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Capítulo 85: cero (1)

NicolasPeanl
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Los Adoradores del Fin comienzan a rezar.

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Los Adoradores del Fin comienzan a rezar.

No utilizan una lengua antigua.

No pronuncian palabras demoníacas.

Eso habría sido más sencillo.

Hablan en coreano.

Con voces comunes.

Voces que podrían pertenecer a padres esperando a sus hijos frente a una escuela.

—La que fue preservada.

—La que fue elegida antes del despertar.

—La que llevará la última luz.

—La que abrirá la puerta cuando el cielo vuelva a caer.

Cada frase sale de una boca diferente.

Pero todas poseen el mismo ritmo.

La misma respiración.

El mismo pulso.

Eunji se aferra a la ropa de Eunbyeol.

—¿Están hablando de mí?

—No los escuches —responde ella.

Abre el Libro de Babel: Octavo archivo.

Los nombres del grupo aparecen sobre las páginas.

El mío.

El de Eunji.

El de los demás.

Ninguno desaparece.

Todavía.

Cha Myeongjin continúa con los brazos abiertos.

La multitud avanza alrededor de nosotros sin ver lo que sucede.

Una mujer atraviesa el espacio entre dos cultistas mientras revisa su teléfono. Su hombro pasa a pocos centímetros de una daga escondida bajo el abrigo de uno de ellos.

No reacciona.

La habilidad no solo silencia el enfrentamiento.

Hace que los testigos descarten cualquier cosa que ocurra dentro del área.

Si comenzamos una batalla en medio de la calle, los civiles caminarán directamente a través de ella.

Mujin lo comprende al mismo tiempo.

Clava el escudo contra el suelo.

[Fila que permanece.]

Una zona defensiva se extiende detrás de él.

No forma una pared visible.

Pero el aire se vuelve más pesado.

Los civiles que se acercan modifican ligeramente su trayectoria sin saber por qué. Algunos cruzan la calle. Otros rodean al grupo como si existiera un obstáculo común frente a ellos.

Mujin utiliza la habilidad para crear un espacio vacío sin obligar a nadie a reconocerlo.

—Quince metros —dice—. No puedo cubrir más sin moverme.

—Es suficiente —responde Eunbyeol.

Se coloca junto a Eunji.

Jiwon queda del otro lado.

Los dos niños que todavía permanecían cerca de la salida son llevados detrás del escudo por los agentes de Jang.

No pertenecen a nuestra casa.

No saben qué ocurre.

Uno comienza a llorar.

El otro sigue mirando hacia sus padres, que continúan alejándose sin escuchar sus voces.

Jang toma su comunicador.

—No hay señal.

Hejin levanta el báculo.

Los siete anillos empiezan a girar.

[Siete circuitos — activado.]

Siete redes mágicas aparecen ante ella.

Una cubre la calle.

Otra se extiende por la fachada de la escuela.

La tercera une a los cultistas.

La cuarta penetra en los teléfonos y radios cercanos.

La quinta se encuentra debajo del asfalto.

Las dos últimas terminan sobre Eunji.

Hejin palidece.

—No es una sola habilidad.

—¿Cuántas? —pregunto.

—Silencio de los testigos mantiene a los civiles fuera.

Uno de los anillos se detiene.

—Una segunda red comparte el daño entre los miembros del culto.

Otro anillo.

—Una tercera transmite sus voces.

El cuarto.

—Y hay un circuito dentro de la escuela.

Jang gira hacia el edificio.

—¿Explosivos?

—No.

Hejin observa la corriente.

—Algo está utilizando la estructura como amplificador.

Cha Myeongjin sonríe.

—La escuela fue construida para enseñar nombres.

El báculo de Hejin apunta hacia él.

—No.

Su expresión cambia.

—La modificaron.

—Solo algunas habitaciones.

—¿Cuándo?

El sacerdote no responde.

Las voces continúan.

—Eunji.

La niña se estremece.

Todos los cultistas pronuncian su nombre.

No al mismo tiempo.

Uno detrás de otro.

Como si la palabra recorriera un círculo.

—Eunji.

—Eunji.

—Eunji.

