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Capítulo 52: Crisis mundial (2)

NicolasPeanl
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El teléfono todavía vibra en mi mano cuando el anuncio desaparece.

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El teléfono todavía vibra en mi mano cuando el anuncio desaparece.

Frente al televisor, las imágenes cambian demasiado rápido.

Una grieta en Chubut.

Otra en una región montañosa de Corea del Norte.

Una tercera cerca de un poblado africano.

Vehículos militares avanzando.

Soldados disparando contra criaturas que nunca habían visto.

Personas corriendo sin saber hacia dónde.

El contador mundial permanece en una esquina de la pantalla.

[Tiempo restante de las grietas de penalización][1 hora, 58 minutos, 43 segundos]

Cada país que destruya su núcleo reducirá cinco minutos del tiempo restante de todas las demás grietas.

La Torre les dio una oportunidad.

No una buena.

Pero una oportunidad.

—Dígame —responde Jang al otro lado de la llamada—. ¿Podemos intervenir?

Su voz se escucha más tensa de lo habitual.

Detrás de él distingo otras voces, teléfonos sonando y personas hablando al mismo tiempo. El gabinete debe haberse reunido apenas aparecieron las grietas.

Miro nuevamente la televisión.

Una criatura de cuatro patas embiste un vehículo militar argentino y lo vuelca sobre la nieve.

—Podemos —respondo.

Jang guarda silencio durante un instante.

—Entonces el presidente quiere reunirlos de inmediato.

—¿Para qué?

—Varios gobiernos ya solicitaron nuestra ayuda. Corea del Norte, Japón, Estados Unidos y parte de Europa están preguntando qué equipos podemos desplegar.

—Japón y Estados Unidos completaron el piso.

—Quieren apoyar a países aliados.

—Que lo hagan.

—También preguntan por nosotros.

—No iremos.

Del otro lado de la línea, el ruido parece detenerse.

—¿Qué dijo?

—Que no iremos.

Kwon gira la cabeza desde el sillón.

Mujin me observa desde el otro lado de la sala.

Eunbyeol deja de escribir.

Todos escucharon.

Jang tarda unos segundos en responder.

—Cheonro, hay gobiernos dispuestos a pagar cualquier cantidad por su participación.

—No somos mercenarios.

—No estoy hablando únicamente de dinero.

—Entonces tampoco somos un ejército internacional.

—Hay civiles en peligro.

—Siempre los hay.

La respuesta sale más fría de lo que probablemente esperaban.

Jiwon frunce el ceño.

No aparto la mirada del televisor.

—Envíeles los informes —continúo—. Métodos para localizar núcleos, análisis de patrones mágicos, recomendaciones de formación, prioridades de evacuación y todo lo que Hejin pueda preparar sobre estabilización de grietas.

—Eso no será suficiente para todos.

—No tiene que serlo.

Jang baja la voz.

—No entiendo.

—Sí entiende.

Me levanto del sillón.

En la pantalla muestran una grieta abierta en medio de una zona desértica. El ejército local forma una línea mientras los primeros monstruos emergen.

—La Torre no les dio esta sanción para que Corea la resolviera por ellos —digo—. Cada país recibió su propia grieta. Cada uno tiene un núcleo. Cada uno debe aprender a cerrarlo.

—Algunos no tienen cazadores suficientes.

—Entonces deberán utilizar soldados, explosivos, artillería o cualquier recurso que tengan.

—Eso provocará muchas muertes.

—Y enviar nuestro grupo a resolver todos sus problemas no evitará las próximas.

Jang no responde.

Continúo antes de que intente convertirlo en una discusión moral.

—Supongamos que hoy cruzamos la frontera y cerramos una grieta por ellos. ¿Qué ocurrirá la próxima vez?

—Nos volverán a llamar.

—Exacto.

Camino hacia la mesa y apoyo una mano sobre el mapa mundial.

—Después del tercer piso habrá otra crisis. Después del cuarto, otra. Las grietas crecerán. Los monstruos serán más fuertes. Los escenarios dejarán de aparecer únicamente dentro de la Torre.

Señalo los países marcados en rojo.

—Si aprenden ahora que Corea resolverá cualquier desastre a cambio de dinero, nunca desarrollarán sus propios equipos.

