Te deslizas sin permiso
por el laberinto de la mente,
como un tierno tropiezo del destino;
rehaces la ilusión constantemente
cuando el sendero cruza nuestro camino.
Busqué tu reflejo en rostros ajenos,
pretendí borrar el trazo de esta historia,
mas los intentos resultaron vanos:
quedaste impreso en mi memoria.
Custodio tu recuerdo adonde voy;
allí, en tu distancia, esculpí mi identidad,
mientras la brisa me devuelve el sonido de tu voz,
trayendo calma a la cruda realidad.
Mis suspiros viajaron hacia tu cielo,
rozaron la calidez de tu mirada
y hallaron refugio en tu anhelo.
Envío versos ocultos en tinta ajena,
mensajes mudos para que descubras este fuego;
mi existencia se detuvo en tu silueta,
un latido inquieto que ya no acepta el juego.
Deseo persuadir al implacable segundero,
frenar el tiempo, revertir su curso fiel,
para cobijarte en un abrazo verdadero
bajo el tibio resplandor que trae abril.
Romperé la distancia que nos condena,
buscando sembrar en ti una eterna sonrisa;
mientras el latido clama y se serena,
nuestro juramento flotará en la brisa.