Escucho un murmullo algo lejano:
—Celeste, apaga la música, ya es tarde y mañana tenemos que salir.
—ok. En eso veo la hora son las 11:10 p.m. y me duermo
—Celeste, levántate —dice mi madre entrando al cuarto. Abre la ventana y la luz me da directo en el rostro.
—Okay, ya voy. Un ratito más, ¿sí?
—No, levántate. Te arreglas y bajas para irnos —sentencia antes de marcharse.
Me levanto y me voy a duchar. Al salir, elijo mi outfit: una bermuda, una franela y tenis. Me visto, me hago una coleta y, de maquillaje, solo rímel y labial; estoy lista. Organizo mi cartera y bajo.
—Al fin.
—Pues no me tardé tanto— le digo a mi mamá
—Bueno, vámonos— me dice.
Ella es muy metódica con sus compras, así que hoy mismo teníamos que abastecer la casa. Nos dirigimos al supermercado más cercano, que queda a media hora de camino. Al estacionar el coche, me pregunta:
—¿Quieres comer algo?
—Como un té está bien.
Pasamos por la cafetería; ella pidió un té y yo un café. Al terminar, fuimos por los víveres. Agarré un carrito para colocar los productos y estuvimos en eso una hora, pagamos y luego nos dirigimos hacia la salida. Mi madre fue a buscar el auto lo estacionó más y acomodamos las bolsas. En ese momento, ella dice:
—Ay, se me olvidó algo.
—¿Que?
— los chocolate, si quieres quédate aquí, ya vengo.
—No, vamos las dos —insisto, y regresamos a buscarlos.Entramos al local y compró chocolate amargo. de salida nos encontramos con una amiga suya, muy linda por cierto. Mientras conversaban, le dije a mi mamá que caminaría un r poco por los pasillos. Ella asintió y me pidió de vuelta en media hora.Después de un momento, me crucé con dos chicos. A uno de ellos lo reconocí, ya que había ido a comprar almuerzo al negocio; al otro nunca lo había visto, pasó por mi lado y me dijo «hola», pero todo fue tan rápido que no pude responder. Sentí una atracción que jamás había experimentado. Lo miré de reojo y sonreí; no fue una sonrisa normal, fue algo más que eso,fue tentador.En ese instante, vibró mi teléfono. Era mi mamá para avisarme que ya estaba en el carro esperándome. Caminé hacia donde estaba el carro me subí y nos fuimos.
En el trayecto, mi mamá me dijo que pasaríamos por donde mi papá. Le respondí que no había ningún problema, ya que ese día no trabajaba y no tenía nada más que hacer. Durante todo el camino, no pude dejar de pensar en lo que había sucedido en el pasillo; algo muy dentro de mí sabía que era él; una corazonada silenciosa. Era el puro instinto de saber que no iba a terminar bien.Lo aterrador no era su cercanía, sino el hecho de que era un completo extraño. Mi mente no tenía un solo recuerdo de él, pero mi cuerpo reaccionaba como si estuviera frente a su peor verdugo.