—Eso puede sonar razonable dentro de varios meses —dice Jang—, pero ahora mismo hay personas muriendo.

—También morirán coreanos si desperdiciamos a nuestro único equipo avanzado cruzando el mundo.

El silencio del otro lado se vuelve más pesado.

Esa es la parte que el Gobierno comprende mejor.

No somos un recurso infinito.

El grupo que completó el segundo piso se encuentra concentrado en una sola casa.

Seolhwa todavía está dentro de la Torre.

La Espada del bosque continúa reconstruyéndose.

El Lobo apenas recuperó una parte de su forma.

Y el tercer piso se acerca.

—No podemos dividirnos entre veinte países —digo—. Tampoco sabemos qué hay dentro de cada grieta. Podrían ser escenarios completamente diferentes.

—Podrían enviar solo a algunos miembros.

—No.

Mi respuesta es inmediata.

Mujin baja ligeramente la mirada.

No por desacuerdo.

Sabe por qué.

Separar al grupo sin información es exactamente el tipo de error que la Torre castiga.

—Entonces, ¿su respuesta oficial será negarse? —pregunta Jang.

—Nuestra respuesta será que Corea ya colaboró más que cualquier otro país.

Eunbyeol me mira.

Asiento hacia su libreta.

Ella entiende y empieza a escribir.

—Compartimos mapas —continúo—. Analizamos espectros. Explicamos cómo conservar la luz. Entregamos métodos para destruir núcleos, formaciones defensivas, protocolos médicos y advertencias psicológicas.

Jiwon cruza los brazos.

—También enviamos tratamientos para los supervivientes del segundo piso.

—Y Hejin explicó cómo identificar estructuras mágicas —agrega Eunbyeol.

—Doyun preparó diagramas de trayectorias —dice Mujin—. Kwon entregó información sobre infiltración.

Kwon se incorpora un poco.

—Yo no entregué nada voluntariamente.

Eunbyeol lo mira.

—Te obligamos a dictarlo durante cuatro horas.

—Por eso dije que no fue voluntario.

Ignoro el comentario.

—Ya les dimos todo lo necesario para intentarlo —digo—. Ahora tienen que actuar.

Jang exhala lentamente.

—El presidente no estará satisfecho.

—No necesito que esté satisfecho.

—Es el presidente.

—Y yo soy quien entra en la Torre.

La frase corta la conversación.

No es una amenaza.

Es un hecho.

El Gobierno puede negociar, coordinar y solicitar.

Pero no puede obligarnos a cruzar una frontera para combatir por otro país.

No después de todo lo que conseguimos.

No cuando somos la única fuerza preparada para el siguiente piso.

—Le transmitiré su posición —dice Jang finalmente.

—Transmítala completa.

—¿Cuál es la parte que falta?

—Corea puede enviar información, médicos, alimentos y equipos convencionales cuando sea seguro hacerlo. Pero ningún miembro de mi grupo participará en incursiones extranjeras.

—¿Ni siquiera en Corea del Norte?

Observo el mapa.

La grieta más cercana está a pocos kilómetros de nuestra frontera.

Podríamos llegar rápidamente.

También sería el peor precedente posible.

—Especialmente allí.

—Están cerca.

—Y llevan décadas preparándose para una guerra.

Jang permanece callado.

—Tienen soldados, artillería, refugios y cadenas de mando —continúo—. Si no pueden cerrar una grieta alejada de sus ciudades, necesitan descubrirlo ahora, no cuando aparezca una dentro de la capital.

—Eso podría costar miles de vidas.

—Depender de nosotros costará millones en el futuro.

La llamada queda en silencio.

Después Jang responde:

—Entendido.

Corta.

Dejo el teléfono sobre la mesa.

Kwon es el primero en hablar.

—Eso fue frío incluso para usted.

—Lo sé.

—¿Y no le preocupa?

—Sí.

Él parpadea.

Probablemente esperaba una negación.

Miro la transmisión de Chubut.

Los soldados continúan disparando.

Un grupo de cazadores argentinos acaba de llegar en vehículos civiles. Algunos llevan armas del sistema. Otros apenas poseen protección.

Corren hacia la grieta de todas formas.

