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Capítulo 57: piso 3 (3)

NicolasPeanl
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Las sombras caen desde los edificios.

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Las sombras caen desde los edificios.

No son diez.

Ni veinte.

Toda la avenida se mueve.

Cuerpos largos descienden por las fachadas utilizando brazos y piernas con la misma naturalidad. Algunos se arrastran por debajo de los vehículos abandonados; otros se acumulan sobre los techos, cubriendo las cornisas como insectos atraídos por una luz.

Cuento más de cincuenta antes de dejar de intentarlo.

Y siguen apareciendo.

-¡Formación de rescate! -ordeno-. ¡Mujin al frente! ¡Doyun, despejá los techos! ¡Kwon, traela!

Mujin golpea el suelo con el escudo.

El estruendo atrae a las criaturas más cercanas.

Todas giran al mismo tiempo.

Donde deberían tener rostro solo hay una capa de piel hundida. Debajo de ella, algo se mueve.

Una criatura salta.

Mujin recibe el impacto.

Sus botas se hunden en el asfalto, pero el escudo no retrocede. La criatura se aferra al borde con dedos demasiado largos y abre una cavidad vertical en medio de la cara.

Desde el interior surge una voz.

-¡Papá!

Mi mano se detiene sobre la empuñadura.

Es su voz.

No una imitación aproximada.

La misma voz que escuché aquella vez.

Doyun dispara.

La flecha atraviesa la cavidad.

La criatura cae.

[Rastrero del eco - Nivel 15 eliminado.]

[+220 EXP]

[+7 de oro]

[Probabilidad de botín: 5 %]

La ventana desaparece casi inmediatamente.

No hay objeto.

Tampoco tiempo para comprobarlo.

Otros siete Rastreros saltan desde los edificios.

-¡No escuchen las voces! -grito.

Demasiado tarde.

La calle se llena de gritos.

-¡Mujin, retrocedé!

-¡Jiwon está herida!

-¡Kwon, atrás tuyo!

-¡Ayudame!

Utilizan nuestras voces.

Órdenes que acabamos de pronunciar.

Súplicas que todavía no ocurrieron.

Recuerdos que solo deberían existir dentro de mí.

Mujin recibe a tres de frente.

El primero golpea el escudo.

El segundo salta sobre su espalda.

Seolhwa aparece desde un costado y lo arranca con una mano.

No utiliza el filo.

Golpea su cuerpo contra el suelo una vez.

Dos.

A la tercera, la criatura deja de moverse.

La siguiente intenta morderle el hombro.

El hacha gira.

Dos cuerpos se separan a la altura del torso.

Pequeñas ventanas de experiencia y oro aparecen alrededor de Seolhwa, pero ella ni siquiera las mira.

Kwon ya no está con nosotros.

Lo encuentro entre los vehículos.

Una sombra se desliza debajo de un automóvil volcado y aparece junto a la joven.

Mi hija intenta correr hacia mí.

Su brazo derecho cuelga sin fuerza. Tiene sangre en la frente, una pierna herida y la misma chaqueta que llevaba el día que murió.

Kwon la sujeta por la cintura.

Ella intenta apartarlo.

-¡Soltame! ¡Él vino por mí!

Las palabras llegan distorsionadas a los demás.

Para mí son claras.

Kwon evita sus golpes, la levanta y comienza a retroceder.

Un Rastrero cae detrás de él.

-¡Kwon, abajo! -ordeno.

Esta vez digo su nombre primero.

Él se agacha.

La criatura pasa sobre su cabeza.

Doy un paso.

Después otro.

La espada corta desde abajo.

El filo entra por la cavidad del rostro y sale por la nuca.

Otra ventana.

Otra recompensa.

La ignoro.

La joven queda frente a mí.

Su respiración es rápida.

Sus ojos recorren mi rostro actual buscando a alguien que ya no existe.

Soy más joven.

No tengo las cicatrices que ella recuerda.

Mi cabello es distinto.

Mi cuerpo también.

Pero me reconoce.

Sus labios tiemblan.

-Viniste...

No puedo responder inmediatamente.

En mi memoria, cuando llegué hasta ella, ya no podía hablar.

Solo quedaban sus ojos abiertos y sangre extendiéndose debajo de su espalda.

Ahora está de pie.

Viva.

Mi mano se eleva sin que lo piense.

Los dedos rozan su mejilla.

La piel está tibia.

No desaparece.

-Esta vez llegué -murmuro.

