💚 Parte 5: Lo que Mateo no contó
El lunes, Eli llegó al colegio con su mochila colgada de un solo hombro. Su pelo rojo estaba un poco despeinado por el viento y sus ojos verdes buscaban entre los alumnos a Thiago.
Lo encontró en la cancha.
Thiago estaba jugando al básquet con sus amigos. Corría de un lado al otro, concentrado, mientras sus compañeros gritaban cada vez que encestaba.
—¡Thiago! —gritó Eli.
Thiago levantó la mirada y sonrió.
—¡Eli!
Cuando terminó el partido, Thiago se acercó.
—¿Me estabas esperando?
—No… —dijo Eli, intentando hacerse el distraído—. Bueno, sí.
Thiago soltó una pequeña risa.
—Sos terrible.
Pero antes de que pudieran seguir hablando, apareció Mateo.
—Eli, ¿podemos hablar?
Eli lo miró sorprendido.
—¿Qué pasó?
Mateo bajó la mirada.
—Sobre lo del otro día… quería explicarte algo.
Thiago se quedó en silencio.
Mateo respiró profundamente.
—Yo estaba celoso.
Eli abrió los ojos.
—¿Celoso de qué?
—De vos y Thiago. Cuando los vi juntos pensé que… no sé. Sentí que te estaba perdiendo como amigo.
Eli se quedó unos segundos sin saber qué responder.
—Mateo, nunca te dije que te estaba dejando de lado.
—Ya sé —contestó Mateo—. Pero me dio miedo.
Thiago intervino suavemente.
—Podrías habérselo dicho en vez de hacer todo aquello.
Mateo asintió.
—Sí. Lo sé.
Por primera vez, los tres quedaron en silencio.
Entonces Eli sonrió.
—Bueno… ¿entonces estamos bien?
Mateo levantó la mirada.
—¿De verdad?
—Sí, tonto.
Mateo sonrió y le dio un abrazo.
Desde unos metros, la amiga de Eli, Martina, observaba la escena junto a su amigo gordito, Nico.
—Por fin dejaron de comportarse como nenes —dijo Martina.
Nico se llevó una mano al pecho.
—Yo pensé que iba a tener que separarlos como árbitro.
Martina se rio.
—Vos no podés ni correr cinco metros.
—¡Ey! Eso fue innecesario.
Eli y Thiago se acercaron riéndose.
—¿Qué hacen? —preguntó Eli.
—Nada —respondió Martina—. Estamos hablando de la próxima salida.
Thiago miró a Eli.
—¿Querés venir conmigo después del colegio?
Eli sintió que se le calentaban las mejillas.
—¿A dónde?
Thiago sonrió.
—Es sorpresa.
—¿Una sorpresa?
—Sí.
Eli lo miró unos segundos y finalmente sonrió.
—Bueno. Voy.
Pero ninguno de los dos sabía que esa tarde iba a cambiar algo entre ellos para siempre.