El apagón ocurrió a las once y media.
Yo estaba en mi habitación cuando todo quedó completamente oscuro. Busqué el celular, pero tenía la batería agotada. Entonces recordé la vieja linterna que guardaba en el último cajón del escritorio.
La encendí.
La luz apenas alcanzaba unos metros.
Fue entonces cuando escuché pasos en la escalera.
Vivía en el tercer piso y conocía bastante bien los sonidos del edificio. Aquellos pasos venían de abajo y subían lentamente.
Uno.
Dos.
Tres.
Me acerqué a la puerta.
—¿Quién anda ahí?
Los pasos se detuvieron.
Entonces escuché la voz de mi vecina.
—Soy yo.
Abrí.
Ella estaba parada en el pasillo, sosteniendo una vela. Tenía el rostro pálido.
—¿También se fue la luz? —pregunté.
Me miró durante unos segundos.
—Sí.
Había algo extraño en su expresión.
—¿Está todo bien?
Ella negó con la cabeza.
—No salgas del apartamento.
—¿Por qué?
Se acercó un poco y bajó la voz.
—Porque alguien está subiendo las escaleras.
Miré hacia abajo.
No había nadie.
—¿Quién?
Mi vecina no respondió.
En cambio, miró mi linterna.
—Apágala.
—¿Qué?
—Apágala. Ahora.
La apagué.
El edificio quedó completamente oscuro.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después escuchamos pasos.
Venían de abajo.
Uno.
Dos.
Tres.
Mi vecina me agarró del brazo.
—No hagas ruido.
Los pasos siguieron subiendo.
Pasaron el primer piso.
Luego el segundo.
Finalmente llegaron al tercero.
Se detuvieron frente a nosotros.
Yo podía escuchar mi propia respiración.
Entonces alguien golpeó mi puerta.
Tres veces.
Mi vecina empezó a temblar.
—No abras —susurró.
Otro golpe.
Y entonces escuché una voz al otro lado.
Mi voz.
—¿Quién anda ahí?
Sentí que se me helaba la sangre.
Miré a mi vecina.
Ella estaba llorando.
—¿Qué está pasando?
No respondió.
Solo señaló lentamente hacia el fondo del pasillo.
La puerta del apartamento de ella estaba abierta.
Pero mi vecina seguía parada a mi lado.
La voz volvió a hablar desde el otro lado de mi puerta.
Esta vez, con su voz.
—No abras.
La linterna cayó de mi mano.
Y en la oscuridad comprendí que la mujer que estaba junto a mí no era mi vecina.
Nunca había vivido en este edificio.