Pensaste que te ibas y me hundías,
que me ibas a ver hecha un desastre,
llorando por rincones y esquinas,
muriendo bajo el peso de tu lastre.
No te voy a negar que me dolió,
que aquel golpe me llegó hasta los huesos;
pero el drama, mi vida, ya pasó,
y hoy me río de todos tus excesos.
¡Ay, gracias a Dios que me libré!
¡Qué delicia esta vida sin tu sombra!
El luto por tu amor ya me lo quité,
y hoy el éxito es lo único que me nombra.
Mírame bien, que el brillo me desborda,
la cama me quedó de campeonato;
la soltería me sienta y me engorda
el ego, los bolsillos y el buen trato.
Ya no tengo que aguantar tus tonterías,
ni tus celos, ni tu gesto de amargado;
ahora disfruto todas mis noches y mis días,
con el alma limpia y el pecho liberado.
Así que guarda tu orgullo de mentira,
que tu recuerdo ya no me provoca nada;
mientras tú te consumes en tu ira,
yo vivo feliz, bendecida y empoderada.