Creo que lo más doloroso de tu relato no es haber perdido a alguien, sino haber tenido que despedirte de él, de una posibilidad.
A veces no lloramos por lo que fue, sino por todo lo que imaginamos que podía ser. Y quizás por eso cuesta tanto entender el “¿qué perdí, si nunca fuimos nada?”. Porque aunque la historia nunca haya existido como la imaginamos, la ilusión sí existió. Y también se puede extrañar aquello que nunca llegó a suceder.
Quizás no besaste solamente a esa persona aquella noche. También besaste, sin saberlo, la posibilidad de una historia que después tuviste que aprender a soltar.