Han pasado tres días desde ese momento y no te he olvidado, pensando en esa sonrisa que me regalaste al pasar. Desde entonces, espero volverte a ver.
Hoy en el trabajo todo ha estado estresante. Dani llegó tarde y la jefa le habló; le dijo que para la próxima iba a estar despedido. Cloe está en la cocina porque la señora Marta está enferma, y yo estoy ayudando a Chris con la contaduría en la oficina. Salgo un momento para preguntarle a la jefa por un documento que falta y la encuentro hablando con...
—Qué bueno que llega —me dice la jefa—. Señora Esther, falta un documento. ¿Usted lo tiene para terminar?
—Sí, en un momento lo busco.
Me doy la vuelta para irme y escucho que dice:—No te vayas.
Me giro.
—Te presento al señor William, el dueño del negocio de la esquina.
Extiendo mi mano para saludar.
—Mucho gusto, Celeste.
—Mucho gusto, William —me responde él.
Mi jefa me dice:
—Cuando yo no esté y venga alguno de sus hijos, le entrega lo que pidan sin cobrarle.
— está bien. Con permiso.
Y me dirijo para la oficina. Me quedo esperando con Chris que la señora Esther llegue, y él me dice:
—La jefa tiene un romance con William.
—No sé —le respondo.
Chris cambia el tema y dice:
—¿Y si nos vamos?
—No, porque después la señora Esther se molesta
Cuando Cris me iba a decir algo, la señora Esther entra, nos da los papeles que faltan y dice:
—Me voy, te quedas a cargo, Celeste.
—Okay —
Chris me alza el pulgar sonriendo.Me fui a atender a los clientes. Todo iba de maravilla; veo acercarse a Dani y a Cloe.
—Todo está tranquilo —dice Dani.
—Porque los jefes no están —responde Cloe, y nos reímos.
Chris se acerca y me dice:
— ya terminé me voy a adelantado encargada— y se ríe
— Está bien— se lo digo dándole una palmadita en los hombro.
—Nos vemos el lunes chicos— no dice saliendo del negoció
Estuvimos esperando que los últimos clientes se fueran y comenzamos a ordenar todo. En cuanto terminamos, les dije a Dani y a Cloe que ya se podían ir, y que ya yo terminaba de recoger lo que estaba en la cocina. Los acompañé hasta la puerta y puse el letrero de cerrado. Me dirigí hacia la cocina terminé de acomodar todo y me fui para mi casillero a buscar las cosas y escuché la campanilla; me imaginé que era a uno de los chicos que se le había quedado algo. Cuando escuché que decían: «Buenas», salgo para ver quién era y el corazón me dio un vuelco: era él...