La cuarta vez, una marca negra aparece sobre su diploma.

Una línea delgada cruza el nombre escrito por la escuela.

Después otra palabra empieza a formarse debajo.

[■■■■ ■■ ■■.]

Eunji mira el papel.

—Papá...

Avanzo.

Cha Myeongjin levanta una mano.

Los quince cultistas extraen cuchillos al mismo tiempo.

No los apuntan hacia nosotros.

Los colocan sobre sus propios cuellos.

Jiwon se detiene.

—No se muevan —dice el sacerdote—. El dolor es compartido.

La mujer a quien Doyun hirió continúa clavada contra el automóvil.

La flecha atravesó su hombro.

Sin embargo, una herida superficial aparece sobre todos los demás.

Quince manchas de sangre crecen bajo quince abrigos.

—Si uno de nosotros muere —continúa Myeongjin—, los otros recibirán una parte.

—Eso no sería suficiente para matarlos —dice Hejin.

—No.

El sacerdote mira a los civiles.

—Pero la red no termina en nosotros.

Un hombre pasa junto al grupo.

Sangre aparece sobre su camisa.

Se lleva una mano al hombro.

Mira los dedos.

No comprende de dónde salió.

La herida de la cultista también está siendo distribuida entre civiles seleccionados por la habilidad.

Cientos de conexiones finas se extienden a través de la calle.

No todos los testigos.

Solo algunos.

Padres.

Maestros.

Niños.

Personas marcadas cuando cruzaron el perímetro.

Mujin aprieta la empuñadura del escudo.

—¿Cuántos?

Hejin intenta contarlos.

—No puedo saberlo sin detener la red.

—Aproximadamente trescientos —responde Myeongjin—. Fue difícil conseguir tantos voluntarios sin su consentimiento.

Seolhwa da un paso.

El suelo cruje bajo las grebas.

—Voy a arrancarte los brazos sin matarte.

La sonrisa del sacerdote no cambia.

—La señorita Seolhwa.

Gira hacia ella.

—La bestia que aprendió a proteger niños.

Seolhwa se detiene.

No porque la frase la afecte.

Porque una niña pasa entre ella y el cultista.

La pequeña no ve el cuchillo.

No ve a Seolhwa.

Solo corre hacia su madre.

Seolhwa espera a que salga de la trayectoria.

Myeongjin aprovecha.

—Continúen.

Los rezos aumentan.

—La que sobrevivió a la ofrenda.

—La que fue apartada del altar.

—La que no debió recibir un segundo nombre.

Jiwon mira a Eunji.

—¿Qué quiere decir con eso?

Eunji niega rápidamente.

—No sé.

La marca de su diploma crece.

La palabra debajo de su nombre empieza a volverse legible.

ESTRELLA...

Eunbyeol arranca el papel de sus manos.

Las letras aparecen sobre la palma de Eunji.

Jiwon se coloca delante.

Sus guantes se iluminan.

[Paciente aunque el mundo lo niegue — SS.]

Coloca ambas manos alrededor de la marca.

La luz blanca cubre los dedos de la niña.

[Objetivo reconocido: Eunji.]

[Clasificación impuesta detectada.]

[Nombre original: estable.]

[Identidad externa en proceso de adhesión.]

—No es una maldición común —dice Jiwon.

—¿Podés quitarla?

—Puedo impedir que avance.

—¿Durante cuánto?

La luz de los guantes tiembla.

—Mientras mantenga contacto.

Eso reduce nuestro grupo.

Jiwon no podrá combatir.

Eunbyeol no se apartará de Eunji.

Mujin debe proteger el área.

Hejin necesita analizar cuatro circuitos al mismo tiempo.

Doyun permanece fuera de nuestra vista, buscando los puntos de control.

Kwon ya no está.

No lo vi moverse.

Eso significa que empezó a trabajar.

Quedamos Seolhwa y yo frente a quince cultistas que no podemos matar sin herir civiles.

Myeongjin lo sabe.

—Usted siempre encuentra una forma de convertir la fuerza en una desventaja —dice.

Me mira.

—Señor Kim Cheonro.