La joven cierra los ojos y apoya la mejilla contra mi palma.

El campo de batalla desaparece durante una fracción de segundo.

Una criatura ruge detrás de ella.

Regreso.

La sujeto del brazo y la atraigo hacia mí mientras la espada atraviesa el cuello del Rastrero que intentaba alcanzarla.

-Jiwon -digo-. Revisala.

Jiwon se acerca, pero su mirada permanece sobre mi mano.

Todavía sujeto a la joven con demasiada fuerza.

La libero lentamente.

-Capitán -dice Eunbyeol.

Giro.

La Eunbyeol de esta vida se encuentra detrás de Mujin con el libro abierto.

Mira a la joven.

Después a mí.

Sus ojos bajan hacia la mano con la que acabo de tocar su rostro.

No pregunta.

La calle vuelve a temblar.

Los Rastreros que cubren los edificios se arrojan todos a la vez.

-¡Nos movemos! -ordeno-. Hay un refugio seis calles al este.

Eunbyeol levanta la cabeza.

-¿Cómo lo sabés?

Ya estoy avanzando.

-Porque conozco este lugar.

No doy ninguna otra explicación.

La primera defensa no ocurre dentro del refugio.

Ocurre durante el camino.

Los Rastreros no dejan de llegar.

Cada calle que atravesamos contiene decenas.

Salen de ventanas.

Alcantarillas.

Vehículos.

Habitaciones destruidas.

El sistema no los crea de manera individual.

Los derrama sobre la ciudad.

Doyun dispara hasta que sus dedos sangran.

No busca matar a todos.

Rompe rodillas, hombros y articulaciones para retrasarlos.

Cada vez que una flecha elimina a uno, aparece brevemente la misma recompensa.

[+220 EXP]

[+7 de oro]

Después desaparece debajo de la siguiente.

Hejin levanta el báculo y una onda mágica atraviesa una fachada.

Las criaturas escondidas dentro pierden el equilibrio.

No mueren.

Caen.

Seolhwa pasa por encima de ellas.

El hacha desciende una vez.

Tres avisos aparecen.

Otro golpe.

Cuatro más.

Mujin mantiene la retaguardia.

Cada veinte pasos se detiene, recibe la oleada y permite que el resto gane distancia.

Kwon transporta a la joven hasta que Jiwon consigue estabilizar su pierna.

Entonces ella insiste en caminar.

-No puedo correr cargando con alguien -dice Kwon.

La joven lo ignora y busca mi rostro entre el grupo.

Siempre vuelve a mirarme.

Eunbyeol lo nota.

Mujin también.

Nadie pregunta todavía.

La sexta calle aparece frente a nosotros.

El edificio continúa en pie.

Una escuela antigua, parcialmente destruida. Debajo se encuentra el centro comunitario donde los supervivientes resistieron durante los primeros días de la caída.

En mi vida anterior llegué aquí después de perderla.

El lugar estaba lleno de personas que evitaban mirarme porque todos sabían a quién había dejado atrás.

Ahora regreso con ella caminando detrás de mí.

El portón principal está cerrado.

-Seolhwa.

No necesita más.

Corre.

El hacha golpea la cerradura.

La puerta entra junto con parte del marco.

-Intentá no destruir el edificio -digo.

-Estaba cerrado.

-Ya no.

Entramos.

Mujin y Seolhwa bloquean el acceso mientras los últimos miembros cruzan.

Más de cien Rastreros cubren la avenida.

No se abalanzan inmediatamente.

Se detienen.

Las cavidades de sus rostros se abren.

Cien voces se superponen.

-Llegaste tarde.

-Llegaste tarde.

-Llegaste tarde.

La joven se encoge.

Mi cuerpo se tensa.

La Eunbyeol actual deja de pasar páginas.

El escenario está hablando conmigo.

-Cierren la puerta -ordeno.

[Tiempo transcurrido: 1 hora.]

[Tiempo restante: 23 horas.]

El refugio tiene tres accesos.

También un conducto de mantenimiento, una escalera hacia el gimnasio y una pared norte que parece sólida, pero no lo es.

Distribuyo al grupo sin explicar por qué conozco cada defecto.

Mujin toma la entrada principal.

Seolhwa protege la pared norte.

Doyun sube al segundo piso.

Hejin comienza a estudiar el subsuelo.

Jiwon atiende a la joven.

Kwon recorre los conductos.

Eunbyeol organiza las rutas internas.

Yo permanezco en el centro.

No porque sea la mejor posición.

