones criminales y personas ricas intentarían reunir su propia fuerza.
La humanidad acaba de descubrir una forma nueva de poder.
Y el poder siempre encuentra compradores.
El canal vuelve a cambiar.
La atmósfera es completamente diferente.
Soldados chinos marchan por una avenida mientras vehículos militares bloquean las calles.
—El gobierno de China ha declarado la ley marcial en varias regiones después de registrarse incidentes relacionados con despertados.
La periodista informa desde fuera del territorio chino. Las imágenes parecen haber sido grabadas con teléfonos antes de que se interrumpieran las comunicaciones.
—Todos los ciudadanos que manifiesten habilidades deberán presentarse ante las autoridades. Negarse al registro será considerado una amenaza para la seguridad nacional.
Aparecen hombres y mujeres conducidos hacia vehículos militares. Algunos llevan esposas; otros, collares metálicos alrededor del cuello.
—Los accesos a la Torre han quedado completamente bajo control del ejército. No se permitirá el ingreso sin autorización gubernamental.
Seolhwa deja de limpiar la mesa.
—¿Pueden hacer eso?
—Pueden intentarlo.
—No parece que esas personas tengan opción.
—No la tienen.
Uno de los niños señala la pantalla.
—¿Ellos son malos?
Seolhwa se apresura a tomar el control remoto.
—Ya fue suficiente de noticias.
Apaga el televisor.
—Vayan a ordenar sus habitaciones. Y esta vez quiero que realmente lo hagan.
Los niños protestan, pero una mirada suya basta para hacerlos correr hacia el pasillo.
Eunji permanece a mi lado.
—¿Las personas con poderes dan miedo?
Me agacho frente a ella.
—Algunas sí.
—¿Vos das miedo?
Lo pienso un momento.
—A veces.
—A mí no.
La respuesta es inmediata.
Siento una calidez extraña dentro del pecho.
—Eso es bueno.
Eunji corre detrás de los demás niños.
Seolhwa espera hasta que desaparecen antes de hablar.
—¿Esto era a lo que se refería cuando dijo que el mundo estaba cambiando?
—Es solo el comienzo.
—Corea ofrece casas, Estados Unidos ofrece dinero y China encierra personas.
Deja el trapo sobre la mesa.
—¿Cuál está haciendo lo correcto?
Miro la pantalla apagada.
—Ninguno lo sabe todavía.
—Pero usted tiene una opinión.
—Corea tomó la mejor decisión por ahora.
—¿Porque siguieron sus recomendaciones?
—Porque ofrecen una razón para colaborar.
Me acerco a la ventana. En las calles, las personas continúan con sus vidas. Algunas llevan periódicos; otras miran sus teléfonos, probablemente leyendo las mismas noticias.
—Los despertados no son armas que puedan guardarse en un depósito —continúo—. Si los tratan como prisioneros, tarde o temprano se rebelarán. Si los convierten en celebridades, muchos empezarán a creer que están por encima de los demás.
—¿Y ofrecerles un salario evita eso?
—No.
Me giro hacia ella.
—Pero permite encontrarlos, entrenarlos y enseñarles a controlar sus habilidades antes de que maten a alguien por accidente.
Seolhwa cruza los brazos.
—Habla como si ya hubiera visto lo que ocurre cuando todo sale mal.
Me quedo callado.
El aire parece volverse un poco más pesado.
—Es fácil imaginarlo —respondo.
La presión desaparece.
Ella no parece convencida.
—¿Y qué ocurrirá cuando ese joven salga de la Torre?
—Dependerá de cómo la haya superado.
—Todo el mundo espera su respuesta.
—Ese es el problema.
Si Kwon regresa herido, los gobiernos utilizarán su estado como prueba de que la Torre debe permanecer cerrada. Si vuelve con habilidades y recompensas, miles intentarán entrar sin preparación.
Cualquiera de los dos resultados provocará caos.
—¿Cree que sobrevivirá? —pregunta Seolhwa.
Recuerdo su sonrisa antes de atravesar el portal.
—Sí.
—¿Confía en él?
—Todavía no.
—Entonces parece muy seguro.
—Confío en su deseo de sobrevivir.
Vuelvo la mirada hacia el televisor.
Kwon no solo intenta superar el primer piso. Sin saberlo, carga con las decisiones que tomarán gobiernos de todo el mundo.
Cuando regrese, cada país observará sus heridas, sus recompensas y sus palabras.
Y decidirá cuántas vidas está dispuesto a sacrificar para entrar en la Torre.
Thoughts
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PermalinkSuena como que Kim entiende el peso de lo que prometió. Un niño lo pide como si fuera un juego, pero hay algo en su respuesta que es en serio.
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PermalinkEunji quiere poderes para proteger. Es tierno, aunque capaz que en la práctica sea más difícil de lo que imagina.
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PermalinkLa paciencia que tiene al levantar la maceta lentamente para que vea. No todos harían así con un chico.
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PermalinkLo de los gobiernos está tan frío. Cada uno inventando formas de controlar lo que acaba de nacer. Corea casa, Estados Unidos dinero, China cadenas.
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PermalinkEso que Seolhwa deje de buscar una razón para echarlo. Eso dice más que cualquier cosa.
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Con el paso de los días, continué entrenando por mi cuenta mientras esperaba el regreso de Kwon.