Entregar mi corazón no ha sido algo que haga a la ligera. He guardado cada parte de él con un cuidado extremo, pero a ti te confío un pedazo de mi alma sin dudarlo, porque te lo has ganado a pulso.
Sabes bien que no soy una persona dada a los abrazos ni a las muestras físicas de afecto; me cuesta abrir ese espacio. Sin embargo, si un día lo necesitas, te rodearía con los brazos abiertos y con todo el gusto del mundo, simplemente porque eres tú.
Te entrego lo mejor de mí porque mereces cada gesto, cada palabra y cada detalle. Haber coincide en esta vida y haberte conocido es una de las certezas más bonitas que tengo. Gracias por ser esa excepción que le da sentido a todo.