Porque desde allí puedo ver a ambas.

La joven se sienta contra una pared mientras Jiwon limpia sus heridas.

Cada vez que hace un gesto de dolor, mis dedos se cierran.

Jiwon lo nota.

No dice nada.

Eunbyeol tampoco.

Pero deja de mirar el mapa durante algunos segundos.

-La herida del hombro es profunda -dice Jiwon-, aunque no alcanzó ninguna arteria. Perdió sangre, pero puede caminar.

-¿Puede pelear? -pregunta la joven.

-No.

-Puedo sostener un arma.

-También puede desangrarse intentando demostrarlo.

La joven frunce el ceño.

El mismo gesto.

La misma forma de apretar la mandíbula cuando alguien le da una orden que no le agrada.

Mi mirada se queda sobre ella.

Después, involuntariamente, observo a Eunbyeol.

Ella está haciendo exactamente la misma expresión mientras discute con Kwon sobre las rutas de escape.

Seolhwa alterna la mirada entre las dos.

Su frente se arruga.

No conoce la respuesta.

Pero empieza a ver la forma.

El primer golpe contra la puerta interrumpe el silencio.

Después llega un segundo.

Un tercero.

Mujin apoya el escudo.

-No son los mismos.

Algo embiste desde el exterior.

El metal se dobla hacia adentro.

Mujin retrocede un paso.

Una criatura de cuatro patas atraviesa la abertura. No tiene piel sobre el hocico y sus cavidades oculares expulsan vapor oscuro.

No se lanza hacia Mujin.

Aspira.

La cabeza gira lentamente.

Ignora a Seolhwa.

Ignora a Jiwon.

Se orienta hacia la joven.

Corre.

Doyun dispara desde la escalera.

La flecha atraviesa el costado, pero la criatura no cambia de dirección.

Mujin la golpea con el escudo.

Cae.

Se levanta.

Continúa mirando a la joven.

Yo me interpongo.

Su mandíbula se cierra sobre mi antebrazo protegido.

Clavo la espada bajo el mentón.

[Sabueso de la ausencia - Nivel 15 eliminado.]

[+300 EXP]

[+10 de oro]

No aparece ninguna descripción.

No hace falta.

Hejin observa el vapor que sale del cadáver.

-No siguió el olor.

Eunbyeol mira a la joven.

-Tampoco eligió al objetivo más débil.

Otro aullido responde desde la calle.

Luego diez.

Después demasiados para contarlos.

-Sigue una emoción -dice Hejin.

Kwon aparece desde el conducto.

-¿Cuál?

Todos me miran.

No necesito responder.

Los Sabuesos comienzan a golpear las entradas.

Durante la segunda hora, atacan junto a los Rastreros.

Los primeros buscan.

Los segundos distraen.

Las voces llenan los pasillos.

-¡Retirada!

-¡Puerta norte!

-¡Capitán, está muerta!

Eunbyeol impone una regla.

Ninguna orden se cumple sin nombre y dirección.

Los Rastreros aprenden.

Empiezan a imitar órdenes completas.

-¡Mujin, entrada principal!

-¡Doyun, ventana izquierda!

-¡Seolhwa, retrocedé!

La coordinación comienza a romperse.

Entonces dejamos de utilizar frases.

Eunbyeol crea señales.

Un golpe contra el suelo significa cambio.

Dos, retroceso.

Tres, concentración.

Doyun utiliza flechas luminosas para marcar zonas.

Hejin altera el color de su magia.

Kwon se mueve mediante rutas pactadas.

Los monstruos copian las voces.

No pueden copiar la confianza.

Al finalizar la segunda hora, el pasillo está cubierto de cadáveres.

El sistema no deja de mostrar pequeñas cifras.

Experiencia.

Oro.

Experiencia.

Oro.

Las ventanas se acumulan hasta que dejo de verlas.

Las cierro con un pensamiento.

Nadie ha obtenido un objeto.

La posibilidad existe.

El sistema no promete nada.

A las dos horas y cuarenta minutos, la calle queda en silencio.

No es descanso.

Es preparación.

Las cadenas se escuchan antes que los pasos.

Algo pesado se aproxima.

Las paredes vibran.

El primero aparece al final de la avenida.

Tiene cuerpo humanoide, pero mide casi tres metros. Placas negras cubren su torso y sus extremidades. Arrastra cadenas de las que cuelgan fotografías, juguetes, armas rotas y fragmentos de puertas.

Una máscara rectangular ocupa todo su rostro.

