Al saber ya su nombre, solo quería encontrarlo en el negoció, para ver quién era. Llegué a mi casa, saludé a mi mamá y estuvimos conversando. En eso llega mi hermano y mi cuñada; los saludé y me fui para la habitación, me duché, bajé a cenar y estuve platicando con ellos.
Y en ese entonces mi hermano me dice:
—Oye, tienes que saber que hay personas con quien no debes tratar, ¿okay?.me dice él
—¿Por qué? —le digo.
—Te cuento que por aquí hay miembros de bandas organizadas, o sea, gánsteres.
—Ah, okay, ya entiendo, estaré atenta.
—No te quiero ver involucrada con esas personas. Además, tengo amistades que me han hablado de ellos; se llaman Nico, Dan y Ale. Son los que viven por esta zona.
Y me quedé en shock porque no sabía si era ese mismo Ale que quería conocer. Lo que le dije fue: «Okay, está bien», y me fui para mi habitación, puse música y me acosté a reflexionar en todo lo que me había dicho. Y lo más curioso es que, en lugar de asustarme, ¡me motivé más!