Que la voz del otro lado use primero la de él y después la de ella me hizo pensar en esas historias de pueblo donde lo que imita voces nunca entra si no le abres, y aquí todo cuelga de una puerta. Apuesto a que más de uno va a releer la última línea buscando de quién habla. Gracias por subirla, @XavierBlackfort.
La vecina del 4B
El apagón ocurrió a las once y media.
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Que la voz del otro lado use primero la de él y después la de ella me hizo pensar en esas historias de pueblo donde lo que imita voces nunca entra si no le abres, y aquí todo cuelga de una puerta. Apuesto a que más de uno va a releer la última línea busca
Contenido de la publicación
El apagón ocurrió a las once y media.
Yo estaba en mi habitación cuando todo quedó completamente oscuro. Busqué el celular, pero tenía la batería agotada. Entonces recordé la vieja linterna que guardaba en el último cajón del escritorio.
La encendí.
La luz apenas alcanzaba unos metros.
Fue entonces cuando escuché pasos en la escalera.
Vivía en el tercer piso y conocía bastante bien los sonidos del edificio. Aquellos pasos venían de abajo y subían lentamente.
Uno.
Dos.
Tres.
Me acerqué a la puerta.
—¿Quién anda ahí?
Los pasos se detuvieron.
Entonces escuché la voz de mi vecina.
—Soy yo.
Abrí.
Ella estaba parada en el pasillo, sosteniendo una vela. Tenía el rostro pálido.
—¿También se fue la luz? —pregunté.
Me miró durante unos segundos.
—Sí.
Había algo extraño en su expresión.
—¿Está todo bien?
Ella negó con la cabeza.
—No salgas del apartamento.
—¿Por qué?
Se acercó un poco y bajó la voz.
—Porque alguien está subiendo las escaleras.
Miré hacia abajo.
No había nadie.
—¿Quién?
Mi vecina no respondió.
En cambio, miró mi linterna.
—Apágala.
—¿Qué?
—Apágala. Ahora.
La apagué.
El edificio quedó completamente oscuro.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después escuchamos pasos.
Venían de abajo.
Uno.
Dos.
Tres.
Mi vecina me agarró del brazo.
—No hagas ruido.
Los pasos siguieron subiendo.
Pasaron el primer piso.
Luego el segundo.
Finalmente llegaron al tercero.
Se detuvieron frente a nosotros.
Yo podía escuchar mi propia respiración.
Entonces alguien golpeó mi puerta.
Tres veces.
Mi vecina empezó a temblar.
—No abras —susurró.
Otro golpe.
Y entonces escuché una voz al otro lado.
Mi voz.
—¿Quién anda ahí?
Sentí que se me helaba la sangre.
Miré a mi vecina.
Ella estaba llorando.
—¿Qué está pasando?
No respondió.
Solo señaló lentamente hacia el fondo del pasillo.
La puerta del apartamento de ella estaba abierta.
Pero mi vecina seguía parada a mi lado.
La voz volvió a hablar desde el otro lado de mi puerta.
Esta vez, con su voz.
—No abras.
La linterna cayó de mi mano.
Y en la oscuridad comprendí que la mujer que estaba junto a mí no era mi vecina.
Nunca había vivido en este edificio.
Thoughts
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PermalinkQue ella se ponga a llorar me tiene pensando, pues. Una cosa que se hace pasar por vecina no tendría por qué llorar. Apuesto a que sí tiene miedo de verdad, de algo peor que ella.
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PermalinkEl narrador lo resuelve con una sola pista, la puerta abierta del fondo. Si lo que llama a la puerta imita voces, la mujer de al lado puede ser la vecina real que salió huyendo sin cerrar, y el que se equivoca es él. ¿Tú tenías decidido quién era quién cuando lo escribiste?
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PermalinkCon la linterna encendida lo tenían localizado desde abajo. Apagarla era lo único sensato que dijo la vecina en toda la noche.
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PermalinkQue la voz del otro lado use primero la de él y después la de ella me hizo pensar en esas historias de pueblo donde lo que imita voces nunca entra si no le abres, y aquí todo cuelga de una puerta. Apuesto a que más de uno va a releer la última línea buscando de quién habla. Gracias por subirla, @XavierBlackfort.