No menciona Byeolha otra vez.

Probablemente entendió que aquella palabra provocó una reacción.

No sabe por qué.

—¿Qué quieren de Eunji?

—Devolverla al lugar al que pertenece.

—No pertenece a ustedes.

—Tampoco le pertenecía a usted.

—No le pertenezco a nadie —dice Eunji.

Su voz es pequeña.

Pero no tiembla.

Myeongjin la mira.

—Eso te enseñaron.

Eunji intenta avanzar.

Jiwon la sostiene.

—Mi nombre es Eunji.

—Es el nombre que te dieron después.

—Sigue siendo mío.

El sacerdote ladea la cabeza.

—Veremos cuánto dura.

Las oraciones cambian.

Ya no pronuncian frases.

Solo una palabra.

—Amosfe.

La presión cae sobre la calle.

Las ventanas de la escuela vibran.

El asfalto se agrieta alrededor de los cultistas.

Algo responde desde debajo del edificio.

No una entidad exterior.

El cortafuegos del sistema no reacciona.

Esto fue preparado por humanos.

Un ritual.

Una herramienta.

Quizá una reliquia.

Hejin gira bruscamente.

—La fuente está dentro del gimnasio.

Jang activa un transmisor de emergencia físico.

No depende de la red.

Una bengala roja asciende sobre los edificios.

Los agentes externos la verán.

—¿Cuánto tardarán? —pregunta Mujin.

—Dos minutos.

Myeongjin ríe.

—El ritual necesita cuarenta segundos.

Seolhwa desaparece.

No utiliza una habilidad de desplazamiento.

Simplemente avanza con toda su Destreza.

Una cultista atraviesa su propio brazo con el cuchillo.

La herida aparece sobre tres civiles.

Seolhwa cambia el golpe en el último instante.

En lugar de atacar el cuerpo, patea el suelo.

El asfalto explota frente a la mujer.

La onda la arroja hacia atrás sin que el impacto principal la toque.

Los otros cultistas retroceden.

Los civiles conectados tropiezan, pero no sufren la herida que habría provocado un ataque directo.

—No tengo que tocarlos —dice Seolhwa.

Myeongjin deja de sonreír por un instante.

Solo un instante.

—Treinta y dos segundos —dice Hejin.

El tiempo no aparece en una ventana.

Lo calcula ella.

—Doyun —murmura Eunbyeol.

Su libro se abre.

[Asamblea de nombres — SSS.]

La luz intenta extenderse.

No alcanza a los cultistas.

Busca a nuestros aliados.

Uno por uno, los nombres se conectan.

Kim Cheonro.

Kang Mujin.

Han Jiwon.

Kim Eunbyeol.

Lee Hejin.

Seolhwa.

Seo Doyun.

Kwon Taesung.

Jang Seongho no es reconocido como integrante de combate, pero acepta el vínculo auxiliar.

Eunji también.

Durante sesenta segundos compartimos alertas.

No pensamientos.

No recuerdos.

Solo posiciones.

Amenazas.

Órdenes de una palabra.

La señal de Doyun aparece sobre el techo de la escuela.

Después tres marcas rojas surgen dentro del edificio.

No una.

Tres.

ANCLAS.

Hejin comprende.

—El ritual está dividido.

Doyun dispara.

La primera flecha atraviesa una ventana del segundo piso.

No veo el objetivo.

Siento el impacto mediante el vínculo.

[Flecha de la séptima estaca.]

Una corriente se rompe.

Los cultistas pierden el ritmo.

Cha Myeongjin gira hacia la escuela.

—Uno —dice Doyun a través del vínculo.

La voz no suena en mis oídos.

Aparece directamente como una alerta.

La segunda flecha golpea el subsuelo.

No sé desde dónde consiguió el ángulo.

Quizá atravesó una rejilla.

Quizá utilizó Corrección triple.

La segunda corriente se quiebra.

—Dos.

La marca de Eunji retrocede.

Solo un poco.

El sacerdote alza el cuchillo.

—Terminen con los testigos.

Los cultistas se cortan.

Quince hojas descienden.

Mujin activa su habilidad.

