Deja que suene la música.
Permite que su silencio
le dé forma, sentido
a la ruidosa rutina de afuera.
Deja que el mundo se apague.
Que la penumbra de tu habitación
amplifique el sonido de los acordes
y lo convierta en refugio.
Deja que suene la música.
Que esa voz cargada de melancolía
te encuentre allí, en el rincón donde estás,
y acreciente el peso de la nostalgia.
Deja que se diluya en silencios y acordes,
hasta que disminuya.