Sobre ella hay una palabra escrita.

TARDE.

La criatura levanta un brazo.

Una mancha negra aparece sobre la puerta principal.

El metal comienza a oxidarse.

-¡Atrás! -grita Hejin.

La puerta colapsa.

Mujin recibe el primer golpe.

El sonido parece una explosión.

Su escudo golpea contra su propio pecho y él sale despedido varios metros.

La criatura entra.

[Custodio del recuerdo roto - Nivel 16]

Eso es todo lo que informa el sistema.

El Custodio avanza hacia la joven.

A cada paso, las cadenas se tensan.

Los objetos que arrastra comienzan a mostrar imágenes.

Una muñeca.

Una espada de madera.

Una cinta para el cabello.

Objetos que pertenecieron a mi hija.

Mi respiración cambia.

La criatura crece.

No mucho.

Lo suficiente.

Las placas se engrosan.

Eunbyeol lo ve.

-Reacciona a vos.

No respondo.

El Custodio vuelve a levantar el brazo.

La marca aparece sobre la pared que separa a la joven del pasillo.

-¡Hejin, quitá la marca!

-¡Necesito acercarme!

Mujin intenta levantarse.

Su brazo tiembla.

Seolhwa pasa a su lado.

El hacha impacta contra el pecho del Custodio.

La criatura retrocede medio paso.

Nada más.

Seolhwa sonríe.

-Por fin.

Golpea otra vez.

El Custodio bloquea con una cadena.

El metal se enrolla alrededor del mango del hacha.

Tira.

Seolhwa sale despedida contra una columna.

La estructura cruje.

La criatura vuelve hacia la joven.

No le interesa nadie más.

Corro.

La cadena me golpea en el pecho.

El impacto me levanta del suelo.

Antes de caer, la segunda viene hacia mi cabeza.

Activo Flujo del universo.

La cadena roza mi hombro.

Su dirección cambia.

Giro con ella.

La fuerza me impulsa alrededor del Custodio.

Mi espada entra por detrás de su rodilla.

Doyun dispara al mismo punto.

La pierna cede.

Mujin aparece por el frente y clava el escudo contra la máscara.

Seolhwa recupera el hacha.

-Ahora sí.

El filo desciende.

La máscara se rompe.

Dentro no hay un rostro.

Hay recuerdos.

Veo a Eunbyeol cuando tenía cinco años.

Después a los once.

Después a los diecisiete.

Después muerta.

Mi espada atraviesa el centro.

[Custodio del recuerdo roto eliminado.]

[+480 EXP]

[+18 de oro]

Ningún botín.

El cuerpo cae.

Las cadenas continúan moviéndose durante varios segundos.

La joven sale de la habitación.

Jiwon intenta detenerla.

No escucha.

Se acerca a mí.

Su mano toca el lugar donde la cadena golpeó mi pecho.

-Estás herido.

-No.

Sus dedos tiemblan.

-Siempre decías eso.

El grupo queda en silencio.

La frase llega deformada a sus oídos.

El gesto no.

Ella revisa mi cuerpo como alguien que lo hizo muchas veces.

Aparta la tela.

Busca sangre.

Presiona con dos dedos alrededor del golpe.

Eunbyeol observa.

Después baja la vista hacia sus propias manos.

Hace el mismo movimiento en el aire.

Como si algo dentro de ella lo recordara.

Seolhwa mira a una.

Después a la otra.

Luego me mira a mí.

-Capitán -dice-, ¿quién es ella?

Intento responder.

El polvo queda suspendido.

El mundo pierde sonido.

La garganta se me cierra.

No puedo decirlo.

El tiempo continúa cuando abandono la intención.

-Alguien que perdí.

No es una mentira.

Tampoco la respuesta completa.

La joven baja la mirada.

Eunbyeol deja de respirar durante un instante.

El escenario reacciona.

Las luces se apagan.

Sobre una pared aparece una sombra.

Un hombre sostiene la mano de una niña.

La niña crece.

El hombre envejece.

La sombra de ella desaparece.

La de él permanece sola.

[Tiempo transcurrido: 4 horas.]

[Tiempo restante: 20 horas.]

No tenemos un descanso real.

Los ataques se detienen durante ocho minutos.

Después comienzan de nuevo.

Esta vez aparecen Custodios junto a los Sabuesos.

Seis criaturas pesadas avanzan por la calle mientras decenas de Rastreros cubren los edificios.

Los Sabuesos permanecen detrás.

Esperan.