[Muralla de los sesenta y cuatro — SSS.]

Una barrera oscura cubre la calle.

No protege solo a quienes se encuentran detrás del escudo.

La Asamblea de nombres le entrega las posiciones de los civiles conectados.

Mujin vincula a todos los que puede reconocer.

Veinticuatro.

Cuarenta y uno.

Cincuenta y siete.

Sesenta y cuatro.

El límite.

La primera ola de daño se desvía.

Las heridas destinadas a sesenta y cuatro civiles golpean la barrera.

Una grieta aparece sobre el escudo.

Mujin gruñe.

—Hay más.

La sangre aparece sobre otras personas.

Jiwon no puede apartarse de Eunji.

Hejin continúa analizando.

Seolhwa atraviesa la formación de cultistas sin golpearlos directamente. Derriba rodillas con ondas de impacto. Rompe el suelo. Lanza cuerpos contra objetos blandos.

No alcanza.

Son demasiados.

Activo la vaina.

Mantengo la espada envainada.

Uno.

Dos.

Tres segundos.

[Memoria muscular sellada.]

[El siguiente estilo se activará un 25 % más rápido.]

[Consumo de Magia reducido.]

No necesito matar a los miembros del culto.

Necesito separar su daño de los civiles.

Hejin marca la red principal.

No es una línea.

Es una telaraña.

Cientos de filamentos salen de los cuerpos y se entierran en la multitud.

Un corte amplio podría alcanzar a todos.

Un corte preciso necesitaría tiempo.

Tiempo que no tenemos.

—Veintidós segundos —dice Hejin.

—¿Podés suspenderla?

—Necesito identificar la contradicción.

—Comparten daño con personas que no aceptaron.

—Eso no contradice la habilidad.

—Entonces ¿qué?

Hejin observa los circuitos.

Sus ojos se mueven de una red a otra.

—El sacerdote controla la selección.

Cha Myeongjin escucha.

La sonrisa regresa.

Hejin continúa:

—Pero también está conectado como receptor.

El rostro del sacerdote cambia.

—No puede ser emisor y objetivo central sin crear un retorno.

Uno de los anillos se detiene.

[Contradicción identificada.]

Hejin apunta el báculo.

[Objeción técnica — SSS.]

La red se apaga.

Cinco segundos.

No más.

Pero son suficientes.

—Ahora —ordena Eunbyeol.

Seolhwa golpea.

No a los cultistas.

A los cuchillos.

Su martillo no está con ella, pero utiliza la mano abierta. El aire estalla y las armas salen despedidas.

Doyun dispara desde el techo.

Tres flechas acolchadas con Magia de impacto golpean muñecas y hombros.

Kwon reaparece detrás de Myeongjin.

Las Dagas del yo dividido cruzan su cuello.

No cortan.

Se detienen sobre la piel.

—Quince personas —susurra Kwon—. Solo tenías que vigilar quince personas.

Myeongjin intenta moverse.

Kwon realiza el segundo corte.

[Corte cruzado.]

[Habilidades de desplazamiento bloqueadas.]

La sombra bajo los pies del sacerdote se rompe.

No puede escapar.

Yo desenvaino.

La red está suspendida, pero volverá en menos de cuatro segundos.

Hejin marca el centro.

Un filamento negro detrás del corazón de Myeongjin.

No es parte de la habilidad compartida.

Es un contrato.

El mismo tipo de estructura que vi dentro de la rama del culto.

Si intentamos capturarlo, probablemente lo matará.

Tres segundos.

Adopto la postura.

[Quinto estilo.]

[Absoluto — SSS.]

No apunto al cuerpo.

No apunto al corazón.

Corto la conexión.

La vaina acelera la ejecución.

La espada atraviesa el aire antes de que el contrato pueda reaccionar.

El filamento se divide.

Myeongjin abre los ojos.

Por primera vez siente miedo.

[Contrato de silencio destruido.]

La red compartida regresa.

Pero ya no tiene cuchillos que distribuir.

Los cultistas intentan recuperar sus armas.

Seolhwa derriba a tres con una onda.

Kwon desarma a otros dos.

