me salí del cuarto sin decir nada.
afuera hacía frío, pero no de ese frío que te hace querer regresar a casa, sino de uno que parece meterse debajo de la piel y quedarse ahí, como si incluso el cuerpo hubiera dejado de sentirse propio.
caminé hasta la laguna que quedaba frente al hotel donde todos dormían y me senté en la orilla, tan cerca del agua que podía escuchar cómo se movía contra las piedras.
y entonces levanté la cabeza.
la luna estaba enorme.
no parecía estar en el cielo, parecía estar frente a mí, suspendida justo encima del agua, mirándome como si hubiera estado esperando durante mucho tiempo a que yo llegara.
le hablé.
no sé si las personas pueden rezarle a la luna, pero esa noche no tenía a quién más hablarle.
— luna, si de verdad puedes verme desde ahí arriba, mírame bien.
y no apartes la mirada esta vez.
mírame como estoy, sin intentar hacerme más bonita, sin inventarme una razón para seguir aquí, sin decirme que todo va a mejorar porque ya estoy cansada de escuchar palabras que no alcanzan a tocarme.
yo ya no sé qué hacer conmigo.
siento que llevo tanto tiempo intentando ser alguien que merezca quedarse que olvidé cómo se siente simplemente existir, sin tener que justificarlo, sin tener que demostrar que todavía sirvo para algo.
Y estoy cansada.
estoy cansada de despertarme y sentir que el día ya empezó demasiado tarde para mí, de mirar a las personas y preguntarme qué tienen ellas que yo perdí hace tanto tiempo, de fingir que estoy bien porque parece que mi tristeza incomoda más cuando la digo en voz alta.
mírame, luna.
aquí estoy.
y no tengo nada que ofrecerte.
ni mis sueños, porque ya no sé cuáles eran míos y cuáles aprendí a querer porque alguien más esperaba que los quisiera.
ni mis promesas, porque ya rompí demasiadas conmigo misma.
ni mi futuro, porque cuando intento imaginarlo solamente veo una habitación vacía y una versión de mí que ya no reconozco.
por eso pensé que tal vez podía darte lo único que todavía me queda.
mi vida.
qué tonto venir hasta aquí para ofrecerte algo que ni siquiera sé si alguna vez sentí que era mío.
pero si puedes llevártelo, luna, si pudieras tomar todo esto que pesa dentro de mí y dejarme aquí, vacía pero tranquila, quizá sería suficiente.
quizá podría dejar de sentir que estoy fallándole a todo el mundo.
y quizá solo quizá podría dejar de sentir que mi existencia es una deuda que nunca voy a poder pagar.
mírame otra vez porque tengo miedo.
tengo miedo de irme, pero también tengo miedo de quedarme aquí.
y quizá por eso estoy aquí, hablándote como una niña que todavía espera que alguien venga a buscarla, aunque haya pasado demasiado tiempo y ya no sepa si quiere que la encuentren.—
la luna siguió brillando.
y la laguna siguió moviéndose.
Y por un momento pensé que quizá ninguna de las dos necesitaba una respuesta.
quizá yo solamente necesitaba que alguien escuchara todo lo que llevaba tanto tiempo intentando esconder.
así que llévate mi vida, luna.
pero si aún no es tiempo, entonces llévate esta tristeza.
llévate aunque sea una parte de todo lo que me pesa.
y si mañana vuelvo a despertar con el mismo vacío, quédate ahí arriba, donde pueda verte.
solo para recordarme que todavía estoy aquí.