Deja vú. El viejo hábito de intentar parchar heridas ajenas con pedazos de mi propia carne vuelve a seducirme, más fuerte, más impertinente.
Consciente esta vez de mis limitaciones, decido saltar de cabeza, igualmente, a una contienda en la que sé que voy a caer, rota, cargando, como propias, las cadenas de otros.
Sé a dónde camino, sé cómo termina, sin embargo avanzo, con los ojos cerrados, como si no dependiera de mí evitarlo, forzándome a creer que el final puede ser diferente esta vez.