—Preocuparse no cambia la decisión —digo.

Jiwon me observa con seriedad.

—Podríamos salvar gente.

—También podríamos morir en una grieta extranjera sin saber qué hay dentro.

—No parece probable.

—Tampoco parecía probable encontrar un apóstol debajo de una iglesia.

Eso termina con parte de la discusión.

Avarn no pertenecía a ningún escenario que esperáramos.

Estaba sellado en el mundo real.

Y casi mata a todo el grupo.

No volveré a arriesgarlos para compensar los errores de gobiernos que tuvieron tres meses para prepararse.

Mujin se sienta frente a mí.

—¿No ayudaremos de ninguna manera?

—Sí ayudaremos.

—¿Cómo?

Señalo la televisión.

—Observando.

Kwon arquea una ceja.

—Eso no suena muy heroico.

—Los héroes muertos no sirven.

Me acerco a la pantalla.

Los canales internacionales muestran docenas de grietas.

Algunas están siendo rodeadas por ejércitos.

En otras, los civiles huyen antes de que lleguen las fuerzas de seguridad.

Un país ya informa que encontró la entrada al núcleo.

Otro perdió comunicación con su primer equipo.

—Vamos a estudiar cada incursión —digo—. Identificaremos patrones, especies, estructuras y métodos de cierre.

Hejin se incorpora.

—¿Para enviar la información en tiempo real?

—Sí.

Eunbyeol ya está organizando hojas sobre la mesa.

—Necesitamos dividir las transmisiones por regiones.

—Yo puedo revisar los movimientos de las criaturas —dice Doyun.

—Yo las formaciones militares —agrega Mujin.

Jiwon mira las imágenes de los heridos.

—Prepararé protocolos según los tipos de daño.

Kwon suspira.

—Supongo que a mí me toca buscar rutas de infiltración.

—Exacto.

—Entonces técnicamente seguimos trabajando gratis.

—Podés reclamarle a Jang.

—Lo haré.

La casa empieza a moverse.

Hejin conecta varias pantallas.

Eunbyeol distribuye países y horarios.

Doyun detiene grabaciones para marcar articulaciones vulnerables.

Mujin señala errores en las líneas defensivas.

Jiwon llama a médicos de la Asociación.

No iremos a cerrar sus grietas.

Pero tampoco permaneceremos indiferentes.

Existe una diferencia entre ayudar a alguien y hacer todo en su lugar.

El mundo necesita comprenderla.

Una alerta aparece en la televisión.

[Una grieta de penalización ha sido cerrada.][El tiempo restante de todas las grietas se reduce en 5 minutos.]

El contador cambia.

[1 hora, 49 minutos, 17 segundos]

—¿Qué país fue? —pregunta Kwon.

Eunbyeol revisa las transmisiones.

—India.

La imagen cambia hacia un grupo de cazadores arrodillados frente a una grieta que empieza a colapsar.

Están cubiertos de sangre.

Detrás de ellos, soldados levantan a los heridos.

Lo consiguieron sin nosotros.

Pocos segundos después aparece otro anuncio.

[Una grieta de penalización ha sido cerrada.][El tiempo restante de todas las grietas se reduce en 5 minutos.]

—Brasil —dice Doyun.

En la transmisión, un equipo brasileño sale del interior mientras la abertura se cierra detrás de ellos.

Kwon observa el contador.

—Entonces su teoría funciona.

—No es una teoría.

—Dos países no representan al mundo.

—No necesitan representarlo.

Me siento nuevamente frente al televisor.

—Solo necesitan demostrar que pueden aprender.

Las siguientes horas serán brutales.

Algunos países cerrarán sus grietas.

Otros perderán demasiadas personas antes de conseguirlo.

Puede que algunos no lleguen a destruir el núcleo.

No me agrada.

Pero la Torre nunca se construyó alrededor de lo que me agrada.

Si intervenimos hoy en cada lugar donde alguien fracasa, mañana el mundo esperará que sigamos haciéndolo.

No somos salvadores universales.

No somos mercenarios.

Somos el grupo que debe continuar subiendo.

Y para que la humanidad tenga alguna posibilidad real, los demás también deberán aprender a caminar sin seguir siempre nuestros pasos.


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