Camino en círculos desde que puedo recordar. Acelero el paso, fingiendo que esta vez llegaré a otro lugar, pero siempre encuentro las mismas ruinas, las mismas calles, las marcas de viejas pisadas: huellas cansadas, resignadas, que no esperaban llegar lejos; huellas entusiastas, que juraban arribar en un nuevo paraje y desembarcaron donde siempre. Intento desviarme del camino ya marcado, y me encuentro con huellas ilusas que se creyeron capaces de romper el círculo.
El Barrio está marcado con mis pisadas en cada calle, todas desembocan en el mismo lugar.
Ni siquiera siento el fuego de la frustración ardiendo en ira, estoy vacía de emociones. Sólo atino a plantearme, cansada de andar, si realmente vale la pena seguir caminando.