Doyun fija mangas, pantalones y abrigos contra paredes y vehículos.

Mujin expande la zona defensiva.

Jang y sus agentes avanzan detrás.

El sacerdote intenta pronunciar una orden.

Kwon golpea su mandíbula con la empuñadura.

—No.

Myeongjin cae sobre una rodilla.

—Quince segundos —dice Hejin.

El ritual sigue activo.

No dependía únicamente de ellos.

La tercera ancla permanece dentro del gimnasio.

Doyun no tiene trayectoria.

Una pared reforzada bloquea el disparo.

—Voy —digo.

—La distancia es de ciento doce metros —responde Hejin.

—La puerta está bloqueada.

Miro la entrada.

Docenas de civiles continúan saliendo sin vernos.

No puedo atravesarlos a toda velocidad.

Eunbyeol abre el libro.

—Cheonro.

Entiendo.

Busca un segundo objetivo.

Jang se encuentra dentro del gimnasio mediante el vínculo auxiliar.

No.

No es Jang.

Una marca aparece cerca de la tercera ancla.

Hejin dejó un pequeño objeto sobre la mesa del equipo de sonido durante el acto.

Uno de sus anillos de análisis.

Eunbyeol no puede intercambiarme con un objeto.

Pero puede hacerlo con una persona.

Doyun dejó de estar sobre el techo.

Ahora se encuentra dentro del gimnasio.

No sé cómo llegó.

Probablemente descendió por una ventana del tercer piso y cruzó las vigas.

—Acepto —dice.

Eunbyeol toca la página.

[Rotación de frente.]

El mundo cambia.

Aparezco sobre una viga metálica del gimnasio.

Doyun ocupa mi lugar en la calle.

Debajo de mí, el escenario del acto sigue decorado con flores de papel.

Las sillas permanecen desordenadas.

El puente de Eunji y el mío continúa sobre una mesa.

En el centro de la cancha hay un círculo negro.

Tres empleados de la escuela están arrodillados alrededor.

No llevan símbolos del culto.

Uno es el técnico de sonido.

Otra es una mujer de limpieza.

El tercero es un hombre con uniforme de mantenimiento.

Sus ojos están abiertos.

No parecen conscientes.

No son cultistas.

Son recipientes.

En el centro del círculo hay una caja de madera.

Pequeña.

Antigua.

Cubierta por marcas demoníacas.

La reconozco.

No el objeto exacto.

La escritura.

Avarn.

Un fragmento de uno de sus altares.

No debería estar aquí.

No debería haber sobrevivido.

[Objeto identificado.]

[Fragmento de altar corrompido.]

[Origen: Apóstol Avarn.]

[Estado: activación forzada.]

No aparece misión.

No hay recompensa.

Solo quedan once segundos.

Desciendo.

Uno de los recipientes se interpone.

No puedo cortarlo.

Golpeo el suelo con la funda de la espada y utilizo la fuerza para lanzarlo fuera del círculo.

La mujer intenta agarrar la caja.

La retiro mediante una patada suave en el antebrazo.

El técnico abre la boca.

La voz de Myeongjin sale desde él.

—Ya escuchó su nombre.

Ocho segundos.

La caja se abre.

Dentro no hay una reliquia.

Hay cabello.

Una pequeña trenza oscura atada con hilo rojo.

Eunji.

No sé cómo lo sé.

Lo sé.

La Magia de la niña permanece adherida.

Antigua.

Débil.

Conservada durante años.

El culto poseía una parte de ella desde antes de que llegara a nuestra casa.

Cinco segundos.

Levanto la espada.

No puedo utilizar Absoluto otra vez.

Nada exige una quietud mental que no poseo.

Utilizo Corte del comandante.

La hoja desciende.

La caja se parte.

La trenza no.

El altar intenta protegerla.

Una barrera negra se forma.

La Espada del bosque la muerde.

Las raíces espirituales se extienden por el filo.

El Lobo ruge.

COSA DE CACHORRA.

—Recuperala.

La barrera se quiebra.

Tomo la trenza antes de que caiga dentro del círculo.

La marca sobre Eunji desaparece mediante el vínculo.

