En el capítulo pasado yo apostaba por el muchacho y lo del primer mes olvidado me deja mal parado. El que olvida es porque no anda contando.
Todo lo que un día fuimos . Cap3
Días después sería mi cumpleaños y nos vimos un día antes. Quedamos de vernos en la biblioteca y algo muy de nosotros: llegó tarde. Quince minutos más tarde, para ser precisa.
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En el capítulo pasado yo apostaba por el muchacho y lo del primer mes olvidado me deja mal parado. El que olvida es porque no anda contando.
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Días después sería mi cumpleaños y nos vimos un día antes. Quedamos de vernos en la biblioteca y algo muy de nosotros: llegó tarde. Quince minutos más tarde, para ser precisa.
Y sí, era nuestra primera salida juntos.
Había una exposición de arte que observaba mientras esperaba. Me puse un vestido que, desde que lo vi días antes, supe que era perfecto para aquella salida: un mid dress con florecitas y mis icónicos Vans blancos.Él llevaba una camiseta polo azul y sus botas. En las manos traía una caja grande con un enorme moño rosa encima. Cuando llegó, me dio un abrazo muy fuerte, se disculpó por la tardanza y me entregó el regalo.
Pero la parte que más me gustó fue su mirada.Esa mirada de nervios, de estar esperando saber si me gustaría el regalo.Era una bolsa vaquera, la verdad, muy linda. Uno de los mejores detalles que me regaló.
Después fuimos a caminar y a tomar un café. Las risas y las anécdotas no faltaron y, sin darnos cuenta, adoptamos una plaza como nuestra ese día.
Los días se fueron llenando de momentos lindos: notitas cuando me iba mal en clase, muchos descansos juntos donde solo había risas y pequeños detalles que hacían que todo se sintiera especial.
Pero no todo sería perfecto para siempre.
También comenzaron a aparecer pequeñas peleas, algunas incluso sin sentido. Y, con ellas, uno de nuestros principales problemas.Yo ya le había comentado a mi mamá que él era mi novio. Sus papás también lo sabían. El único que faltaba era mi papá.Y eso me aterraba ,me alteraba pensar cómo reaccionaría mi papá al escuchar un "tengo novio" de su princesa de dieciséis años. Sí, sé que a esa edad muchos empiezan con sus noviecitos, pero en mi casa las cosas eran un poco más estrictas.
Mi mamá solo me decía que yo sabría cuándo decírselo, pero que, cuando saliera con él, tenía que decirle a mi papá que saldría con él y no inventar cosas.
Si soy sincera, en mi mente existieron muchísimos escenarios ficticios donde él simplemente aparecía en mi casa con flores, listo para hablar con mi papá. Para hacer por mí lo que de mi boca no lograba salir.Porque ¿cómo podría decírselo si incluso para pedir permiso para ir al cine no dormía un día antes y se me revolvía el estómago de solo pensar qué me diría?Llegamos a hablar de ese tema, pero ¿cómo podía decirle algo como:"Quiero que vayas a hablar con mi papá. No quiero que me avises cuándo ni qué día, porque si me avisas te voy a decir que no por miedo, aunque en realidad sea lo que más quiero".
O incluso:
"Pídeme ser tu novia aunque ya lo seamos. Dame algo que lo diga. Unas flores con esa pregunta. Hazme más fácil poder decirlo y, de paso, cúmpleme el sueño de una pedida".
Pero las cosas no funcionan así.
Aunque, tal vez, si hubieran funcionado así, esos dos temas que siempre me afectaron no lo habrían hecho tanto. O quizá habría podido darme cuenta realmente de qué tan dispuesto estaba él a estar conmigo como yo quería estar con él.Empezó nuestro primer mes lleno de emociones revueltas, pero éramos felices.
Aunque olvidó nuestro primer mes.
