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Capítulo 63: calma (3)

NicolasPeanl
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Al leer la frase, me quedo en silencio.

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Al leer la frase, me quedo en silencio.

Las letras están trazadas con sangre sobre la pared del recinto subterráneo. No pertenecen al coreano, al chino ni a ninguna lengua humana que exista en esta época.

Sin embargo, las comprendo.

EL CIELO QUE REGRESÓ YA FUE ENCONTRADO.

La palabra utilizada para «cielo» no se refiere al firmamento.

Es un nombre.

Una designación.

La misma raíz demoníaca que, siglos después, acabaría relacionada con Byeolha.

Mi antiguo nombre.

Jang permanece frente a mí, observando cada pequeño movimiento de mi rostro.

—¿Reconoce este lenguaje, señor Cheonro?

Aparto la vista de la fotografía.

—No.

La mentira sale sin vacilación.

Jang no reacciona, así que agrego:

—Pero vi símbolos similares varias veces dentro de la Torre.

No es una mentira completa.

He visto ese idioma en la Torre.

Solo que no en esta vida.

—Mmm...

Jang vuelve a mirar las fotografías.

—Entonces están utilizando un lenguaje adquirido dentro de los pisos.

Se lleva una mano al mentón.

Ya está creando sus propias posibilidades.

Algún cazador pudo copiarlo.

Un ritualista pudo encontrarlo dentro de una prueba.

Quizá el sistema haya entregado conocimiento que todavía no conocemos.

Dejo que investigue.

Es mejor que considere esas opciones a que empiece a preguntarse por qué un civil de veinte años puede leer una lengua demoníaca que la humanidad todavía no descubrió.

Jang pasa a la siguiente imagen.

El círculo ritual está incompleto.

Siete marcas rodean el centro, aunque dos fueron borradas antes de que las fuerzas de seguridad entraran. Sobre el suelo hay restos de velas negras, huesos de animales y pequeños recipientes llenos de una sustancia espesa.

Los ritualistas yacen alrededor.

Todos muertos.

—¿Los mataron durante la operación? —pregunto.

—No.

Jang coloca otra fotografía sobre la mesa.

Los cuerpos no presentan heridas de bala.

Tampoco cortes.

Tienen los ojos abiertos y la piel completamente gris.

—Ya estaban así cuando nuestras fuerzas ingresaron —explica—. Según el informe preliminar, murieron casi al mismo tiempo.

—¿Cuánto antes?

—Entre tres y cinco minutos.

Demasiado preciso.

Como si alguien hubiera esperado hasta asegurarse de que el lugar sería descubierto.

Miro otra vez la frase.

—¿Hubo sobrevivientes?

—Ninguno.

—¿Archivos?

—Destruidos.

—¿Dispositivos?

—Encontramos tres computadoras, pero los discos fueron quemados desde el interior. También había teléfonos. Todos contenían tarjetas sin registrar y fueron reiniciados antes de las muertes.

—¿Cámaras cercanas?

—Desactivadas durante diecisiete minutos.

Todo limpio.

No fue una célula sorprendida durante un ritual.

Alguien cerró el lugar antes de que llegara el Gobierno.

Borró las pruebas.

Mató a los participantes.

Y dejó una única frase.

Para mí.

Jang continúa hablando.

—Encontramos pequeñas diferencias respecto de los centros anteriores. La distribución del círculo, la posición de los cuerpos y varios símbolos no coinciden con los rituales de los Adoradores del Fin.

—¿Una organización distinta?

—Es una posibilidad.

—¿O una rama más antigua?

—También.

Jang toma una de las fotografías y señala el borde del círculo.

—Aquí había algo.

La imagen muestra una marca rectangular sobre el suelo. El polvo está desplazado, como si un objeto hubiera permanecido allí durante mucho tiempo antes de ser retirado.

—¿Qué tamaño?

—Aproximadamente un metro de largo. Podría haber sido una caja, un altar pequeño o una jaula.

Observo las líneas que rodean el espacio vacío.

No reconozco el ritual completo.

El idioma sí.

Algunos símbolos también.

No pertenecen a la magia demoníaca común.

Son marcas de identificación.

No estaban intentando invocar algo.

Estaban buscando algo.

A alguien.

Las palabras escritas sobre la pared lo confirman.

Ya fue encontrado.

