Rompemos con la trampa rusa, con el canto.
A las fichas desveladas, expuestas a la lectura,
incipientes esbozos proféticos crearemos.
Incapaz seré, inoportuno seré, solitario estaré.
Dedicado a punta de pie a la escritura,
creamos con pleno derecho un texto denso, no complejo.
Intentamos de una o de otra manera acabar, de una vez,
solucionándolo todo,
pero allí no se agota, se obstruye.
¿Y qué es eso que intercepta desafortunadamente en mí?
¿Cuántas veces dormí sin estar dormido realmente?
¿Y cuántas veces creí estar despierto cuando estaba dormido?
Desdichas, desdichas,
de eso punzante en mi persiana.
Me arremete la calma,
me ducha y acompaña.
El deseo
de salvar un desperfecto,
una razón,
hacer libre con eso que se siente a pecho.
Con pleno derecho
ejerzo un buen rumbo.
Hagamos de este contrapiso una buena directriz,
sin brújula,
sino recto, me siento en un banco
y veo el reflejo de lo que alguna vez fue
y será el intento
que se hace por ser alguien en este mundo.
Y si lo que veo está envuelto de un contrapeso muy directo,
y si el viento se lo lleva, haré de este mi día,
mi último mejor día.
Este sereno descontento que declama verdades,
esta recta, entera, expuesta,
sendero de mi vida.