¡Qué bien me siento!
Solo escuchando mis pensamientos.
Aunque no siempre estoy así, lo siento:
cuando las bocinas callan, solo escucho mi corazón latiendo.
Es la plenitud de estar tranquilo, pero no quieto;
de no complicarse con enredos;
de caminar sin escuchar ni buscar pleitos;
es reír sin motivo aparente para estar contento.
Pues eso, que lo piensen los demás,
porque yo, y solo yo, sé la verdad:
que sentir la solitud del silencio
no es un estado mental, es una realidad a la que yo estoy accediendo.
Es un estado propio y no prestado,
y cada momento así es un regalo.
Solo a Dios le pido
que me mantenga así de contento,
que me dé alegrías, felicidad y todo el cuento,
pero que en la soledad de mi pensamiento
sea paz lo que lleve por dentro.