Ya vi partir mi inocencia,
ya vi morir mi ilusión
y alguna otra dicha.
Lo vi y no hice más
que aceptar mi suerte.
¿Ya para qué llorar?
El todo hoy no es nada.
Nací para perderlo,
y moriré perdiendo,
y perderé llorando
aquello a mi paso.
Le digo adiós a lo que hallé
y fue mi alegría.
Me llevo todo lo demás:
lo que solo es llanto.