No quieren entrar primero.

Aprendieron.

Los Custodios marcan puertas y paredes.

Los Rastreros imitan nuestras órdenes.

Los Sabuesos atacan cada vez que alguno de nosotros siente miedo.

El piso no es difícil porque los monstruos sean imposibles de derrotar.

Es difícil porque no permite recuperarse.

Cada error atrae otra criatura.

Cada herida genera miedo.

Cada vínculo se convierte en un rastro.

Cada recuerdo fortalece aquello que intenta matarnos.

Y este mundo está lleno de los míos.

A la quinta hora, el refugio cambia.

Durante un parpadeo, el pasillo se convierte en la cocina de mi antigua casa.

La joven está sentada a la mesa.

Es una niña.

Balancea las piernas mientras espera que termine de cocinar.

Parpadeo.

Vuelve a ser adulta.

La cocina desaparece.

El techo se convierte en el cielo rojo de la ciudad.

Las habitaciones se mueven.

El refugio reorganiza sus pasillos.

-El edificio no está quieto -dice Hejin.

Una puerta que antes llevaba al gimnasio ahora se abre hacia una calle cubierta de cadáveres.

Otra conduce a una habitación infantil.

Una tercera muestra el lugar donde encontré a Eunbyeol muerta.

La cierro antes de que los demás puedan mirar.

Mi mano permanece sobre el picaporte.

No consigo soltarlo inmediatamente.

La joven se coloca detrás de mí.

No necesita ver lo que hay dentro.

Lo sabe.

Apoya la frente entre mis omóplatos.

-No entres.

Cierro los ojos.

Solo un instante.

Su respiración atraviesa la tela.

Está viva.

Me repito eso.

Viva.

Cuando me giro, Eunbyeol está al final del pasillo.

La actual.

Sostiene el libro contra el pecho.

Su expresión no muestra celos.

Muestra confusión.

Dolor sin causa.

Como si observarnos le provocara el recuerdo de algo que nunca vivió.

La joven levanta la cabeza.

Ambas se miran.

El sistema cambia el rostro.

No cambia la forma en que inclinan la cabeza.

No cambia el movimiento de los dedos.

No cambia la pequeña arruga que aparece entre sus cejas.

La luz parpadea.

El escenario tampoco comprende cómo pueden existir al mismo tiempo.

Las paredes se contraen.

Un sonido húmedo surge detrás de nosotros.

Una persona está sentada donde antes no había nadie.

Tiene mi rostro.

No el de Kim Cheonro.

El de Byeolha.

Viejo.

Cubierto de cicatrices.

Cansado.

La joven retrocede.

[Tejedor de rostros - Nivel 16]

La criatura sonríe con mi boca.

-Volviste demasiado tarde.

Se levanta.

El rostro cambia.

Ahora es el de mi hija muerta.

-Otra vez.

Mi cuerpo se mueve antes que mi razón.

La espada sale.

El Tejedor se vuelve más sólido.

Su piel adquiere color.

Sus músculos crecen.

Hejin grita:

-¡No lo mire!

Comprende antes que yo.

Cuanto más reaccionamos, más real se vuelve.

El Tejedor utiliza la voz de Eunbyeol.

-Papá.

Apago las luces de un golpe.

Oscuridad.

El monstruo continúa hablando.

Lo escucho caminar.

No se mueve como ella.

Demasiado peso sobre el pie derecho.

Doy un paso hacia el sonido.

La criatura ataca mi posición anterior.

Kwon aparece detrás.

No veo las dagas.

Escucho cómo entran.

Mi espada corta el cuello.

[Tejedor de rostros eliminado.]

[+550 EXP]

[+22 de oro]

La luz regresa.

El Tejedor está en el suelo.

Su rostro cambia varias veces antes de desaparecer.

Kwon limpia una daga.

No me mira directamente.

-No era ella -dice.

-Lo sé.

-No parecía que lo supiera.

No respondo.

La joven está temblando.

Me acerco.

Ella retrocede.

Mi rostro actual no coincide con el que acaba de ver.

Extiendo una mano.

No intento tocarla.

Solo la dejo entre nosotros.

La observa.

Después coloca la suya sobre mi palma.

-¿Sos vos?

-Sí.

-¿De verdad?

Cierro los dedos alrededor de los suyos.

-Sí.

La joven se acerca.

Su frente cae contra mi pecho.

La abrazo.

No escucho al grupo.

No quiero hacerlo.

Sé que observan.

Jiwon aparta la mirada primero.