Tuvimos una salida al cine. Él amaba el cine y yo amaba verlo feliz, así que fuimos ese día. Mi mamá pasó por mi y fue la primera vez que él habló un poco más con ella.Estaba tan nervioso que ya ni sabía cómo explicarle dónde vivía.Mi mamá dijo que se veía como un buen muchacho y eso me dio muchísima felicidad, porque, vamos, que una mamá diga eso del novio de su hija significa que el muchacho debe ser un buen muchacho. Intuición de mamás.
Tiempo después ocurrió un evento que me daba muchísimo miedo. Es más, me morí.Fui a un rodeo con mi familia y él también estaba ahí. Cuando íbamos de salida nos lo topamos. Yo saludé a su hermana y a él así, rápidamente, y salí corriendo mientras él se presentaba con mi papá con un apretón de manos.Ni siquiera pude decir algo más porque ya había salido corriendo.Pero, si recuerdan, yo tenía horror de que mi papá se enterara de que su princesa tenía novio.Desde ese día comenzó a hacerme burla de que había corrido como la India María, que solo me había faltado el rebozo.
Luego llegó el invierno y, con él, su cumpleaños.
Yo estaba en una crisis sin saber qué regalarle. Tenía que ser algo lindo, funcional, pero también original. Así que le compré una cartera porque ya le hacía falta y puse dentro una foto mía de pequeña junto con una notita que decía:
"Si puede con ella, puede con todo".
A veces todavía me pregunto si la tendrá o si ya habrá tirado la foto.También le hice un cuadro con su nombre y un pequeño rebozo con una playlist.
Llegó el día y él también me regaló algo: esa sonrisa y esos ojos mirándome como nadie me había mirado.Me agradeció y, después de aquel momento, algo entre nosotros también cambió.Después de cruzar otra línea, la confianza entre nosotros parecía diferente. Terminamos hablando de cosas que antes nos habían dado vergüenza, pero a partir de ese momento no volvimos a conocer la vergüenza entre nosotros.Y supongo que así inició esa confianza.No por una declaración, sino después de todo lo que habíamos compartido. Ya podíamos contarnos cualquier cosa.
Hubo una de nuestras citas en las que pensé:
"Dios, en serio amo a este man".Aunque muchas veces no se piense así, la verdad es que las mujeres somos muy observadoras. Y cosas como que me diera las buenas tardes, que camina del lado de la calle, que retirara la silla para mí, que les comprara dulces a los niños que vendían por las calles o que usara tenis solo porque una vez le dije que me gustaba verlo así...Eran esas pequeñas cosas las que me hacían enamorarme más de él.También me enamoraba su forma de hablar y de ver las cosas.
Mientras yo hablaba de que quería que hiciéramos constelaciones juntos, él me explicaba cómo las estrellas eran gases y me soltaba datos completamente literales que, de alguna manera, terminaban sonando románticos.
"Porque cuando encajamos por primera vez entendí que éramos dos estrellas perdidas, encontradas por casualidad, que ahora son el inicio de la constelación más hermosa".
Y la verdad es que con él sí encontré la constelación más linda.Los lunares de su clavícula del lado izquierdo, que cada vez que miro al cielo encuentro.Y es que, a pesar de todo, realmente lo amaba.Estaba rotundamente enamorada del brillo de sus ojos y de la manera en que me miraba. Enamorada de esa nariz tan bonita y de esos cachetitos tan tiernos.Amaba sus brazos, y más cuando estaba entre ellos.Amaba la manera en que le encantaba el cine y cómo disfrutaba verlo.Me fascinaba escucharlo hablar de los caballos, esa cosa que tanto amaba. También de las mil metas que tenía y quería lograr.
Amaba esos pequeños detalles que me regalaba hechos por él. Aunque él decía que eran espantosos, para mí eran perfectos, porque se había tomado el tiempo de hacer esas cursilerías.
Pero lo que más me encantaba era la seguridad que generaba en mí.Se convirtió en mi lugar seguro.Mi refugio.Porque todo lo que yo veía mal en mi cuerpo, él lograba convertirlo en su parte favorita.
