Me despierto asombrada de la nalgada que me ha dado mi hermano, y para completar, se me tira encima.
—Y eso que andas por aquí —susurro.
—Eso no es tu asunto —murmuro.
Lo empujo a un lado de la cama y pregunto:
—¿Para qué me viniste a despertar?
—¡Levántate, vamos a salir! —.
—Bueno, está bien, pero en un rato déjame alistarme—.
—Ok, te espero —murmuró saliendo del cuarto.
Me levanto y me voy a duchar; el agua está fría, pero me gustó. Salgo de la ducha y me coloco la ropa más cómoda que tenga, ya que conozco muy bien a mi hermano y cada vez que viene anda apurado.
Cuando ya estoy lista, voy a colocar el teléfono en el bolso y veo las llaves; me acuerdo del carro de Alejandro, que está estacionado en el frente. Salgo de la habitación y bajo las escaleras rápido. Disimulo abrir la puerta y miro, pero no está; me asusto, ¿será que se lo han robado? Pero si se lo hubieran robado, también se habrían llevado el otro. Vuelvo en mí y, en medio de mis pensamientos, trato de calmarme.
Entro y me voy a desayunar; veo platicar a mi hermano de sus aventuras con mis padres. En eso escucho: «Negro, apúrate», y yo les digo: «Dame tiempo, pote de leche». Mi mamá interviene fulminándonos con la mirada: «Ya dejen los apodos». «Déjame lavar el plato y nos vamos». En eso le pregunto si nos vamos en el carro o en taxi, me afirma que en el carro.
Me monté en el asiento del copiloto y nos fuimos. Le pregunté qué íbamos a comprar, pero él solo me dijo que íbamos a ver. Al poco tiempo, llegamos al centro comercial La Cascada. Él se estacionó y nos bajamos del carro. Yo caminaba a su lado ya que a él no le gustaba que fuera atrás. Sin embargo, a mí no me agradaba mucho la situación porque la gente siempre nos confundía y pensaba que éramos novios, solo porque él es blanco y yo morena. Pero bueno, ¿qué se le va a hacer?
En eso, entramos en un local de caballeros donde él se compró unas camisas y unas bermudas. Seguimos caminando y entramos en una zapatería. Allí se compró dos pares de zapatos y, además, me regaló unas sandalias y un par de zapatos para mí. Continuamos con el recorrido y me preguntó si quería un helado, así que fuimos a comprarlos; el de él era de chocolate y el mío de fresa.
Mientras caminábamos, me encontré con Cloe.
—¡Hola, Celeste! —me dijo mientras me abrazaba. Luego se apartó
—Hola, corazón, te presento a mi hermano, Bryan.
Ella lo saludó y él le devolvió el saludo de manera muy generosa. Nos despedimos y seguimos viendo las vitrinas. De repente, Bryan vio una tienda de maquillaje y me hizo entrar. Comenzó a comprarme varias cosas, lo que me dio muchísima pena. En ese momento, él miró a la encargada y le preguntó:
—¿Tú trabajas aquí?
—Sí —respondió ella.
—Pues no lo parece —sentenció él.
Yo me sorprendí por su actitud. Él pagó y salimos del local. De inmediato le pregunté por qué le había dicho eso a la chica, y me contestó que ella no estaba haciendo bien su trabajo. Yo simplemente asentí con la cabeza y no le pregunté nada más.
Terminamos de hacer las compras y nos dirigimos hacia el carro. Colocamos todo en la maleta y nos pusimos en marcha. Me coloqué los auriculares mientras él hablaba por teléfono. En ese momento me invadió la preocupación: ¿Qué habría pasado con el carro de Alejandro? ¿Cómo le diría a mi papá que había perdido el carro de su socio y que lo había llevado a su casa? Por si fuera poco, en la fiesta a la que había ido llevaron un fusil y, para completar la mala suerte, ni siquiera tenía el número de Alejandro.
Justo cuando estábamos cruzando la esquina, vi la camioneta de Alejandro estacionada al frente de la casa. Me relajé un poco y esperé a ver qué pasaba. Mi hermano se estacionó y nos bajamos con todas las bolsas. Entramos y mami nos preguntó si ya habíamos almorzado. Le dijimos que no, así que nos pidió que acomodáramos las cosas y bajáramos de inmediato a comer. Eché un vistazo alrededor, pero no vi a nadie. Subí a mi habitación, dejé las compras sobre la cama y volví a bajar.
Fui a la cocina y pregunté por mi padre; me dijeron que estaba en la oficina con Alejandro. Me serví la comida y me fui a la sala junto con Bryan. En ese instante, mi padre salió acompañado de Alejandro.
—Te presento a mi otro hijo, Bryan —le dijo mi papá.
Ellos se saludaron, pero yo no quité la mirada de mi plato. No sé de qué estaban hablando, pero sentía la firme sospecha de que me iban a regañar en cuanto Alejandro se fuera. De pronto, escuché su voz dirigiéndose a mí:
—Hola, Celeste, ¿cómo has estado?
No supe cómo reaccionar. Muy nerviosa, le contesté:
—Bien, bien... ¿y tú? —y de inmediato tomé un sorbo de jugo.
Él me miró fijamente, como buscando algo más en mis ojos. En ese segundo mi celular empezó a vibrar. Contesté:
—Hola, bebé, cuéntame.
Me levanté de la sala y subí a mi habitación, dejando el plato sobre la mesa. Era Chris, quien me llamaba para saber si nos podíamos ver más tarde. Le dije que sí, colgué y dejé el teléfono sobre la cama para terminar de comer. Justo cuando iba a abrir la puerta para salir, Alejandro entró repentinamente en la habitación...