Mujin se coloca frente a la puerta.

Kwon finge revisar sus armas.

Hejin vuelve hacia sus circuitos.

Seolhwa continúa mirándonos.

Eunbyeol no se mueve.

Sus dedos se cierran alrededor del libro.

El escenario llena las paredes con siluetas.

Un hombre abrazando a una hija.

Una y otra vez.

Cientos.

Entre la sexta y la octava hora perdemos la entrada principal.

No porque Mujin retroceda.

Porque deja de existir.

Cuatro Custodios marcan la estructura al mismo tiempo.

Las paredes se pudren.

El techo cae.

Mujin activa Ancla.

Su escudo se fija al suelo.

Una parte del edificio se derrumba sobre él.

No se mueve.

Jiwon grita su nombre.

La estructura queda sostenida sobre el escudo y sus hombros.

-¡Salgan por el norte! -ordena Eunbyeol.

-¡Seolhwa, abrí camino!

Seolhwa activa Asalto de ruptura.

La primera pared explota.

Detrás hay Rastreros.

Los atraviesa.

La segunda salida está bloqueada por Sabuesos.

El hacha golpea el suelo.

Tres criaturas salen despedidas.

La tercera línea contiene dos Custodios.

Seolhwa no frena.

Su armadura se deforma con el primer impacto.

El segundo le abre una herida sobre la ceja.

Berserker se activa.

Sus pupilas cambian.

La presión que emite hace retroceder a los enemigos menores.

La joven está detrás.

Eunbyeol también.

Seolhwa gira apenas la cabeza.

Las identifica.

Protegidas.

Su respiración continúa pesada, pero no pierde la razón.

-Quédense atrás.

Vuelve hacia los Custodios.

El tercer golpe rompe una máscara.

Doyun atraviesa el núcleo expuesto.

Hejin destruye las cadenas del segundo.

Kwon aparece sobre su espalda.

La salida queda abierta.

-¡Mujin! -grita Jiwon.

Él continúa debajo del techo.

La duración de Ancla se consume.

Corro hacia él.

Los escombros comienzan a descender.

No hay tiempo para retirarlos.

Activo Invencible.

El peso cae.

No siento dolor.

Clavo las piernas debajo de la estructura y empujo.

La inmunidad no me da fuerza adicional.

Solo evita que mi cuerpo se rompa mientras utilizo toda la que tengo.

Mujin sale arrastrándose.

Jiwon lo toma.

Cuando el efecto termina, los escombros vuelven a aplastarme.

Flujo del universo aún está en enfriamiento.

La estructura no es un ataque que pueda redirigir.

Seolhwa regresa.

Apoya el hacha debajo de una viga.

Mujin, apenas consciente, levanta el escudo.

Entre los tres conseguimos abrir espacio.

Salimos.

El refugio colapsa.

Decenas de Rastreros quedan aplastados.

Otros emergen desde el polvo.

No obtengo experiencia por los que mata el edificio.

El sistema distingue la causa.

La misión no nos regala nada.

Nos refugiamos en un estacionamiento subterráneo.

No dura mucho.

Los Sabuesos encuentran el vínculo.

Los Tejedores encuentran nuestros rostros.

Los Custodios encuentran las paredes.

Los Rastreros encuentran nuestras voces.

Durante dos horas luchamos sin una posición fija.

Avanzamos.

Defendemos.

Retrocedemos.

Volvemos a avanzar.

El número de monstruos aumenta con cada oleada.

Cincuenta.

Ochenta.

Más de cien al mismo tiempo.

Los niveles continúan siendo quince y dieciséis.

Eso no vuelve fácil enfrentar trescientos cuerpos.

Doyun deja de buscar muertes limpias.

Dispara a las piernas para crear montones que ralenticen a quienes vienen detrás.

Hejin provoca el colapso de una rampa y entierra a dos Custodios, aunque debe rematarlos para recibir la recompensa.

Kwon utiliza Silencio del callejón y desaparece incluso de la percepción de los Tejedores.

Cuando vuelve, tres de ellos caen con cortes en la garganta.

Jiwon mata únicamente cuando no existe otra opción.

Aun así, termina con sangre sobre el báculo.

Eunbyeol dirige mientras pelea.

Una daga.

Un golpe con el borde del libro.

Un Custodio debilitado que intenta alcanzarla.

No posee fuerza suficiente para atravesar su armadura.

Utiliza una cadena caída.

La enrolla alrededor de una pierna y ordena a Mujin tirar.

