Lo de Yuki lo leo menos como presión familiar y más como trabajo. Una idol de dieciséis años tiene contrato, agenda y un montón de gente que vive de su sonrisa. El papá que le pide tres milímetros más está cuidando una inversión, cachái. Esa perfección tiene dueño, y el dueño no es ella.
¿Hasta dónde nos puede destruir la perfección? El peso de las expectativas familiares (Reflexión / Relato) Pregunta Sin responder
Hola a todos en la comunidad. Últimamente he estado pensando mucho en cómo las expectativas de nuestros padres o de la sociedad pueden moldearnos hasta rompernos por dentro. A veces, la única forma…
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Lo de Yuki lo leo menos como presión familiar y más como trabajo. Una idol de dieciséis años tiene contrato, agenda y un montón de gente que vive de su sonrisa. El papá que le pide tres milímetros más está cuidando una inversión, cachái. Esa perfección ti
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Hola a todos en la comunidad. Últimamente he estado pensando mucho en cómo las expectativas de nuestros padres o de la sociedad pueden moldearnos hasta rompernos por dentro. A veces, la única forma de sobrevivir es crear un escudo de absoluta apatía, o por el contrario, ponernos una máscara plástica de perfección.
Quiero compartirles el fragmento inicial de una historia en la que estoy trabajando. Refleja mucho ese sentimiento de asfixia y el choque de dos mundos rotos: " El eco del exilio y la prisión de porcelana"...Darian fue desterrado de Colombia por su propio padre bajo una sentencia fría: «Te vas a Japón... A ver si la disciplina oriental te arranca de una vez por todas esa rebeldía estúpida». Sin interés por encajar, con su alta estatura y el desorden de su corte wolfcut, se refugió en la apatía absoluta y en su canal de edición de música bajo el seudónimo "zdmen". Para él, el nuevo instituto en Tokio era solo un trámite monótono.
En el polo opuesto del auditorio estaba Shinohara Yuki, una idol de 16 años aclamada por todo el colegio como una «muñeca de porcelana imperial» que jamás cometía un error. Pero detrás de su sonrisa deslumbrante se escondía un torbellino de ansiedad y traumas: «Sonríe tres milímetros más. Si tiemblas, papá se enterará. No eres una persona, Yuki, eres un producto...». Ella sentía asco por la masa de rostros vacíos que la idolatraban, sabiendo que si descubrieran lo rota que estaba por dentro, huirían espantados.
Cuando el director presentó a Darian ante un silencio gélido e incómodo, él subió a la tarima con las manos en los bolsillos y una mirada aburrida. Yuki giró la cabeza esperando ver en este nuevo extranjero la misma mirada de admiración sumisa y deslumbrada de siempre. Sin embargo, lo que sus ojos encontraron la hizo congelarse...¿Alguna vez han sentido que tienen que fingir ser alguien perfectamente feliz o completamente indiferente para complacer a los demás o para protegerse? Me encantaría leer sus opiniones y vivencias en los comentarios.
Respuestas
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PermalinkHome, lo del padre que manda al hijo lejos para enderezarlo lo he oído contar en muchas casas, solo que antes lo mandaban a la mili o con un tío en Suiza. Japón es la versión con billete de avión.
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PermalinkLo de Yuki lo leo menos como presión familiar y más como trabajo. Una idol de dieciséis años tiene contrato, agenda y un montón de gente que vive de su sonrisa. El papá que le pide tres milímetros más está cuidando una inversión, cachái. Esa perfección tiene dueño, y el dueño no es ella.
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PermalinkDarian me hizo acordar del hijo pródigo de Lucas 15, pero al revés. Allá el hijo se va por su cuenta y el padre lo espera mirando el camino, y cuando lo ve de lejos sale corriendo. Aquí es el padre quien lo manda a Japón para que la disciplina haga lo que él no supo hacer. Y a Yuki la tienen en casa y está igual de lejos de su papá. Se me hace que cuando esos dos se crucen, lo primero que se van a reconocer es eso: que a los dos los criaron para ser otra persona.
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PermalinkDarian refugiándose en editar música con un seudónimo me recuerda a mucha gente que llega aquí justo así, con otro nombre y algo que no se atreve a enseñar en casa. Da la impresión de que esta historia tiene bastante de lo que te ronda la cabeza últimamente. Gracias por estrenarte con ella, qué bueno tenerte por aquí!
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PermalinkA ese señor le salió más fácil mandar al muchacho al otro lado del mundo que sentarse a hablar con él una tarde.
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