No sé a quién herí en mi camino
que me sentencia a esta horrenda suerte,
que no le importan mis deseos puros.
Quiero creer y trato insistente,
y todo lo que intento no prospera.
Un mal querer que entorpeció mi senda
para siempre, todo sueño y anhelo;
así, hasta el final de cada día,
vivo con el dolor de esa herida,
muriéndome así muy lentamente.
Ya no cargo con ilusiones propias,
el amor que deseé está muy lejos.
Ya no creo que exista alguien
que aplaque mi dolor, dolor tan viejo,
que ya es parte de mi propia vida.