Pasamos del frío invierno a la primavera y llegó nuestro primer San Valentín.Me pidió que fuera su San Valentín y aquel día fue muy lindo, lleno de amor y regalos. También estuve ayudándolo a aprender inglés. Era muy gracioso escucharlo decir algunas cosas, pero hacía lo que podía por echarle ganas.
Y entonces llegó una de esas escenas que todavía puedo recordar con demasiada claridad.La primera vez que lo vi dormir con la cabeza sobre mi pecho mientras yo deslizaba mis dedos por su cabello y observaba su rostro.Las constelaciones que formaban sus lunares y sus cicatrices.
La forma de su nariz.
El arco de sus cejas.
La sombra de sus pestañas.
El ligero rojo de sus mejillas.
Descubrí que se puede ser adicta a alguien. Que se puede tener la necesidad de tenerlo cerca a todas horas.
Y me preguntaba:
¿Será que él pensará lo mismo de mí?
Pero después de todo eso y unas cuantas citas más, el amor comenzó a ir en decadencia.No sé en qué momento nos hicimos costumbre y una simple rutina, cuando él era todo para mí y se suponía que yo era todo para él.
Pero, como dijo un amigo:
"Se volvió cómodo, porque ya te tenía".
Y también:"No puedes darle un jardín a quien te da una rosa".
Aun así, yo luchaba.
Pensaba que solo estábamos pasando por una mala racha. Él estaba muy confundido con su futuro, tenía miedo, tenía muchos problemas y yo pensaba que simplemente era una de esas rachas malas que eventualmente pasarían.Pero él comenzó a alejarme para "no agobiarme" y, mientras tanto, llenaba su vida con otras personas.Desatendió a la única persona que realmente estaba ahí para ayudarlo.
Llegaron las vacaciones de Semana Santa y, con todo lo de que la universidad ya se acercaba, las tantas peleas que teníamos y todo lo que estaba pasando entre nosotros, lo primero que hice fue huir.Huir de la ciudad.Refugiarme en el rancho de mis abuelos, ese lugar que siempre me hará recordar quién soy.
Pero irme y dejar de verlo terminó desembocando en una llamada un miércoles.Su voz molesta.Y un arrepentimiento que terminó en un adiós.
Se me cayó el mundo.
"Es demasiado complejo cómo la persona que te hizo tan feliz puede ser la misma que hoy te ha hecho pedazos".
Y, si soy sincera, en ese momento no pensé realmente que fuera el fin.Esperé una llamada.Una donde dijera:
"Me volví loco. No sé ni qué hice. Perdón".
La verdad es que esa semana fue difícil, pero yo todavía estaba en shock. Sentía su ausencia, pero estaba en esa gran etapa de negación en la que una se convence de que, cuando vuelvan a verse, todo se arreglará.
Tal vez solo necesitábamos un tiempo.Cabe señalar algo importante: estábamos en el mismo salón.Todavía nos quedaban tres meses de clases.Y seamos sinceros...No hay nada más incómodo que tener que ver a tu ex todos los días cuando lo único que quieres es NO VERLO.
Thoughts
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PermalinkTres meses en el mismo salón es una ruptura que sigue teniendo horario. Lo peor no es verlo, es saberte de memoria a qué hora entra por la puerta y estar lista antes de que entre. ¿Vos te quedaste sentada donde siempre?
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PermalinkEsa notita dentro de la cartera se me quedó dando vueltas. Decirle a alguien que si puede con esa niña puede con todo, a los dieciséis, es una cosa enorme. Y el capítulo cierra sin saber si la guardó. Pensé que da un poco igual: el regalo ya dijo lo suyo el día que lo armaste. Gracias por seguir subiendo esto!
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PermalinkEn el capítulo pasado yo apostaba por el muchacho y lo del primer mes olvidado me deja mal parado. El que olvida es porque no anda contando.
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