La criatura cae.

Seolhwa destruye la máscara.

Eunbyeol clava la daga en el interior.

Una ventana aparece frente a ella.

No la mira.

La joven sí.

Sonríe.

Como si estuviera orgullosa de sí misma.

[Tiempo transcurrido: 9 horas.]

[Tiempo restante: 15 horas.]

La oleada más grande llega durante la novena hora.

La ciudad completa comienza a gritar.

No las criaturas.

Los edificios.

Las ventanas se abren como bocas.

Las calles repiten mi nombre.

El verdadero.

El que el grupo no puede escuchar.

Los Rastreros descienden por cientos.

Los Sabuesos avanzan debajo de ellos.

Treinta y dos Custodios han aparecido desde el inicio de la misión.

Los últimos nueve llegan juntos.

Detrás caminan cinco Tejedores.

Cada uno utiliza un rostro diferente.

Eunji.

Jang.

Seolhwa.

Eunbyeol.

Yo.

No miro ninguno.

-Van a concentrarse en ellas -dice Eunbyeol.

No necesita aclarar cuáles.

La joven de la pesadilla está junto a ella.

Por primera vez, permanecen lado a lado.

La misma altura.

La misma forma de sostener los hombros.

La misma mano izquierda cerrándose cuando están nerviosas.

El sistema mantiene los rostros distintos.

Ya no engaña a nadie.

Mujin las mira.

Después me mira.

Jiwon hace lo mismo.

Kwon no bromea.

Seolhwa aprieta el hacha.

Nadie pronuncia la pregunta.

La pregunta está en todos.

-No vamos a mantener una posición -dice Eunbyeol-. Si nos rodean, perdemos.

Abre el Libro de los siete frentes.

-Formación móvil. Mujin y Seolhwa alternan el frente. Doyun limpia rutas. Hejin rompe marcas. Kwon elimina Tejedores. Jiwon en el centro.

Me mira.

-Vos protegés el punto débil.

-No tenemos uno.

Sus ojos se mueven hacia la joven.

Después hacia ella misma.

-Tenemos dos.

No puedo contradecirla.

La oleada llega.

El combate pierde forma.

Solo quedan fragmentos.

El escudo de Mujin golpeando una máscara.

El hacha de Seolhwa atravesando tres cuerpos.

Las flechas de Doyun cubriendo el cielo.

Hejin gritando que una marca está activa.

Kwon apareciendo donde nadie lo espera.

Jiwon arrastrando a un herido fuera de una mandíbula.

Eunbyeol ordenando cambios de dirección antes de que los enemigos cierren el cerco.

La joven de la pesadilla toma una espada caída.

No puede mover bien el hombro.

Aun así pelea.

Un Rastrero salta hacia ella.

Bloquea tarde.

La criatura golpea su arma y la derriba.

El mundo se ralentiza.

Veo su espalda contra el suelo.

La cavidad del monstruo abriéndose.

La misma posición.

El mismo instante.

Así ocurrió.

Llegué después.

Esta vez no.

Atravieso tres enemigos para alcanzarla.

Un Custodio bloquea el camino.

No reduzco la velocidad.

Mi espada golpea su armadura.

No entra.

El monstruo levanta una cadena.

Eunbyeol grita una orden.

Seolhwa golpea al Custodio desde un costado.

La abertura aparece.

Entro.

La espada atraviesa el interior.

Paso por encima del cuerpo antes de que caiga.

El Rastrero baja sus brazos.

La joven cierra los ojos.

Mi mano toma una de sus muñecas.

La arrastro.

El ataque golpea el suelo.

Doyun elimina al monstruo.

Ella queda contra mi pecho.

Mi respiración no se detiene.

La suya tampoco.

-Te tengo -digo.

La joven abre los ojos.

-Esta vez sí.

Algo golpea mi espalda.

No la suelto.

Mujin recibe el siguiente impacto.

Jiwon me obliga a moverme.

El combate continúa.

A las nueve horas y cincuenta minutos, los Custodios restantes forman una línea.

Los Tejedores se ocultan entre ellos.

Los Sabuesos se dispersan.

Eunbyeol comprende primero.

-No quieren matarnos a todos.

Miro la formación.

Dejaron un único camino abierto.

Al final está la habitación donde encontré el cuerpo de mi hija.

El escenario la reconstruyó en medio de la avenida.

Una puerta solitaria.

Paredes que no pertenecen a ningún edificio.

-Quiere que entremos -dice Hejin.