Una presión desagradable aparece en mi pecho.

Recuerdo la notificación que nadie más vio.

Ten cuidado en el futuro, señor Byeolha.

Primero, algo dentro del sistema utilizó mi verdadero nombre.

Ahora aparece una frase en demoníaco antiguo que habla de un cielo que regresó.

Dos hechos imposibles.

Demasiado cercanos para ser una coincidencia.

—Señor Cheonro.

La voz de Jang me obliga a levantar la mirada.

—¿Sí?

—Está apretando la fotografía.

Aflojo los dedos.

El borde quedó doblado.

—Me recordó a los símbolos del piso.

—¿A cuáles?

—A los que utilizaban los nigromantes.

Jang me estudia durante un instante.

No parece convencido.

Pero tampoco tiene una razón para acusarme de mentir.

—Hejin podría analizarlos —dice.

—No.

La respuesta sale demasiado rápido.

Jang levanta ligeramente las cejas.

Corrijo el tono.

—Está recuperándose. Y si se trata de un lenguaje capaz de transmitir alguna maldición o interferencia mental, no deberíamos exponerla sin necesidad.

—Podemos preparar medidas de seguridad.

—Primero que los especialistas terminen el análisis físico.

Jang asiente lentamente.

—Es razonable.

Cierra la carpeta, aunque deja una copia de la fotografía sobre la mesa.

—Por ahora no necesitamos que intervenga. El lugar fue asegurado y todos los implicados están muertos.

—¿Encontraron otros centros relacionados?

—Estamos revisando movimientos de vehículos, compras de materiales y registros de propiedades. Todavía nada.

No puedo hacer nada.

El lugar ya fue vaciado.

Los responsables desaparecieron.

Los ritualistas murieron antes de ser interrogados.

Incluso si llevo al grupo, solo encontraríamos las mismas paredes que aparecen en las imágenes.

—Avíseme si aparece otro símbolo igual —digo.

—Lo haré.

Jang guarda el resto de los documentos.

Antes de marcharse, se detiene junto a la puerta.

—Señor Cheonro.

—¿Qué ocurre?

—La frase fue lo único que no intentaron destruir.

No respondo.

—Quien dejó el mensaje quería que alguien lo leyera.

Sus ojos permanecen sobre mí.

—Tal vez todavía no sepamos quién.

Después se marcha.

La puerta se cierra.

Me quedo solo frente a la fotografía.

Afuera, Kwon vuelve a encender el televisor. Escucho a Eunji correr por el pasillo y la voz de Jiwon ordenándole que no tropiece.

La casa está viva.

Normal.

Segura.

Pero la frase continúa frente a mí.

EL CIELO QUE REGRESÓ YA FUE ENCONTRADO.

Toco uno de los caracteres con la punta del dedo.

No ocurre nada.

Ninguna ventana.

Ninguna advertencia.

El sistema guarda silencio.

Eso resulta peor.

Si los demonios de esta época conocen a Byeolha, significa que alguien conserva información del futuro.

Si no conocen el futuro, entonces algo me observó regresar.

Y si el mensaje no proviene de los demonios...

Existe una tercera posibilidad.

Algo que está por encima de ellos.

Algo que conoce mi nombre, mi muerte y el momento exacto en que volví.

Retiro la mano.

No puedo seguir esa pista.

Todavía.

El centro fue eliminado.

No quedan testigos.

No existe un enemigo al que perseguir.

Solo una frase diseñada para sembrar una duda.

Y lo consiguió.

Doblo la fotografía y la guardo dentro de mi inventario, separada del resto.

No se la mostraré al grupo.

No hasta comprender qué significa.

Regreso a la sala.

Kwon está discutiendo con Seolhwa sobre el control remoto. Eunbyeol revisa las noticias internacionales. Mujin duerme sentado. Hejin escribe junto a la ventana.

Nadie percibe que algo cambió.

Me siento sin decir nada.

La televisión continúa mostrando países que se preparan para completar el tercer piso.

El mundo cree que empieza a comprender la Torre.

Yo también lo creí durante un momento.

Pero en algún lugar, alguien escribió mi antiguo nombre en una lengua que todavía no debería existir.

Y desde entonces, una duda profunda permanece dentro de mí.

No si fui descubierto.

La frase ya respondió eso.

La verdadera pregunta es quién me encontró primero.


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