En mis sueños somos tan unidos.
Compartimos tanto, hablamos durante horas, nos reímos por cualquier cosa y somos felices de una manera que parece tan real que, por unos minutos, olvido todo lo demás.
Hasta que despierto.
Y entonces recuerdo que, en la vida real, casi nunca nos vemos.
Es extraño cómo la mente puede construir una vida entera con alguien que apenas forma parte de la nuestra.
Quizá porque en los sueños no existen las distancias, los horarios, los silencios ni todas esas cosas que en la realidad nos mantienen lejos.
Ahí puedo tenerte cerca sin preguntarme cuándo volveremos a vernos.
Pero después abro los ojos y vuelvo a nuestra realidad.
Y quizá eso es lo que más duele: no despertar de un sueño bonito, sino despertar de una vida que por un momento parecía posible. 💜