CapÃtulo 4: mateo
Después de que Thiago se llevó a Eli para hablar, Mateo se quedó solo en el patio.
No parecÃa demasiado preocupado.
De hecho, cuando Eli volvió con Thiago, Mateo se acercó nuevamente.
—Eli.
Eli se dio vuelta.
—¿S�
—¿Todo bien?
—SÃ, sÃ.
Mateo miró de reojo a Thiago.
Thiago estaba serio.
Demasiado serio.
—Bueno... —dijo Mateo—. QuerÃa preguntarte si después de clases querés ir a tomar algo.
Eli se quedó pensando.
—¿Hoy?
—SÃ.
Antes de que Eli pudiera responder, Thiago habló.
—Tiene entrenamiento conmigo.
Eli lo miró sorprendido.
—¿Tengo?
Thiago se quedó congelado.
—Bueno... no exactamente.
Nico, que estaba cerca, se tapó la boca para no reÃrse.
Martina directamente puso los ojos en blanco.
Mateo sonrió.
—Entonces parece que no tiene entrenamiento.
Thiago lo miró fijamente.
—Parece.
Eli soltó una pequeña risa.
—Puedo ir después de clases.
—Perfecto —dijo Mateo—. Te espero en la entrada.
Mateo se fue.
Thiago se quedó mirando cómo se alejaba.
—No me gusta —murmuró.
Eli lo escuchó.
—¿Qué dijiste?
—Nada.
—Dijiste "no me gusta".
—Me referÃa a... su actitud.
Eli sonrió.
—Claro.
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Después de clases, Eli salió del colegio.
Mateo estaba esperándolo en la entrada.
—¿Vamos?
—SÃ.
Pero antes de que pudieran irse, alguien apareció detrás de ellos.
—Eli.
Era Thiago.
Llevaba su mochila deportiva sobre un hombro y todavÃa tenÃa puesta la ropa de entrenamiento.
—¿Qué pasa? —preguntó Eli.
Thiago miró a Mateo.
—Me olvidé de decirte algo.
—¿Qué?
Thiago se acercó.
—Mañana tenemos partido.
—¿Y?
—Quiero que vengas.
Eli sonrió.
—¿Eso era todo?
—SÃ.
Mateo intervino.
—Podemos ir juntos mañana.
Thiago inmediatamente respondió:
—No.
Eli abrió los ojos.
—¿No?
Thiago se dio cuenta de que habÃa sonado demasiado directo.
—Quiero decir... tengo que concentrarme para el partido.
Mateo sonrió.
—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros?
Thiago no respondió.
Eli empezó a reÃrse.
—Thiago, estás celoso otra vez.
—No estoy celoso.
—Sà estás.
—No.
—SÃ.
Thiago miró hacia otro lado.
—Hacé lo que quieras.
Y se fue.
Eli lo observó alejarse.
Mateo también.
Pero Mateo parecÃa haber entendido algo.
—Creo que le gustás.
Eli se puso rojo.
—¿Qué?
—Thiago.
—No.
—Eli, literalmente acaba de ponerse celoso porque voy a salir con vos.
Eli no supo qué responder.
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Al dÃa siguiente, durante el recreo, Mateo volvió a acercarse.
—Eli, ¿podemos hablar?
—SÃ.
Mateo respiró profundo.
—Me caés muy bien.
Eli sonrió.
—Vos también.
—Y querÃa saber si quizás te gustarÃa salir conmigo algún dÃa.
Eli se quedó en silencio.
No querÃa lastimarlo.
Mateo era agradable y siempre lo trataba bien.
Pero habÃa un problema.
Eli pensó en Thiago.
En sus ojos oscuros.
En su sonrisa.
En cómo lo miraba cuando creÃa que nadie se daba cuenta.
Y finalmente respondió:
—Perdón, Mateo... pero creo que me gusta otra persona.
Mateo sonrió, aunque se notaba que estaba un poquito decepcionado.
—¿Thiago?
Eli se quedó completamente rojo.
—¿Cómo lo sabÃas?
—Porque cuando él entra a un lugar, vos lo mirás.
Eli bajó la mirada.
—SÃ...
Mateo le dio una palmada amistosa en el hombro.
—Entonces espero que te salga bien.
—Gracias.
Mateo se alejó.
Pero desde el otro lado del pasillo, Thiago habÃa visto la escena.
No habÃa escuchado la conversación.
Solo habÃa visto a Mateo alejarse y a Eli quedarse ahÃ.
Thiago se acercó.
—¿Qué querÃa?
Eli lo miró.
—Nada importante.
—¿Seguro?
—SÃ.
Thiago se quedó observándolo.
—¿Entonces ya no vas a salir con él?
Eli sonrió.
—No.
—¿Por qué?
Eli se acercó un poquito.
—Porque me gusta otra persona.
Thiago sintió que el corazón se le detenÃa.
—¿Quién?
Eli sonrió tÃmidamente.
—Adiviná.
Y antes de que Thiago pudiera responder, Eli se fue corriendo hacia Nico y Martina.
Thiago se quedó parado en medio del pasillo.
Por primera vez, el chico que siempre tenÃa una respuesta para todo no sabÃa qué decir.
Pero una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
Porque quizás...
solo quizás...
esa persona era él.