Yo también me enamoré de alguien que no sentía lo mismo por mí.
Y durante un tiempo pensé que, si quería lo suficiente, si estaba presente, si daba todo de mí, quizá algún día ese sentimiento encontraría el camino de regreso.
Pero no pasó.
Y me quedé con todo ese amor en las manos, sin saber qué hacer con algo que había crecido dentro de mí y que ya no tenía dónde ir.
Lo más difícil no fue aceptar que no me amaba.
Fue entender que todo lo que sentía era real, aunque no fuera correspondido.
Porque el amor no pierde su valor solo porque la otra persona no pueda devolverlo.
A veces simplemente lo entregamos en un lugar donde no podía quedarse.
Y entonces toca aprender a recoger, poco a poco, todo aquello que dimos esperando que algún día regresara.
No para arrepentirnos de haber amado.
Sino para recordar que también merecemos un amor que no nos deje preguntándonos qué tenemos que hacer para ser elegidos. 💜