El vacío consume los últimos fragmentos de tu sombra,
mientras el silencio devora,un dulce apodo que ya no se menciona.
¿Quién fuiste en mis noches de rota tormenta?
Hoy solo queda un rostro espectral que me atormenta.
La muerte te arrastró hacia su abismo helado,
dejando este corazón quebrado, desierto y mutilado.
Tu voz, que alguna vez fue mi dulce melodía,
se pierde entre la niebla de mi propia agonía.
El olvido, verdugo implacable que todo lo borra,
carcome mi memoria como una herida que supura.
Se desvanecen tus gestos, la forma de tu risa;
soy un templo en ruinas que el invierno hace trizas.
Qué horror tan oscuro es buscar el perfil amado
y hallar solo un lienzo vacío, sin nombre ni pasado.
Mis recuerdos naufragan lentamente en la negrura,
y donde antes vivía tu rostro, solo queda la bruma.
¿De quién son estas lágrimas que habitan en mi
pecho?
¿Por qué este fantasma me condena todavía al frío?
El deceso cortó los hilos que unían nuestras vidas,
y ahora mi memoria deshace tus últimas huellas perdidas.
Y en este cuarto oscuro, donde mi lucidez se sepulta,
comprendo la maldición que el destino me oculta:
no me destroza saber que la tumba hoy te resguarda,
sino mirar tu retrato… y ya no saber a quién amaba.