No hay palabras
No existe oficio en donde se practique el ver los ecos de la memoria
Soy un pionero en la riqueza de esta nueva disciplina
Se me resquebrajan las yemas de los dedos de tanto que tiemblan mis manos
Pero todo está bien
Son las lesiones de los trabajadores,
de los escultores de ideas.
Son las heridas de la práctica
No hay tanta materia prima que pueda extraer
No hay sendero cierto que pueda transitar
Escucho entre lo nublado de la ciénaga
Reminiscencias brincando entre el humedal y las hojas de hortalizas florecientes,
Por estos vientos nuevos que trae el verano,
en mi profunda resigancion,
cansado de ver durante años: ecos,
y abasteciendo mi mesa con memorias
Prefiero comer diferente
Cambio los charcos que me rodean,
por un calor que envuelve mi panza, recorre mis hombros y brazos.
Hoy, estando curtido en toda clase de resonancias
En cada voz que torpemente llega a mis oídos
Despido ante todo mi desgracia más grande
mi poco sentido del hacer
Mi gran boca dejará de esbozar firmeza
Y simplemente seré firme
Mis manos inquietas dejarán de tener miedo
y sostendré con ahínco mi vida.
Mi saliva se secará, para enaltecer la valía.
Y cuando todo esté terminado
Cuando ¡Yo! haya llegado.
Ahí, simplemente, viviré.