Despertar un día con el regazo caliente,
sabiendo que estuviste presente;
levantarse con la frente en alto
y contemplarlo todo en amarillo cobalto.
Sentirse amado,
protegido
y, sobre todo, respetado
es lo mejor que la vida me ha dado.
Con humor inocente
iluminas mi mente,
y una sutil caricia
me quita toda malicia
y me deja inocente.
Y es que el amor se siente
desde los pies a la mente.
Y aunque no siempre estemos de acuerdo,
hago lo posible y concuerdo;
y si estás triste, yo lo estaré más,
porque sin tu alegría todo está de más.
Y aunque nuestro trabajo nos aleje
—solo puede en lo físico, pero no en nuestra mente—,
al final del día
te cuento mi vida,
escucho tu día,
le das sentido a mi vida
y, dormidos juntos,
esperamos con valentía
seguir al lado el uno del otro con alegría.