El ritual se detiene.

Las letras negras se apagan.

La caja se convierte en polvo.

Los tres empleados caen inconscientes.

El gimnasio recupera el sonido de golpe.

Gritos.

Pasos.

Alarmas.

El aislamiento terminó.

En la calle, los civiles finalmente ven la escena.

Los vehículos dañados.

Los cultistas derribados.

Las armas.

La sangre sobre sus ropas.

El pánico empieza.

Jang grita órdenes.

Mujin utiliza el escudo para contener la multitud sin golpearla.

Eunbyeol mantiene el vínculo.

Seolhwa carga hacia un automóvil que intenta arrancar y lo detiene colocando ambas manos sobre el capó.

Jiwon continúa junto a Eunji.

Kwon permanece detrás de Myeongjin.

La última ventana de Hejin aparece.

[Silencio de los testigos cancelado.]

[Red de daño compartido cancelada.]

[Ritual de imposición nominal interrumpido.]

El sistema no concede nada.

La Tierra continúa siendo la Tierra.

Recojo a los tres empleados.

Los dejo fuera del círculo destruido.

Después observo la trenza dentro de mi mano.

Cabello de Eunji.

Cortado años atrás.

Conservado por el culto.

Una prueba de que no la encontraron recientemente.

La conocían desde antes.

Cuando regreso a la calle, los agentes ya están evacuando a los civiles.

Ambulancias atraviesan el perímetro.

Los cultistas permanecen inmovilizados.

Ninguno murió.

Dos están inconscientes.

Tres sufrieron fracturas.

El resto observa a Eunji.

Incluso esposados.

Incluso rodeados.

Continúan sonriendo.

Seolhwa se coloca delante de ellos.

La sonrisa desaparece de varios.

Jiwon revisa la mano de Eunji.

La marca se fue.

Solo queda una irritación leve sobre la piel.

Eunji mira la trenza que sostengo.

Toca su propio cabello.

—¿Es mío?

—Sí.

—¿Cuándo me lo cortaron?

—No lo sé.

Eunbyeol se arrodilla junto a ella.

—¿Recordás a alguien haciéndolo?

Eunji piensa.

Niega.

—Siempre tuve el pelo corto antes.

Jiwon y Eunbyeol intercambian una mirada.

No delante de ella.

Pero la veo.

Kwon empuja a Myeongjin hacia nosotros.

El sacerdote tiene las manos esposadas mediante sellos físicos y mágicos.

—Intentó activar tres habilidades de escape —dice Kwon—. Ninguna funcionó.

Myeongjin mira la trenza.

Después a mí.

—Debería agradecerme.

Seolhwa avanza.

Jang la detiene con el brazo.

No porque pueda contenerla.

Porque ella decide detenerse.

—Explíquese —ordena Jang.

—La recuperaron antes que nosotros.

Myeongjin mira a Eunji.

—La apartaron del altar.

Eunji se esconde detrás de mí.

El sacerdote parece disfrutarlo.

—Amosfe no olvida aquello que le fue prometido.

Jiwon activa los guantes.

—Está mintiendo.

—¿Puede detectarlo?

—No.

Lo mira con desprecio.

—Pero quiere asustarla.

Myeongjin ríe.

—No vine a asustarla.

—Vine a recordarle que sobrevivió.

—¿A qué? —pregunto.

Su sonrisa disminuye.

—Pregúntele a la persona que la sacó de allí.

—¿Quién?

No responde.

Kwon presiona una daga contra su espalda.

—El contrato ya no puede matarte.

—Lo sé.

—Entonces hablá.

Myeongjin observa a Jang.

No a mí.

A Jang.

—El expediente sigue dentro de su gobierno.

Jang no cambia de expresión.

—¿Qué expediente?

—El primero.

—No existe ningún registro de Eunji anterior a su ingreso al sistema de protección.

—Exactamente.

El sacerdote inclina la cabeza.

—Alguien se aseguró de que solo quedara el segundo.

Jang se acerca.

—Nombre.

—No lo conozco.

—Departamento.

—No lo sé.

—Entonces no tiene información.

—Tengo un número.

Jang espera.

