"No es mi historia" me repito hasta el hartazgo, mientras me aferro, terca, a la ilusión de poder protegerte del dolor. Un dolor que elegís, que nace bajo tu piel. Aunque así lo quiera, no puedo interponer mi cuerpo para salvarte del golpe.
No es mi historia, lo sé, lo entiendo, pero me quema no ser capaz de interferir, verte avanzar directo a la fosa, mintiéndote que esta vez no vas a caer. No puedo hacer nada y me desgarra la impotencia de no lograr abrir tus ojos.
No es mi historia, pero es un espejo cínico de la mía. Una sátira de mis propias promesas de control. Me veo intentando sacarte del barro, enterrada hasta el cuello, exactamente igual que vos, y me doy cuenta de lo ridícula que soy.