En la quietud del bambú que se dobla ante el viento,
nace la fuerza que no sabe de lamentos.
No es debilidad callar el dolor del presente,
es la firme promesa de un alma valiente.
Nintai es la roca que el oleaje desgasta,
el fuego interno que al invierno le basta.
Soportar el peso, cruzar el desierto,
mantener la calma en el mar descubierto.
Llevar la herida con noble armadura,
transformar en gracia la noche más dura.
No es rendirse al destino ni doblar las manos,
es sembrar la espera en los campos humanos.
Caer siete veces, ponerse de pie ocho,
reunir los pedazos del vaso roto.
La paciencia es el filo que esculpe el camino,
y la resistencia, el abrazo al destino.
Al final de la noche, tras la larga espera,
el brote rompe el hielo y es primavera.
Porque quien soporta con el pecho abierto,
sabe que ningún invierno es eterno.