La joven tiembla.

Eunbyeol la toma de la mano.

El contacto produce una vibración.

Las dos miran sus dedos unidos.

El cielo se abre.

Las nubes muestran un ojo gigantesco.

No humano.

No pertenece a ningún monstruo.

El propio piso observa.

Las cadenas de los Custodios se tensan.

Las voces de los Rastreros se callan.

Los Sabuesos dejan de respirar.

Durante un segundo, toda la pesadilla espera que yo elija.

La hija que perdí.

La hija que vive.

El pasado.

El presente.

Miro la puerta.

Después a las dos.

-No vamos a entrar.

La ciudad tiembla.

-Capitán -dice Eunbyeol-, podría ser el objetivo.

-Es una trampa.

-También podría ser una condición oculta.

-No importa.

La joven me observa.

Sus labios forman una sonrisa triste.

-Antes sí entraste.

-Antes estaba solo.

Tomo su mano libre.

Ahora permanezco entre ambas.

El escenario emite un sonido parecido a un grito.

Todos los monstruos atacan.

No existe formación.

No existe estrategia individual.

Solo una masa.

-¡Rompan el lado oeste! -ordeno.

Eunbyeol levanta el libro.

Utiliza una de las órdenes almacenadas.

La voz atraviesa el campo.

-¡Todo el grupo, avance coordinado! ¡Oeste! ¡No se detengan!

Mujin embiste.

Seolhwa lo sigue.

Doyun dispara sobre sus hombros.

Hejin abre un corredor mágico.

Kwon elimina al primer Tejedor.

Jiwon protege el centro.

Yo avanzo con las dos Eunbyeol detrás.

El cerco intenta cerrarse.

No puede.

Cada miembro ocupa su lugar.

No perfectamente.

Con cansancio.

Con heridas.

Con habilidades gastadas.

Pero juntos.

Rompemos la línea.

La puerta queda atrás.

Cuando la distancia supera los cien metros, la habitación comienza a arder.

El escenario quería que volviera al lugar de la pérdida.

Me negué.

[Tiempo transcurrido: 10 horas.]

[Tiempo restante: 14 horas.]

[Enemigos eliminados: 374]

[Rastreros del eco: 240]

[Sabuesos de la ausencia: 90]

[Custodios del recuerdo roto: 32]

[Tejedores de rostros: 12]

[Experiencia obtenida por el grupo: 101.760]

[Oro obtenido por el grupo: 3.420]

[Botín obtenido: ninguno]

Kwon lee la última línea mientras intenta recuperar el aliento.

-Trescientos setenta y cuatro.

Escupe sangre hacia un costado.

-Cinco por ciento.

Eunbyeol se apoya contra una pared.

-La probabilidad no garantiza resultados.

-En este momento odio las probabilidades.

Jiwon lo obliga a sentarse.

Mujin no consigue retirar el brazo del escudo.

Seolhwa permanece de pie únicamente porque utiliza el hacha como apoyo.

Doyun tiene dos dedos vendados.

Hejin agotó gran parte de su magia.

Nadie murió.

Eso es lo único importante.

La joven todavía sostiene mi mano.

La Eunbyeol actual permanece del otro lado.

Cuando intento soltar a una para revisar al grupo, ambas aprietan los dedos al mismo tiempo.

El gesto es idéntico.

Todos lo ven.

Seolhwa baja lentamente la mirada hacia nuestras manos.

Mujin deja de fingir que no observa.

Jiwon suspira.

Kwon abre la boca, pero decide no decir nada.

Eunbyeol levanta los ojos hacia mí.

No pregunta quién es la joven.

Pregunta algo peor.

-¿Por qué siento que ya hice esto?

No tengo una respuesta que pueda darle.

El escenario tampoco.

El cielo rojo se cubre de grietas.

La voz del sistema tarda varios segundos en aparecer.

[La primera corrección ha fracasado.]

[El propietario se ha negado a repetir la pérdida.]

[La pesadilla modificará el escenario.]

Las calles comienzan a desaparecer.

Los edificios se hunden en la oscuridad.

La puerta donde encontré su cuerpo continúa ardiendo a lo lejos.

La joven observa el fuego.

Después me mira.

-No terminó.

-Lo sé.

-Lo que viene es peor.

Aprieto su mano.

-También nosotros somos más fuertes.

El mundo se quiebra.

Todavía quedan catorce horas.

Y la pesadilla ya comprendió que una horda no será suficiente para obligarme a perderla otra vez.

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