Myeongjin sonríe otra vez.

—Cero.

Hejin se acerca.

—Eso no es un número de expediente.

—No.

El sacerdote mira hacia la escuela.

—Es una categoría.

Por primera vez, Jang pierde el control de su expresión.

Solo durante un instante.

Pero lo veo.

—¿Qué significa categoría cero? —pregunto.

Jang tarda demasiado en responder.

—No lo sé.

Miente.

No bien.

No lo suficiente.

Myeongjin empieza a reír.

Seolhwa lo golpea.

No con toda su fuerza.

Lo suficiente para dejarlo inconsciente.

Jang no la reprende.

Eunji sigue sosteniendo mi saco.

Miro a Jang.

—Vamos a hablar.

—Sí.

—Ahora.

Jang observa a los civiles.

Los agentes.

La escuela.

Las cámaras que ya empiezan a llegar.

Después a Eunji.

—No delante de ella.

—Delante de mí —dice Eunji.

Todos guardamos silencio.

La niña levanta la mirada.

—Están hablando de mí.

Jang se quita los anteojos.

Pasa una mano sobre el rostro.

Ya no parece secretario.

Ni funcionario.

Solo un hombre cansado que sabe algo que no quiere decir.

—Categoría cero —explica— era una clasificación utilizada antes de la aparición pública de la Torre.

—¿Antes? —pregunta Eunbyeol.

—Años antes.

Hejin aprieta el báculo.

—¿El gobierno conocía el sistema?

—No.

—Entonces ¿qué clasificaban?

Jang mira la trenza.

—Niños.

Eunji deja de respirar por un instante.

—¿Qué clase de niños? —pregunto.

Jang vuelve a colocarse los anteojos.

—Los que sobrevivían a lugares donde no debería haber sobrevivido nadie.

La calle continúa llena de sirenas.

El acto escolar terminó hace menos de una hora.

El diploma de Eunji permanece dentro de su mochila.

La fotografía con sus dedos detrás de mi cabeza sigue guardada allí.

Todo lo normal que ocurrió durante la mañana queda separado de este momento por una distancia imposible.

Eunji aprieta mi mano.

—¿Yo estaba en uno de esos lugares?

Jang observa la trenza.

—Sí.

—¿Dónde?

—No tengo acceso al expediente.

—Pero sabés que existe.

—Sé que existió.

—¿Quién lo borró?

Jang mira al cultista inconsciente.

Después hacia los edificios del gobierno, invisibles desde esta calle.

—Eso es lo que vamos a averiguar.

El Lobo gruñe dentro de la espada.

Enemigos cerca.

Miro alrededor.

Los cultistas fueron capturados.

El ritual terminó.

La calle vuelve a producir ruido.

Pero el Lobo no habla de ellos.

Cerca de casa.

Ajusto la mano alrededor de la trenza de Eunji.

La amenaza no comenzó hoy.

No comenzó con el culto apareciendo frente a la escuela.

Alguien conocía a Eunji antes de la Torre.

Alguien la encontró antes que nosotros.


#novelas #fantasias

Thoughts

  • relatoBreve

    Kwon apareciendo detrás del cura con lo de las quince personas, che. Pasó del diario al revés a esto en un capítulo y yo con la boca abierta.

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  • Ovid

    Que el Lobo gruña enemigos cerca de casa cuando el ritual ya terminó me hace pensar en que lo peor de esta parte todavía no salió de la escuela. Apuesto a que la persona que sacó a Eunji de aquel lugar la conocemos desde hace muchos capítulos, y que por eso Jang tarda tanto en contestar. Gracias por seguir con esto @NicolasPeanl!

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  • versoenservilleta

    Eunji diciendo que su nombre sigue siendo suyo, con la voz pequeña pero sin temblar, me dejó quieta un buen rato. Todo el capítulo es una pelea por quién nombra a quién: el culto rezando títulos, la marca tachando el diploma, la Asamblea uniendo al grupo nombre por nombre.

    Y la foto con sus dedos detrás de la cabeza de Cheonro sigue en la mochila. Apuesto a que esa trenza va a pesar más que cualquier expediente.

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