Entre lo que das
y lo que me falta
se hizo un silencio
que no sabemos nombrar.
Vos amás haciendo,
trabajando hasta el cansancio,
llenando la casa de cosas
para que nada falte.
Y yo…
yo amo sintiendo,
esperando palabras simples,
un “llegué”, un “te quiero”,
algo que me abrace
aunque no estés.
Y entonces nos perdemos.
Porque mientras vos das todo
desde tu forma,
yo me voy vaciando
desde la mía.
Y me pregunto
si soy yo la que no entiende,
la que no valora,
la que rompe con reclamos
lo poco que todavía queda en pie.
Y me duele pensar
que tal vez te apago,
que mi tristeza te pesa,
que mi necesidad te cansa.
Pero también me duele
callarme,
hacerme chica,
dejar de decir
para no incomodar.
Porque en ese intento
de cuidarte a vos,
me estoy perdiendo yo.
Y no es que no vea
todo lo que hacés,
no es que no agradezca
cada esfuerzo, cada cosa.
Es que el amor
no vive solo de lo que se da,
también vive
de lo que se comparte.
Y acá estamos,
vos dando a tu manera,
yo esperando a la mía,
los dos intentando
sin encontrarnos.
Y en el medio,
un amor que existe…
pero no alcanza
para hacernos bien.